Mostrando entradas con la etiqueta Hora Santa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Hora Santa. Mostrar todas las entradas

sábado, 24 de enero de 2026

 

HORA SANTA

PASOS PARA ALCANZAR LA PROSPERIDAD # 9

 

Buenas tardes, estamos en la Presencia del Señor, dispongámonos nuestro ser para este momento de intimidad con Dios, contemplemos su hermosura, adorémosle y comprobemos esta tarde cuánto nos ama el Señor al dejarnos envolver por su amor.

 

Canto: Al estar aquí

 

Queremos adorarte Señor, bendecirte, glorificarte; esta tarde ponemos en tus manos nuestras necesidades, todo lo que hemos vivido. Te amamos, te bendecimos, te glorificamos Señor, derrama sobre nosotros tus bendiciones.

 

En todo proceso de interiorización, de acercamiento, de búsqueda de Dios, es preciso SABER ENFRENTAR EL SUFRIMIENTO, esta es precisamente la reflexión de esta tarde. A veces no comprendemos muchas cosas que nos pasan y en lugar de tomar la situación con calma y sacarle provecho, nos dejamos derribar, perdemos las fuerzas y el entusiasmo por seguir luchando y se pierde el ánimo de vivir. Por eso es necesario en algunos momentos pasar dificultades puesto que ellas nos hacen más fuertes y nos acercan más a Dios y en toda dificultad es necesario saber que hay esperanza y que todo se puede solucionar con la ayuda de Dios, a eso nos exhorta Filipenses 4,13: “Todo lo puedo en Aquel que me conforta.”

 

Los grandes inventos y los grandes empresarios llegan al éxito después de uno o varios fracasos, entendamos por fracaso el sufrimiento, es en el momento más difícil que se tiene la oportunidad de llegar a grandes cosas, aunque no entendamos muchas veces por qué nos está pasando esto. Dios lo permite para nuestro propio bien, dice la Escritura: “Estoy convencido de que nada podrá separarnos del amor de Dios: ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni los poderes y fuerzas espirituales, ni lo presente, ni lo futuro, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra de las cosas creadas por Dios. ¡Nada podrá separarnos del amor que Dios nos ha mostrado en Cristo Jesús, Nuestro Señor!” Rom. 8,38.

 

Canto: Nada me podrá separar

 

¡No hay nada que pueda separarte del amor de Dios! Dios jamás retira su mirada protectora de ti, nunca te deja, siempre te acompaña, el sufrimiento, los fracasos, las pruebas, las tentaciones, son necesarios para que alcances tu madurez espiritual y con ello la prosperidad que tanto anhelas, por eso, si en tu vida hay sufrimiento, dolor, tristeza, en el Nombre del Señor te digo, ¡Alégrate, haz encontrado gracia ante los ojos de Dios!

 

Es Dios y solamente Dios quien puede ayudarnos a salir victoriosos en los momentos de crisis. Cuenta una historia que un campesino vivía muy feliz en un ranchito con toda su familia y su único sustento era Tomasita, una vaca lechera y con la venta de la leche de Tomasita trataba de sostenerse y sostener a su familia. El sabio del pueblo fue un día con su empleado y al verlos le preguntó al campesino de qué vivían y éste le respondió que con la leche que daba Tomasita, el sabio, preocupado por ese campesino y su familia llamó a su empleado y le dijo que hiciera rodar a Tomasita cuesta abajo. El empleado le dijo que era el único sustento de aquella familia, pero el sabio insistió que lo hiciera. Su empleado con mucho dolor obedeció al sabio y la vaca cayó al abismo y murió.

