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sábado, 24 de enero de 2026


 

HORA SANTA

PASOS PARA ALCANZAR LA PROSPERIDAD # 6

 

Muy buenas tardes, hoy como cada semana nos reunimos ante Jesús Eucaristía para adorarlo, glorificarlo, decirle que lo amamos y también para poner en sus manos toda nuestra vida, especialmente ese aspecto, esa situación que nos está perturbando.

 

Recuerdo que cuando empecé a venir a la Iglesia, lo hacía solamente por venir a buscar a una muchacha que enamoraba, pero los planes de Dios eran otros, terminé enamorándome de Él, y recuerdo que siempre que me sentía triste, me sentía mal, siempre, siempre venía a esta Capilla, no importaba la hora, yo venía y aquí, delante de Él algo pasaba, algo sucedía en mi interior, después de estar aquí por un rato, me sentía bien, sentía que podía todavía seguir luchando, comprendí que en Su Presencia hay consuelo.

 

Canto: En Su Presencia

 

Señor, qué bello es estar en tu Presencia, sentir tu Amor, tu Consuelo, eres nuestra Fortaleza, nuestro Refugio, ponemos en tus manos todas nuestras necesidades, todas nuestras penas y enfermedades. Derrama tu Sangre Preciosa sobre nosotros y bendícenos.

 

Dios creó al hombre para que se relacionara con los demás, pero desafortunadamente vivimos en un mundo donde el egoísmo gana terreno día a día. Cada uno piensa en sí mismo sin tener en cuenta al prójimo y muchas veces causamos daño a los demás con tal de alcanzar lo que queremos, esto ha llevado a detener el progreso no sólo personal, sino que esta afectando la sociedad.

 

Nos hemos vuelto insensibles al dolor ajeno hasta tal punto que se ha perdido el amor, desencadenándose la guerra de tal forma que esto ha afectado nuestra economía. Estamos viviendo estas circunstancias de tal manera que el dolor, la angustia están afectando el interior del hombre porque los corazones han perdido la paz.

 

Dice la Escritura: “Sabemos que somos de Dios y que el mundo entero está bajo el poder del maligno. Sabemos también que el Hijo de Dios ha venido y nos ha dado discernimiento para conocer al Dios verdadero” 1 Juan 5,19-20. Así es, Dios nos ha dado el discernimiento para conocerle y saber distinguir entre lo correcto y lo incorrecto, por eso debemos inquietarnos, cambiar nuestro corazón para empezar a darnos a los demás y así Dios mantendrá la bendición sobre nuestra casa y el mal se apartará de ella. Por esa razón en nuestro camino hacia la prosperidad tenemos este paso, EL DESPRENDIMIENTO, debemos limpiar nuestro corazón de toda basura que haya en él, odio, temores, angustia, tristeza y eso, solamente Jesucristo puede hacerlo. Es preciso que dejemos que el Señor limpie, renueve nuestro corazón y saque de él toda avaricia, pereza, todo eso que nos impide compartir nuestros bienes, ya sean materiales o espirituales, con los demás.

 

Cierra tus ojos, abre tu corazón y pídele al Señor Jesús que renueve tu corazón, tu interior, que te enseñe a ser generoso, a no pensar: “si apenas tengo para mí, cómo voy a compartir”.

 

Canto: Renuévame

 

Señor Jesús, hoy te pedimos que pases tu mirada sobre nuestro corazón y lo renueves; quita toda la basura que hay dentro de él, odios, resentimientos, venganza, amargura, egoísmo. Te pedimos Señor, que nos des la gracia de darnos a los demás sin prejuicios, porque dando es como se recibe y así llego a la prosperidad. Bendícenos Señor, bendito seas, gloria a tu Santo Nombre.

 

El valor del desprendimiento consiste en saber utilizar correctamente nuestros bienes y recursos evitando apegarse a ellos y, si es necesario, para ponerlos al servicio de los demás.


El desprendimiento como valor se origina al reconocer que todos tenemos necesidades y en algunos casos encontramos personas con carencias. En cualquier situación debemos superar nuestro egoísmo e indiferencia para colaborar en el bienestar de los demás, no importa si es mucho o poco lo que hacemos y aportamos, lo importante es tener la conciencia de ofrecer algo, de aportar. En la generosidad que requiere el desprendimiento no cabe el ofrecer algo que nos sobra.


El valor del desprendimiento tiene que ver con varios aspectos, entre ellos: la importancia que le damos a las cosas, el uso que hacemos de ellas y la intención que tenemos para ponerlas al servicio de los demás.


