sábado, 24 de enero de 2026


 

Hora santa

PASO PAR ALCANZAR LA PROSPERIDAD # 4

 

Aquí estamos esta tarde, Señor, para tener un momento de intimidad contigo, hemos dejado varias cosas para que tu actúes en nosotros y en nuestra vida. Te pedimos perdón por todas las cosas que hemos dejado de hacer a favor de los demás esta semana y te pedimos Señor Jesús que derrames tu amor y bendiciones sobre.

 

Esta tarde reflexionáremos en nuestro cuarto paso en este caminar hacia la prosperidad.  Este paso es SABER ADMINISTRAR NUESTRAS VIDAS.

 

Los cristianos debemos aprender a administrar bien. En la Biblia hay muchos ejemplos de hombres bendecidos por Dios por ser buenos administradores. Algunos ejemplos son: Daniel, José, etc... Desafortunadamente la mayoría desconocemos el principio de la buena administración y por eso hemos fracasado muchas veces en lo que emprendemos. Algunos no calculan bien y se ilusionan en grandes negocios por que otros lo convencen de grandes ganancias. Otros han fracasado porque gastan más de lo que ganan, otros han sido victimas de engaño y no cuidan bien su dinero. Otros no cuidan bien su dinero por que confían demasiado en las personas. 

 

Algunos no piensan en el futuro y gastan el dinero en placeres, vicios, amigos, paseos etc.… el dinero si no es bien administrado le ocasiona el fracaso a la persona. Dice en Proverbios 16, 20 “al que bien administra, bien le va; ¡dichoso aquel que confía en el Señor¡”

 

Cuenta José que se dejo ilusionar por un préstamo que le iban a dar, confiado en esto sacó en renta un local para colocar su negocio con dinero prestado a interés, contrató un maestro para que le hiciera algunos arreglos a su casa para remodelarla y casi pierde su vivienda porque no le salio el préstamo que había solicitado, por lo tanto, quedó muy adeudado.

 

Un buen administrador lo calcula todo, va a lo seguro sin dejarse engañar ni ilusionarse hasta no ver la verdad, Lucas 14, 28-29 nos dice: “si alguno de ustedes quiere construir una torre, ¿acaso no se sienta primero a calcular los gastos, para ver si tiene con que terminarla? De otra manera, si pone los cimientos y después no puede terminarla, todos los que lo vean comenzaran a burlarse de él”. Antes de cualquier negocio lo primero que hay que hacer es planear para alcanzar el objetivo para así evitar el fracaso.

 

 Así que pongamos en manos de Dios todos nuestros proyectos, nuestros planes y negocios.

 

Un buen administrador elije un buen director que conozca que es lo que va hacer, para que el proyecto no se vaya al fracaso. El buen administrador nunca desfallece porque la inconstancia no le permite el progreso. 2 Corintios 8,11 dice: “ahora pues, dentro de sus posibilidades terminen lo que han comenzado con la misma buena disposición que mostraron al principio cuando decidieron hacerlo”. El buen administrador planea, organiza, controla, evalúa y tiene buena disposición para resolver los obstáculos. El buen administrador también se administra a si mismo porque de lo contrario nunca podrá progresar, será siempre un fracasado.

El éxito se debe a cuánta gente te sonríe, a cuánta gente amas y cuántos admiran tu sinceridad y la sencillez de tu espíritu. Se trata de si te recuerdan cuando te vas. Se refiere a cuánta gente ayudas, a cuánta evitas dañar y si guardas o no rencor en tu corazón. Se trata de que en tus triunfos estén incluidos tus sueños; de si tus logros no hieren a tus semejantes. Es acerca de tu inclusión con otros, no de tu control sobre los demás.

Es sobre si usaste tu cabeza tanto como tu corazón, si fuiste egoísta o generoso, si amaste a la naturaleza y a los niños y te preocupaste de los ancianos. Es acerca de tu bondad, tu deseo de servir, tu capacidad de escuchar y tu valor sobre la conducta. No es acerca de cuántos te siguen si no de cuántos realmente te aman. No es acerca de transmitir, si no cuántos te creen si eres feliz o finges estarlo. Se trata del equilibrio de la justicia que conduce al bien tener y al bien estar. Se trata de tu conciencia tranquila, tu dignidad invicta y tu deseo de ser más, no de tener más.

 

Oración

Señor Jesús, vengo a ponerme en tu presencia en este momento y a ofrecerte mi vida con todo lo que traigo en mi corazón. Mis angustias, mis tristezas, mi soledad y, sobre todo, Jesús, la preocupación que tengo por mi vida financiera.

Quiero pedir desde ya que derrames Tu Sangre sobre mí y sobre toda la realidad que envuelve mi vida financiera, y de la forma que afecta a mi familia, a mi trabajo y a las personas con las que me relaciono.