 

Pasaron los años y el empleado preocupado por el campesino regresó a visitarlo y cual sería su sorpresa cuando lo encontró todo cambiado, ya tenía una buena casa y vivía muy bien, entonces el empleado le preguntó: ¿Qué has hecho para progresar tanto? El campesino le dijo que Tomasita había muerto y que como era el único sustento que tenía, su tristeza fue muy grande, pero que no se dejó vencer y pensó en cómo encontrar una manera de sostenerse y empezó a criar cerdos y gallinas y toda su familia se dio cuenta que todos debían trabajar y así empezaron a cultivar la tierra. Aunque fue muy triste la muerte de Tomasita, esto sirvió para que se esforzaran más y ellos buscaran otra manera de salir adelante y debido a esta situación su vida cambió y pudo progresar.

 

Esta historia tiene como objetivo ayudarnos a entender que los fracasos, los sufrimientos, el dolor sirven para nuestro bien, si le hacemos frente a la adversidad y no nos desanimamos, dice la Escritura: “Dichoso el hombre que soporta la prueba con fortaleza, porque al salir aprobado recibirá como premio la vida, que es la corona que Dios ha prometido a los que le aman.” Santiago 1,12.

 

Es por eso que, si estas atravesando una situación difícil no debes renegar ni entristecerte, por lo contrario, debes dar gracias y alabar a Dios por todo; así nos parezca contradictorio, la única manera de alcanzar la victoria es confiando en Él. Alaba a Dios por todo, si estás sufriendo, si estás llorando, en la prueba alaba a Dios, pues Él escuchará tu alabanza.

 

Canto: Alaba a Dios

 

“Hermanos míos, ustedes deben tenerse por muy dichosos cuando se vean sometidos a pruebas de toda clase. Pues ya saben que cuando su fe es puesta a prueba, ustedes aprenden a soportar con fortaleza y sufrimiento. Pero procuren que esa fortaleza los lleve a la perfección, a la madurez plena, sin que les falte nada.” Santiago 1,2-4.

 

A nadie le gusta sufrir. Tampoco le "gustó" a Jesucristo, en el contexto del masoquismo. Sin embargo, lo abrazó por amor. En el Huerto de los Olivos exclamó: «Padre mío, si es posible, que pase de mí esta copa, pero no sea como yo quiero, sino como quieras tú.»  Mateo 26, 39.  He aquí el inestimable valor del sufrimiento: abrazarlo libremente por amor, en unión con Jesucristo; Sufrir para ser fiel al camino del amor. Hay muchas formas de sufrimiento que afectan al cuerpo. Sin embargo, los sufrimientos mayores son los del corazón: conflictos familiares, disgustos entre personas que se aman... Tarde o temprano todos sufrimos, todos tenemos así la oportunidad de ofrecernos a Dios en comunión con Cristo. Por eso los hermanos que están postrados por enfermedad pueden dar más fruto, salvar más almas y hacer más bien que muchos otros con numerosos apostolados activos, pero con menos amor.

Jesucristo sufrió hasta el extremo en la cruz por amor a nosotros. Esta es la clave: POR AMOR.  Todo, absolutamente todo, hemos de vivirlo, de abrazarlo por amor. Así nos redimió Jesús. Es cierto que cada palabra y acción de Jesús es parte de su obra salvadora. Pero fue especialmente por medio de sus sufrimientos en la Cruz que fuimos librados del pecado.

EL SUFRIMIENTO ES UNA OPORTUNIDAD PARA UNIRNOS A CRISTO y cooperar en la redención del mundo. De nada vale el sufrimiento por si mismo.  Lo que vale es la entrega amorosa que hacemos de él a Dios. Es por eso que el sufrimiento es una gran oportunidad y sería terrible desperdiciarla.

LA CRUZ, la señal del cristiano, es signo de nuestra entrega al sufrimiento por amor. Nos recuerda a Cristo, que se entregó por nuestra redención. Nosotros, siendo su Cuerpo, hemos de sufrir en unión a El, que es nuestra Cabeza. Hacemos la señal de la cruz para recordar este compromiso. Todo lo que hacemos debe ser "En el nombre del Padre, en el nombre del Hijo y en el nombre del Espíritu Santo" y todo por amor, abrazando nuestra cruz. 