En ocasiones vivimos y trabajamos sin descanso para poseer aquello que tanto nos ilusiona (autos, joyas, ropa, aparatos, etc.) y nuestra vida se mueve a ese compás, sin embargo, si no tenemos cuidado puede llegar el momento en que a pesar de la insatisfacción que nos produce llenarnos de cosas, pretendemos que éstas llenen un vacío interior.


A veces en broma, pero muchas veces en serio hemos escuchado decir de alguien: “quiere más a su coche que a (...)”, “ni se te ocurra tocar sus (...) porque tendrás problemas”, “ni se lo pidas, jamás presta lo que tiene”, “todo su dinero lo ocupa para (...)”, etc., todas ellas reflejan a una persona con apego inmoderado por lo que tiene. Debemos recordar que, en el orden de los afectos, las personas y su bienestar ocupan el primer lugar antes que nuestra persona misma o lo que poseemos.


Existen personas que ponen el corazón en las cosas materiales. A veces por los recuerdos que evocan, pero en otras debido al valor económico que tienen o simplemente por el trabajo que supuso adquirirlos. A esta particular forma de afecto se le llama apego y de ninguna manera se relaciona con el hecho de cuidar las cosas y hacer buen uso de ellas.



Cuando nuestro aprecio es mayor por las cosas que por las personas, nos parece absurdo compartir lo que tenemos, o en su defecto lo hacemos a regañadientes. El desprendimiento supone un esfuerzo para superar ese sentimiento de posesión y exclusividad de lo que poseemos para ofrecerlo gustosamente a los demás.


No debemos confundir el desprendimiento con el hecho de deshacernos de todo aquello que no utilizamos, que es inservible o se ha convertido en un estorbo, esta actitud manifiesta poco respeto por la persona que lo recibe, independientemente de su condición y situación actual. Somos tan soberbios que consideramos un insulto recibir algo de segunda mano, ¿por qué los demás deben soportar lo que nosotros consideramos desprecio?


Puede parecer que este valor se enfoca únicamente a objetos, pero nuestros recursos van más allá de lo que se puede tocar, poseemos conocimientos, cualidades y habilidades que muchas veces nos cuesta trabajo poner a disposición de las personas, porque requiere prescindir de nuestro descanso, gustos, preferencias y comodidades para llevarse a efecto.


Nos sorprendemos con el médico que atiende enfermos sin cobrar honorarios; personas que pasan los días trabajando en obras de caridad; profesores que trabajan horas extras desinteresadamente; padres de familia que se niegan gustos y diversiones personales para pensando en su familia; lo más inaudito es que muchos de ellos no viven en una condición del todo desahogada. El verdadero desprendimiento no tiene medida, sin calcular cuánto es lo indispensable para cumplir, es una entrega generosa de todo, Sí, de todo lo que tenemos.


Para vivir el desprendimiento podemos:


Hacer una lista de las cosas que tenemos y determinar cuales realmente necesitamos y cuales son caprichos, vanidades, etc.


- Ayudar a una obra de caridad haciendo una aportación significativa, de acuerdo con nuestras posibilidades.


- Enseñar a otros algo que sepamos hacer bien (sin olvidar de enseñarles los “secretos” que pudieras atesorar sobre el tema)


- Regalar o donar un bien al que sintamos que nos hemos apegado.


- Procurar decir más veces “si” cuando nos pidan algo prestado sin poner pretextos.

El valor del desprendimiento ayudará a nuestra sociedad al convertirnos en personas más altruistas y generosas, brindará un mejor ambiente en nuestras relaciones con amigos y familiares y nos convertirá en personas que tienen el corazón puesto en el lugar correcto.

 

El desprendimiento nos ayuda a recibir las bendiciones de Dios en nuestra vida. Recordemos que la Escritura, especialmente en persona de Jesús, nos invita a hacer obras de misericordia con los demás, dice el Señor: Todo lo que hiciste por los pobres, conmigo lo hiciste. Y es que cuando nosotros damos, Dios nos regresa el ciento por uno.

 

Oración Final

Señor, ayúdame a comprender que todo lo que me regalas está hecho para que lo comparta. Tú quieres llenarme de cosas bellas para que de esta manera pueda ser como un cántaro que sacie la sed de los demás.

 

Me has elegido para que comunique un poco de felicidad a mis hermanos. Pero muchas veces me cuesta compartir mis cosas y brindar mi tiempo a los demás. Te pido humildemente que puedas abrir mi corazón egoísta cuando veas que me está faltando el amor, Te pido Espíritu Santo que pueda encontrar el Gozo en mi vida dándome a los demás.