 

He vivido momentos de mucha aflicción, porque mi vida financiera está completamente desorganizada, hoy tengo muchas deudas y realmente ya no sé qué hacer. Tengo cuentas que pagar, alquiler atrasado, debo a otras personas, y esto está comprometiendo a mi familia y toda nuestra armonía familiar. Por esto hoy, en este momento, te suplico: ¡Derrama sobre todo eso, Jesús, Tu Sangre, para que, si hubiera algún tipo de problema espiritual ligado directamente a mi vida financiera, ¡sea cortado en el poder de Tu Sangre!

 

Tu palabra dice: “No se inquieten entonces, diciendo: “¿Qué comeremos, ¿qué beberemos, o con qué nos vestiremos?”. Busquen primero el Reino y su justicia, y todo lo demás se les dará por añadidura. No se inquieten por el día de mañana; el mañana se inquietará por sí mismo. A cada día le basta su aflicción” (Mt 6, 31-34)

 

Por eso, Jesús, si hasta hoy no viví de acuerdo con Tu voluntad, hoy quiero comprometerme a vivir de acuerdo con ella. Si hasta hoy te busqué sólo por lo que Tu podías darme, hoy Te busco porque entendí que necesito en todo de Tu presencia.

 

Señor Jesús, líbrame de todos los problemas que tengo en mi vida financiera. Pues creo en Tu Palabra, y creo que Tú me miras y también te preocupas por la realidad financiera que hoy vivo. Clamo el poder de Tu nombre, Jesús, sobre todo mi árbol genealógico, sobre todos mis antepasados. Si en mis antepasados hubo peleas por cuestiones financieras, robos o traiciones entre nuestra familia, y se lanzaron palabras de maldiciones, palabras dichas con odio, rabia, envidia, ¡corta todo eso en el poder de Tu nombre, Jesús! Que nada de eso tenga ya poder sobre mí o sobre mi vida financiera.

 

Si en mis antepasados hubo situaciones de personas apegadas al dinero, situaciones de asesinatos por causa del dinero, ambición, dinero de la familia gastado en cosas ilícitas, drogas, prostitución, sexo, adulterio, mentira… que en todo eso ahora, Jesús, te hagas presente y que Tu nombre lo cure y lo libere.

 

Si mis antepasados o yo mismo gastamos dinero en cosas equivocadas o para alimentar situaciones de pecado, hoy pido perdón, porque sé que el dinero malgastado se puede convertir en maldición para nosotros, por eso, líbranos.

 

Que Tu Sangre redentora también pueda ser derramada sobre mí y sobre mis antepasados si buscamos soluciones en las que Tú no estabas: si buscamos ayuda en hechizos, en el ocultismo, en la quiromancia, en la nigromancia; en todo eso, proclamo Tu poder y Tu liberación, Señor Jesús.

 

Si busqué ayuda financiera por medio de la brujería, si busqué magos, si hice trabajos contra otras personas, si mi casa fue usada para estos fines, mi trabajo, mi escritorio, ¡RENUNCIO a todo eso ahora, Jesús, por el poder de Tu Nombre! ¡Renuncio a todo eso!

 

¡Te pido perdón si yo o mis antepasados buscamos todas estas cosas, que no son de tu agrado!

¡Te pido perdón, Jesús, si dudé de que Tú cuidas de mí y de mi familia! ¡Perdóname si Te ofendí con malas palabras, si te culpé por esta dificultad financiera, perdón, Señor!

¡Perdóname si maldije mi vida financiera, diciendo que lo que gano es una miseria, que paso hambre, que mi salario es una “porquería”, que no da para nada!

¡Perdóname si maldije mi empleo, a mis jefes, si hablé mal de ellos deseándoles la miseria y el dolor!

 

Quiero también perdonar a aquellos que algún día fueron injustos conmigo, cuando atrasaron el pago de mi sueldo o cuando no me pagaron lo que me correspondía, los perdono ahora en tu Nombre, Jesús. ¡Doy mi perdón a cada uno de ellos! Y que, a partir de hoy, Señor Jesús, pueda coger los frutos de la liberación de todos los problemas y deudas en mi vida financiera.

 

Derrama tu Espíritu Santo sobre mí y ayuda a mis capacidades naturales, para que encuentre una forma de saldar mis deudas, porque sé que el dinero no cae del cielo. Capacita mis conocimientos, dame sabiduría, organización y capacidad de administrar estas deudas.

 

Te pido que abras las puertas de nuevas oportunidades de empleo, que las situaciones laborales y financieras vayan adelante por la fuerza de tu Nombre, Jesús. Que el Espíritu Santo me dé la tranquilidad y la calma necesarias en mi casa, con mis familiares, ¡y que el Espíritu Santo no permita la desesperación y la impaciencia!

 

¡Quiero proclamar que a partir de hoy soy una nueva persona, y que mi vida financiera se resolverá pronto, y que te buscaré con fidelidad de corazón!

Todo lo entrego en Tus manos, y por eso proclamo: ¡Confío y espero en Ti, Señor!

¡Amén!

 

Padre Nuestro.

Ave María.

Gloria.

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