EL SUFRIMIENTO TIENE UN GRAN VALOR CUANDO LO ABRAZAMOS POR AMOR. Ante el dolor podemos unirnos a la cruz de Cristo o reaccionar con rebelión y culpar a Dios. El sufrimiento tiene un gran valor: expía el mal, une al sacrificio de Jesucristo como expresión de amor y confianza en El y ofrece a Dios un sacrificio de alabanza.  El sufrimiento unido a los padecimientos de Cristo nos asemeja a El, que libremente abrazó la cruz por amor. Dice San Pablo:

Ahora me alegro por los padecimientos que soporto por vosotros, y completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo, en favor de su Cuerpo, que es la Iglesia. -Colosenses 1,24

Solo a la luz de la fe podemos confiar en Dios y crecer en medio de los sufrimientos.

Oración Final

Señor, dentro de mí

todo se rebela contra el sufrimiento,

necesito de tu gracia

para pronunciar las mismas palabras

que dijiste a tu Padre:

"Que se haga tu voluntad".

Ayúdame a aceptar mi enfermedad

y a creer que a pesar

de mi inactividad,

puedo ser útil a todos.

Hazme entender que mi dolor

unido a tu sacrificio en la Cruz

tiene un sentido y un significado

para toda la humanidad. Amén.

 

Padre Nuestro.

Ave María.

Gloria.

 

 

Canto: A ti Señor



 

HORA SANTA

PASOS PARA ALCANZAR LA PROSPERIDAD # 8

 

Buenas tardes. Jesús, Nuestro Señor, ha querido reunirnos esta tarde en su Presencia, pongamos en sus manos, a los pies del Maestro, nuestras necesidades con la confianza de que todo lo que pidamos en oración, creyendo, lo recibiremos.

 

Canto: Junto a tus pies

 

Aquí estamos Señor, junto a tus pies, queremos al igual que la mujer hemorroisa, tocar tu manto y sanar todas nuestras necesidades, nuestras enfermedades, nuestras penas. Señor te pedimos que derrames esta tarde tu Sangre Preciosa sobre nosotros, envía tu Espíritu Santo a invadir este lugar.

 

Hoy reflexionaremos nuestro octavo paso que es la GENEROSIDAD, dice la Escritura en Proverbios 11,24-25: “Hay gente desprendida que recibe más de lo que da, y gente tacaña que acaba en la pobreza. El que es generoso, prospera; el que da, también recibe.” El principio de dar es una ley espiritual que trae prosperidad.

 

En esta época nuestra, que exalta como valores supremos la comodidad, el éxito personal y la riqueza material, la generosidad parece ser lo único que verdaderamente vale la pena en esta vida.


El egocentrismo nos lleva a la infelicidad, aunque la sociedad actual nos quiera persuadir de lo contrario. Quienes realmente han hecho algo que ha valido la pena en la historia de la humanidad han sido los seres más generosos. Cuando la atención se vuelca hacia el "Yo", se acaba haciendo un doble daño: a los demás mientras se les pasa encima, y a uno mismo, porque a la postre se queda solo.


Pero ¿Qué es generosidad? ¿Es dar limosna a un niño de la calle? ¿Es invertir mi tiempo en obras de caridad? Si. Definitivamente eso es generosidad, pero también es generosidad escuchar al amigo en sus venturas y desventuras; generosidad también es llevarle un vaso de agua al hermano, hermana, padre, madre, esposo, esposa, hijo o hija. Generosidad es pensar y actuar hacia los demás, hacia fuera. No hacia adentro.

 

Si yo quiero recibir lo primero que tengo que hacer es dar. Si yo quiero cosechar un fruto primero tengo que sembrar la semilla. El dar es uno de los más grandes privilegios que nosotros como católicos disfrutamos pues realmente cuando nosotros somos generosos disfrutamos.