 

Ayúdame también a lograr un corazón generoso, no permitas que me prive de esa alegría. No permitas que me quede encerrado sólo en mis propias preocupaciones y problemas, ayúdame a descubrir a Jesús en cada hermano que esté a mi alrededor. Ven Espíritu Santo. Amén.

 

Padre Nuestro.

Ave María.

Gloria.

 

 

El corazón en el Señor

La Iglesia nos hace muchas llamadas para que nos soltemos de las cosas de esta tierra, y llenar así de Dios nuestro corazón. En una lectura de la Misa nos dice el profeta Jeremías: Bendito quien confía en el Señor, y pone en Él su confianza: Será un árbol plantado junto al agua, que junto a la corriente echa raíces; cuando llegue el estío no lo sentirá, su hoja estará verde, en el año de sequía no se inquieta, no deja de dar fruto. El Señor cuida del alma que tiene puesto en Él su corazón.

Quien pone su confianza en las cosas de la tierra, apartando su corazón del Señor, está condenado a la esterilidad y a la ineficacia para aquello que realmente importa: será como un cardo en la estepa, no verá llegar el bien; habitará en la aridez del desierto, tierra salobre e inhóspita.

Los bienes materiales son medios buenos               

El Señor desea que nos ocupemos de las cosas de la tierra, y las amemos correctamente: Poseed y dominad la tierra. Pero una persona que ame «desordenadamente» las cosas de la tierra no dejan lugar en su alma para el amor a Dios. Son incompatibles el «apegamiento» a los bienes y querer al Señor: no podéis servir a Dios y a las riquezas. Las cosas pueden convertirse en una atadura que impida alcanzar a Cristo. Y si no llegamos hasta Él, ¿para qué sirve nuestra vida? «Para llegar a Dios, Cristo es el camino; pero Cristo está en la Cruz, y para subir a la Cruz hay que tener el corazón libre, desasido de las cosas de la tierra» [Beato Josemaría Escrivá].

 El nos dio ejemplo: pasó por los bienes de esta tierra con perfecto señorío y con la más plena libertad. Siendo rico, por nosotros se hizo pobre. Para seguirle, nos dejó a todos una condición indispensable: cualquiera de vosotros que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo. Esta condición es también imprescindible para quienes le quieran seguir en medio del mundo. Este no renunciar a los bienes llenó de tristeza al joven rico, que tenía muchas posesiones y estaba muy apegado a ellas. ¡Cuánto perdió aquel día este hombre joven que tenía «cuatro cosas», que pronto se le escaparían de las manos!

La idolatría de las cosas           

Los bienes materiales son buenos, porque son de Dios. Son medios que Dios ha puesto a disposición del hombre desde su creación, para su desarrollo en la sociedad con los demás. Somos administradores de esos bienes durante un tiempo, por un plazo corto. Todo nos debe servir para amar a Dios –Creador y Padre– y a los demás. Si nos apegamos a las cosas que tenemos y no hacemos actos de desprendimiento efectivo, si los bienes no sirven para hacer el bien, si nos separan del Señor, entonces no son bienes, se convierten en males. Se excluye del reino de los cielos quien pone las riquezas como centro de su vida; idolatría llama San Pablo a la avaricia. Un ídolo ocupa entonces el lugar que sólo Dios debe ocupar.

        Se excluye de una verdadera vida interior, de un trato de amor con el Señor, aquel que no rompe las amarras, aunque sean finas, que atan de modo desordenado a las cosas, a las personas, a uno mismo. «Porque poco se me da –dice San Juan de la Cruz– que un ave esté asida a un hilo delgado en vez de a uno grueso, porque, aunque sea delgado, tan asida estará a él como al grueso, en tanto que no le quebrare para volar. Verdad es que el delgado es más fácil de quebrar; pero, por fácil que es, si no lo rompe, no volará».

        El desprendimiento aumenta nuestra capacidad de amar a Dios, a las personas y a todas las cosas nobles de este mundo.

Canto: Voy a prosperar

viernes, 17 de julio de 2015

JORNADAS EUCARISTICAS PARROQUIALES II

“Jesús me invita a vivir en comunidad”
(Contra la pérdida del sentido comunitario)

Demos gracias a Dios hermanos y hermanas porque nos reúne una vez más en torno a su presencia.

Vamos a disponernos física, mental y espiritualmente para estar con Jesús Sacramentado durante una hora; relajémonos, respiremos profundamente, tratemos de respirar la presencia de Dios, disfrutemos estar delante del Señor.

Canto: Dios está aquí


Dios esta aquí
tan cierto como el aire que respiro,
tan cierto como la mañana se levanta
tan cierto como yo te hablo y me puedes oír.

Dios esta aquí
tan cierto como el aire que respiro,
tan cierto como la mañana se levanta
tan cierto como yo te hablo y me puedes oír.

Lo puedes sentir en este mismo instante
lo puedes sentir muy cerca de tu corazón
te puede ayudar en ese problema que tienes
Jesús esta aquí si tú quieres lo puedes sentir.

Dios esta aquí
tan cierto como el aire que respiro,
tan cierto como la mañana se levanta
tan cierto como yo te hablo y me puedes oír,
tan cierto como yo te hablo y me puedes oír,
tan cierto como yo te hablo y me puedes oír.



Nuestro Encuentro con Cristo debe ser un proceso, no solamente personal, sino también comunitario, es decir, lo que vivo personalmente en mi interior, debo traducirlo en obras en mi comunidad, en la parroquia, pues estamos llamados a construir la comunidad.

Hemos sido creados para amar y ser amados, por lo tanto, hemos sido creados para vivir en comunidad no para vivir solos, mucho menos aislados; el Señor quiere, nos invita a que con nuestra entrega amorosa, transformemos nuestra comunidad ¿cómo hacerlo? Con nuestro testimonio, nuestra vida debe hablar del Señor, debe transmitir el amor de Dios a nuestros hermanos ¡esa es la transformación que el Señor quiere en nuestras comunidades eclesiales! Que los servidores, los parroquianos, todos los bautizados atraigamos a más y más hermanos a Él, con nuestro testimonio.

Es muy triste ver cómo el egoísmo divide y destruye nuestra comunidad. En el libro de Hechos de los apóstoles podemos leer cómo el pueblo se admiraba de la primera comunidad cristiana, al grado de exclamar “Miren cómo se aman”. El amor es una virtud indispensable en el cristiano, por consiguiente, nunca debe faltar en nuestra comunidad.

Preguntémonos hermanos y hermanas:
¿Cuál es mi actitud en la comunidad, en la parroquia?
¿Procuro la reconciliación y unidad entre los hermanos?
¿Soy causa de división?

Momento de silencio para la reflexión personal

En la primera comunidad cristiana todos veían por todos y se ayudaban mutuamente, ponían sus bienes al servicio de la comunidad (Cfr. Hechos 2,42-47). Urge hoy más que nunca recobrar el sentido comunitario dentro y fuera de la Iglesia. La indiferencia va ganando terreno, poco a poco nos preocupamos menos unos por otros, el egoísmo que tanto daño nos hace, crece y crece cada vez más en los corazones. Y si al egoísmo le sumamos la indiferencia que muchas veces tenemos ante las necesidades del hermano, la cosas se agravas todavía más.

Hoy el Señor nos invita  a abrir nuestro corazón a nuestros hermanos, a colaborar cada quien con su granito de arena en la construcción de nuestra comunidad, nos invita a poner nuestros dones al servicio de la comunidad, a que nos entreguemos generosamente para transformar nuestra comunidad, nos está pidiendo que nos pongamos las pilas, que asumamos de una vez por todas, el compromiso y seriedad que implican nuestra respuesta a su llamada; nos está diciendo el Señor, que ofrendemos nuestro tiempo, nuestra vida, ¡que seamos generosos! Y nos donemos plenamente a nuestros hermanos, por medio de nuestro servicio; nos está diciendo también, que es Él quien actúa, que debemos dejar que transforme nuestra vida, para poder nosotros transformar a los demás, a nuestra comunidad.

Canto: Cristo te necesita para amar


Cristo te necesita para amar, para amar,
Cristo te necesita para amar. (2)

NO TE IMPORTEN LAS RAZAS,
NI EL COLOR DE LA PIEL,
AMA A TODOS COMO HERMANOS
Y HAZ EL BIÉN. (2)

Al que sufre y al triste, dale amor, dale amor,
al humilde y al pobre, dale amor. (2)

Al que vive a tu lado, dale amor, dale amor,
al que viene de lejos, dale amor. (2)

Al que habla otra lengua, dale amor, dale amor,
al que piensa distinto, dale amor. (2)

Al amigo de siempre, dale amor, dale amor,
al que no te saluda, dale amor.