 

Muchas veces somos egoístas, no compartimos lo que tenemos, incluso somos egoístas hasta con lo que nos sobra. La reflexión de hoy es una invitación que el Señor nos hace, decíamos ser generosos es pensar y actuar hacia los demás, eso fue exactamente lo que hizo Dios cuando envió a aquel Ángel a María Santísima, pensó en los demás, en nosotros.

 

Nuestro egoísmo llega a ser tan grande que muchas veces somos egoístas hasta con Dios, no tenemos tiempo para Dios o le regateamos, voy a misa, pero me quito a la hora de la homilía hago mi visita al Santísimo de 5 minutos porque “siempre ando ocupado”.

 

Cuando hablamos de generosidad, entrega, darse por completo, no hay mejor ejemplo que Jesucristo en la cruz.

 

Este es el tipo de generosidad que el Señor nos esta pidiendo esta tarde, dejar de pensar por completo en nosotros mismos y pensar en los demás, sus necesidades, sus limitaciones.

 

Hace un tiempo hubo un grupo de muchachos que, tras muchos sacrificios suyos y de sus padres, lograron embarcarse hacia Europa para ir a Roma. Querían conocer la Ciudad Eterna, e iban con un grupo de adultos que hacían actividades con universitarios. El recorrido era agotador: una agenda muy apretada, ir corriendo de aquí para allá, muchas horas de autobús, unas caminatas interminables. Uno de los instructores había asistido porque quería conocer Roma a precio módico, pero el viaje comenzó a resultar insoportable. Cuando llegaron a Madrid, su alojamiento estaba a 45 minutos de la capital española. Cuando llegaron estaba lloviendo y el autobús no pudo pasar en un caminito, así que todos tuvieron que bajar porque el albergue se encontraba algunos kilómetros cuesta arriba. Hubo que bajar equipaje y cargarlo bajo la lluvia. Cuando llegaron a su destino, decidieron tomar un baño, y el agua estaba fría. Este era el comienzo de un viaje que duraría casi 3 semanas, y lo peor estaba aún por llegar. El instructor del que hablábamos quedó un día verdaderamente agotado, se la pasaba terriblemente, estaba exhausto y ya ni siquiera estaba disfrutando el viaje. Lo que quería era ir a casa.


Por otra parte, otro de los instructores sentía el mismo cansancio y para él las jornadas eran aún mas agotadoras, pues tenía veinte años más. Sin embargo, siempre estaba sonriente, siempre hacía que a los demás el viaje les pareciera apasionante. En medio del peor humor, soltaba un chiste y todos olvidaban las cosas difíciles. Este instructor aprovechaba cada oportunidad para hablar con cada uno de los chicos, les preguntaba qué hacían, se preocupaba por ellos. Y cuando no decía algún chiste, o se enteraba de los intereses de aquellos muchachos, los cuidaba silenciosamente, asegurándose de que el autobús no dejara a ninguno, viendo si estaban abrigados o regalándole a alguno de ellos un chocolate. Los dos instructores hicieron el mismo viaje. Uno lo pasó pésimo, el otro fue increíblemente feliz. ¿Cual fue la diferencia? La generosidad.


El instructor generoso no tenía ni siquiera tiempo de pensar en que la jornada era agotadora. Y a pesar de que sus pies le recordaban que el día había sido una larguísima caminata, el viaje estaba siendo de utilidad a los muchachos y para él esa era la mejor recompensa. Al preocuparse de los demás solucionaba dos problemas: los de los muchachos que necesitaban atención, y los suyos propios.

 

La generosidad es un concepto que poco a poco se ha ido perdiendo, porque en esta sociedad a veces creemos que cuando alguien nos da algo por nada, es que hay una intención detrás, pero todo lo bueno que hay en la vida de los humanos es fruto de la entrega generosa de alguien, y eso bueno se ha obtenido no a base de acumular bienes materiales ni mucho menos de arrebatarlos, sino a base de cariño a los demás y de olvido propio, a base de sacrificio. A pesar de todo, existen todavía hombres y mujeres dispuestos a ser generosos. Cuando se entrega lo que sólo uno puede dar y que no puede comprarse en ningún centro comercial, es cuando la verdad se ilumina y, sobre todo, entendemos y vivimos la generosidad en su más profundo sentido: la entrega de sí mismo.