El barril de vino[1]
"Cierto día se organizó en el pueblo una gran fiesta. Todo estaba preparado para el gran evento. En la plaza del pueblo habían construido un gran barril para el vino. Se habían puesto todos de acuerdo en que cada uno iba a llevar una botella de vino para verterla en el gran barril, y así disponer de abundante bebida para la fiesta. Se acercaba la noche, y Juan, viendo que llegaba la hora de partir hacia la plaza, tomó su botella vacía para llenarla con vino de su barril. Pero de pronto lo asaltó un pensamiento: "Yo soy muy pobre, y para mí es un sacrificio muy grande comprar el poco vino que hay en mi casa. ¿Por qué tengo que llevar igual que todos los demás? Voy a hacer una cosa: llenaré mi botella con agua, y cuando llegue a la plaza la verteré en el barril, así todos verán que hago mi aporte, y no vaciaré mi barril de vino. De todos modos somos muchos, y mi poquitito de agua se mezclará con el vino de los demás y nadie notará la falta".

Así lo hizo. Llegada la noche, se acercó ante la vista de todos los vecinos y vació el contenido de su botella en el barril de la plaza. Nadie sospechó nada. Todo el resto del pueblo fue aportando su parte de vino en el gran barril.

Comenzó la fiesta, la música, la danza. Y cuando llegó la hora de servir el vino ¡oh sorpresa! Abrieron la canilla del barril y... ¡salió solamente agua cristalina! ¿Quién iba a pensar que a todos se les iba a ocurrir pensar lo mismo que Juan? Y todos los del pueblo, avergonzados, agacharon la cabeza y se retiraron a sus casas. Y la fiesta se terminó."

Desde el relato anterior podemos ver cómo el egoísmo, que reflexionábamos ayer, repercute de manera negativa en la comunidad, todos pensaron en su propio interés y no en el bien común.

Ejercicio en silencio
¿Alguna vez has vivido alguna experiencia parecida a la del relato?
¿Tú la causaste? ¿Otro la causó?
¿Qué enseñanza tomamos para nuestra familia y nuestra comunidad?
En la tarea misionera todos aportamos nuestro granito de arena y, por pequeño que parezca nuestro aporte, es importante. Todos tenemos un papel que jugar en la tarea evangelizadora, pequeño o grande, pero es nuestro, y nadie puede hacerlo por nosotros.

Les invito hermanos y hermanas a cerrar los ojos un instante, pidámosle a Dios que nos hable y nos muestre cuál es nuestra tarea específica en la comunidad, qué tenemos que hacer para ayudar a construir y fortalecer nuestra comunidad.

Canto: Hoy en oración


Hoy en oración quiero preguntar Señor
quiero escuchar tu voz, tus palabras con amor.
Ser como eres Tú servidor de los demás,
dime cómo en qué lugar te hago falta más.

DIME SEÑOR EN QUÉ TE PUEDO SERVIR
DÉJAME CONOCER TU VOLUNTAD
DIME SEÑOR EN TI YO QUIERO VIVIR
QUIERO DE TI APRENDER, SABER AMAR.
Hoy quiero seguir tu camino junto al mar
tu Palabra, tu verdad ser imagen de ti.
Ser como eres Tú servidor de los demás,
dime cómo en qué lugar te hago falta más.

DIME SEÑOR EN QUÉ TE PUEDO SERVIR
DÉJAME CONOCER TU VOLUNTAD
DIME SEÑOR EN TI YO QUIERO VIVIR
QUIERO DE TI APRENDER, SABER AMAR.



A veces en nuestro caminar, en nuestra convivencia comunitaria van surgiendo malos entendidos entre nosotros; a veces decimos cosas sin pensar y lastimamos a los demás o a la inversa, alguien dice algo y lo tomamos para nosotros y, muchas veces en vez de hablarlo tomamos una actitud de enojo, nos vamos alejando poco a poco y cuando nos damos cuenta, ya no participamos más que lo mínimo. Decíamos al principio que el amor es fundamental en la comunidad, por eso hermanos y hermanas debemos esforzarnos por practicar la corrección fraterna entre nosotros, debemos siempre buscar el diálogo para poder caminar juntos, para escucharnos y poder entendernos ¿Cómo entender a mi hermano si no lo escucho primero? Debemos esforzarnos por propiciar la armonía en la comunidad y nos los chismes y las divisiones.

En definitiva, la comunidad cristiana demuestra que ha renacido del Espíritu Santo cuando busca la armonía —no la división interna—; cuando busca la pobreza —no acumular riquezas para sí, porque las riquezas están para el servicio—, y cuando no se enfada ante las dificultades, ni se ofende, sino que es paciente como Jesús.

Nos vendrá bien pensar en nuestras comunidades —sean diocesanas, parroquiales, familiares o tantas otras—, y pedir la gracia de la armonía —que es más que unidad: la unidad armónica, la armonía como don del Espíritu—, pedir la gracia de la pobreza —no de la miseria, sino de la pobreza; ¿qué significa? Que si tengo lo que tengo, debo gestionarlo para el bien común y con generosidad—, y pedir la gracia de la paciencia. Que el Señor nos haga entender que no solo individualmente, en el Bautismo, recibimos la gracia de renacer en el Espíritu, sino también nuestras comunidades.[2]

Pidamos pues, que el Espíritu Santo venga y renueve nuestros corazones, y con ello nuestra comunidad. Mientras vamos cantando pensemos en esas situaciones específicas que nos están impidiendo crecer como comunidad y pongámoslas en las manos del Señor, para que con la fuerza del Espíritu Santo, sean transformadas en frutos de su gracia.

Canto: Espíritu Santo, ven, ven


ESPÍRITU SANTO, VEN, VEN,
ESPÍRITU SANTO, VEN, VEN,
ESPÍRITU SANTO, VEN, VEN,
EN EL NOMBRE DE JESÚS.
Acompáñame, condúceme,
toda mi vida.
Santifícame, transfórmame,
Espíritu Santo, ven, ven.
Resucítame, conviérteme,
todos los días.
Glorifícame, renuévame,
Espíritu Santo ven, ven.

Fortaléceme, consuélame,
en mis pesares. 
Resplandéceme, libérame,
Espíritu Santo, ven, ven.

Ilumíname, inspírame,
cuando decaiga.
Aniquílame, consúmeme,
Espíritu Santo, ven, ven.



Oración Comunitaria
Salmo 120 - EL GUARDIÁN DEL PUEBLO.



Coro 1
Levanto mis ojos a los montes:
¿de dónde me vendrá el auxilio?
El auxilio me viene del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.



Coro 2
No permitirá que resbale tu pie,
tu guardián no duerme;
no duerme ni reposa
el guardián de Israel.

Coro 1
El Señor te guarda a su sombra,
está a tu derecha;
de día el sol no te hará daño,
ni la luna de noche.

Coro 2
El Señor te guarda de todo mal,
él guarda tu alma;
el Señor guarda tus entradas y salidas,
ahora y por siempre.




Todos
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Para concluir mis queridos hermanos y hermanas, les invito a ponerse de pie y tomarse todos de las manos. Somos una familia, la gran familia de la parroquia N__________, el Señor nos llena de bendiciones a cada instante del día y nos regala sus dones, no para que los guardemos ¡sino para que los pongamos al servicio de los hermanos! Seamos dóciles y dejemos que su amor nos transforme, para que así, podamos nosotros a la vez, transformar con nuestro testimonio, nuestra comunidad. Pidámosle que dejemos atrás toda actitud individualista y que seamos como la primera comunidad cristiana, que todos se preocupaban por el bien común. ¡Demos gracias a Dios porque somos una comunidad! ¡Somos familia! ¡La familia de Dios! Y como familia, unidos en una sola voz digamos la oración que Jesucristo nos enseñó:
Padre nuestro…

Pidamos a nuestra Madre María, que interceda por nuestras necesidades: Dios te salve María…



[1] Anthony de Mello
[2] Homilía Papa Francisco 14/04/2015

jueves, 2 de julio de 2015

JORNADAS EUCARÍSTICAS PARROQUIALES

 “Jesús me invita a salir de mi egoísmo”

Bienvenidos hermanos y hermanas a la Casa del Señor.

Dispongámonos a estar con Jesús Eucaristía un momento, procuremos que sea un momento de Encuentro con el Maestro, tratemos de dejar nuestros pendientes en sus manos y concentrémonos en su presencia eucarística; sentémonos cómodos, si alguien desea cerrar los ojos para ayudar a la reflexión lo puede hacer, lo importante es propiciar el Encuentro con nuestro Dios.

Pidamos pues que el Señor llene este lugar con su Espíritu, que sea éste quien nos conduzca durante esta Hora Santa, que sea el Espíritu Santo quien actúe en nosotros y nos muestre todo aquello que nos impide entregarnos al Señor y a su servicio plenamente.

Canto: Sólo Tú eres Santo


Solo Tú eres Santo,
solo Tú eres digno,
Tú eres precioso
y maravilloso.

Derrama Tu Espíritu,
y que Tu luz brille,
que Tu gloria llene
ahora mismo este lugar. (2x)

Solo Tú eres Santo,
solo Tú eres digno,
Tú eres precioso
y maravilloso.

Derrama Tu Espíritu,
y que Tu luz brille,
que Tu gloria llene
ahora mismo este lugar. (2x)



El Señor nos ha convocado a su presencia; estaremos orando, adorando desde hoy y hasta el sábado, reflexionando delante de Él sobre nuestro caminar como Iglesia y nuestra respuesta a su llamada.

Todos nosotros hemos sido llamados por el Señor para servirle, ninguno de nosotros tiene mérito en eso; ha sido Él quien fijó su mirada en cada uno de nosotros, invitándonos a su servicio; lo que sí depende de nosotros es la respuesta que le damos al Señor.

Nos dice Jesús en la Escritura: “Si alguno quiere venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, cargue con su cruz, y me siga”. Mateo 16, 24

El Evangelio y en general la Escritura nos exhortan a la alegría y, asimismo, a aceptar el sufrimiento, la cruz, inseparable del seguimiento de Jesús. ¿Tengo experiencia de ambas realidades? ¿Sé armonizarlas en mi vida?

A nadie le gusta sufrir. Pero el sufrimiento viene sin que lo busquemos. Todos podemos hablar de nuestra cruz de cada día. También de la lucha por “detrás de Jesús” en medio de una sociedad que piensa y vive lo contrario.

En este Evangelio, Jesús nos animará a seguirlo, a poner nuestros pasos en sus huellas. Jesús nos invita a superar nuestro egoísmo, nos invita a decir NO al egoísmo, nos pide renunciar a nosotros mismos, a tomar nuestra cruz y a dar la vida por su reino. La recompensa será enorme. Jesús nos invita a servirle plenamente, nos pide entrega. Cuando hablamos de Entrega, estamos hablando de ofrenda, consagración, renuncia, confianza.

Pensemos un momento:
¿Cómo ha sido mi respuesta a Dios?
¿No me he integrado a ningún grupo apostólico? ¿Por qué?
Llevo años en el ministerio, en el apostolado
¿Estoy entregado, me he entregado al Señor?
¿He ofrendado, consagrado mi vida a Él?
¿He renunciado a mis egoísmos para servirle con mayor autenticidad?
¿Qué le falta a mi respuesta a la invitación del Señor a servirle?

Momento de silencio para la reflexión personal

En este momento te invito hermano, hermana a hacer un análisis personal, analiza, si realmente tu servicio denota una respuesta de confianza, de ofrenda, de entrega al Señor; pon en sus manos los egoísmos que te falta vencer, es un momento personal, de intimidad con Dios, tú y Él, no busques justificarte, Dios no necesita que lo hagas, Él nos conoce, preséntate pues ante Él y deja que su amor vaya tocando tu interior y que sea Él quien te muestre aquello en lo que tienes que trabajar más.

Canto: Renuévame


Renuévame señor Jesús
ya no quiero ser igual
renuévame Señor Jesús
pon en mi tu corazón.

Porque todo lo que hay dentro de mí
necesita ser cambiado Señor
porque todo lo que hay
dentro de mi corazón
necesita más de ti.
Renuévame señor Jesús
ya no quiero ser igual
renuévame Señor Jesús
pon en mi tu corazón.

Porque todo lo que hay dentro de mí
necesita ser cambiado Señor
porque todo lo que hay
dentro de mi corazón
necesita más de ti.



El egoísmo es la esencia del mal y es la mayor expresión de rebeldía contra Dios. Es una idea (mentira) que nos hace creer que tenemos derecho a hacer lo que se nos ocurra, aunque le causemos daños a otras personas o a nosotros mismos. El egoísmo es ese sentido de: “Tengo derecho a…”; o “me lo merezco”.

Cuando el egoísmo nos controla solamente pensamos en nosotros mismos, vivimos en el constante “yo, yo, yo”; estamos tan abstraídos en nosotros mismos y “nuestras necesidades” que no descubrimos que Dios puede obrar grandes maravillas, hacia nosotros y hacia quienes nos rodean, con tan sólo estar dispuestos a renunciar a nosotros mismos, a dejar que el amor de Dios actúe en nuestro interior y así, vencer nuestros egoísmos que tanto daño nos hacen y dañan.

El pescador y los cangrejos
Cierto día Juan acababa de pescar dos cangrejos, los cuales puso en un cubo. Un amigo suyo que lo acompañaba le preguntó:
-¿Cómo los dejas ahí tan tranquilo? ¿No temes que se escapen?
A lo que Juan respondió con serenidad:
- Hace mucho tiempo aprendí que cuando en un cubo hay al menos dos cangrejos, mientras uno intenta trepar al borde, el otro tira de él hacia abajo.

Reflexionemos ¿Qué enseñanza me deja este pequeño relato?

Cuando el egoísmo nos controla, vemos las cosas como los cangrejos, no podemos ver a alguien que sobresalga porque enseguida lo tiramos para abajo, y no nos damos cuenta de que si, tratamos de trabajar juntos podemos obtener mejores resultados.

Hoy Jesús nos invita a salir de nosotros mismos y mirar al hermano de al lado, fijarnos en sus necesidades, pero también nos invita a ser generosos en nuestra respuesta a su invitación.

La generosidad es una de las virtudes fundamentales del cristiano. La generosidad es la virtud que nos caracteriza en nuestra imitación de Cristo, en nuestro camino de identificación con Él. Esto es porque la generosidad no es simplemente una virtud que nace del corazón que quiere dar a los demás, sino la auténtica generosidad nace de un corazón que quiere amar a los demás. No puede haber generosidad sin amor, como tampoco puede haber amor sin generosidad. Es imposible deslindar, es imposible separar estas dos virtudes.

¿Qué amor puede existir en quien no quiera darse? ¿Y qué don auténtico puede existir sin amor? Esta unión, esta intimidad tan estrecha entre la generosidad y la misericordia, entre la generosidad y el amor, la vemos clarísimamente reflejada en el corazón de nuestro Señor, en el amor que Dios tiene para cada uno de nosotros, y en la forma en que Jesucristo se vuelca sobre cada una de nuestras vidas dándonos a cada uno todo lo que necesitamos, todo lo que nos es conveniente para nuestro crecimiento espiritual.

Este darse de Cristo lo hace nuestro Señor a costa de Él mismo. Como diría San Pablo: “Bien saben lo generoso que ha sido nuestro Señor Jesucristo, que siendo rico, se hizo pobre por ustedes, para que ustedes se hiciesen ricos con su pobreza”. Ésta es la clave verdadera del auténtico amor y de la auténtica generosidad: el hacerlo a costa de uno.[1]

Por tanto hermanos y hermanas, ser generoso es darse, donarse plenamente; quien es generoso no escatima ni regatea, ¡se da por entero! Jesús nos ha llamado, nos ha invitado a ser partícipes y colaboradores en la construcción del Reino aquí en la Tierra. Ya hemos respondido, pues ahora nos toca dar el siguiente paso, salir de nuestro egoísmo y ser generosos, compartir con nuestros hermanos los dones que el mismo Señor nos da, donar, desgastar nuestra vida en favor de nuestros hermanos, para ello es necesario que nuestro corazón esté lleno de Jesús, de su amor. Dejemos pues que el Señor toque nuestro corazón, lo limpie y lo purifique; pidamos que cambie nuestro corazón egoísta por un corazón generoso, dispuesto a darse a los demás.

Canto: Toma mi vida


Vengo,
A pedir, Señor y te ofrezco
Todo mi amor y mis defectos
Quiero que sepas quien soy.

Vengo
A orar ante Ti y a confesarte
Mis sufrimientos y mis penas
Quiero que sepas quien soy (2)
Toma mi vida
Cámbiala toda,
Mira que sufro al saber quién soy,
Quiero sentir la mirada de tus ojos
Que traiga la calma a mi corazón.

Perdóname Señor,
Perdona lo que soy



Ya para concluir este momento en presencia de Jesús Eucaristía, en silencio, pongamos a sus pies esas actitudes egoístas que nos impiden crecer como personas y como comunidad.

Oración Comunitaria
Cántico: EL PLAN DIVINO DE SALVACIÓN - Efesios 1, 3-10
Coro 1
Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

Coro 2
El nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el amor.

Coro 1
Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo, redunde en alabanza suya.

Coro 2
Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Coro 1
Éste es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la tierra.

Todos
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Concluimos con la oración que Jesucristo nos enseñó: Padre nuestro…
Y a nos encomendamos a nuestra Madre santísima: Dios te salve María…




[1] P. Cipriano Sánchez García

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