 

Por eso pongamos nuestra vida en las manos del Señor para que Él disponga de ella según lo requiera.

 

Canto: Toma mi vida


A pesar de la gran desvalorización de la sociedad, hay que decir que muchos hombres y mujeres son ejemplos silenciosos de generosidad: la madre que hace de comer, se arregla, limpia la casa y además se da tiempo para ir a trabajar; el padre que duerme solo cinco o seis horas diarias para dar el sustento a sus hijos; la trabajadora doméstica que todos los días hace las mismas cosas pero que ya se siente de la familia; el estudiante que hace lo que debe obteniendo las mejores notas que puede; la chica generosa que ayuda a sus amigas cuando tienen problemas. Todos ellos son ejemplos que sin duda deberíamos seguir. Y estos actos de generosidad son de verdad heroicos. Siempre es más fácil hacer un acto grandioso por el cual nos admiren, que simplemente darnos a los demás sin obtener ningún crédito. Y es que todos tendemos a buscar el propio brillo, la propia satisfacción, el prevalecer sobre los demás y solemos evitar el dar nuestra luz a los demás. Es obligado pues, que, en nuestro primer encuentro con la generosidad, nos resulte este valor poco atractivo y quizá hasta incomprensible. Pero verdaderamente, la generosidad resuelve muchos problemas.


Dar sin esperar nada a cambio, entregar la vida, volcarse a los demás, ayudar a los que nos necesitan, dar consuelo a los que sufren, eso es generosidad. Y no es un valor pasado de moda. La generosidad es la puerta de la amistad, el cimiento del amor, la estrella de la sociedad. Y lo mejor de todo es que nosotros podemos ser generosos muy fácilmente. ¿Cómo?


- Sonriendo a los demás siempre.

- Ofreciendo nuestra ayuda.

- Poniéndonos en los zapatos del otro.

- Y por supuesto, ofrendándonos al Señor.


Teniendo un pequeño detalle con nuestra familia, tan simple como dejar que los demás elijan algo qué hacer: ir al cine, a una comida, o dejar que los demás escojan la película que se va a ver este fin de semana.


Pero no hay que ser tacaños con la generosidad ni comodones. Hay mucha gente que podría consolarse con nuestra ayuda si hacemos un esfuerzo superior. ¿Cada cuánto tiempo vamos a visitar enfermos a un hospital? ¿Por qué no visitar a enfermos terminales? Sí, es duro, sí a veces es deprimente, y por supuesto que es más divertido salir a pasear que ir a un hospital público a ver gente que muy pronto se va a morir. ¡Pues precisamente como nadie lo hace, es el momento de que alguien lo haga! Nadie nos va a dar un aplauso, o una medalla por hacerlo, pero vamos a volcarnos hacia los demás, el brillo no importa, lo que importa es que, a pesar de nuestros defectos y miserias, podemos hacer una diferencia en la vida de alguien.


Ser generosos, aunque hoy en día es inusual, no es difícil, también es parte de nuestra naturaleza. Entendamos que el Yo debe dejar un poco de lugar a los demás y entregar lo que uno tiene. En silencio, sin reflectores. Ahí, donde está la paz.

 

Por eso en este momento, antes de irnos a casa, pidamos al Señor que nos enseñe a ser generosos, que estemos siempre dispuestos a darnos a los demás.

 

Canto: Enséñame

 

Oración Final

Padre celestial, en tus manos está todo lo que tengo, enséñame a ser generoso, a dar con alegría al que necesita. Permíteme dar mi ofrenda y diezmo con amor y desprendimiento, pero, sobre todo, enséñame a darme sin reservas a mis hermanos. Sé que tu recompensa es grande, bendice mi vida. Amén.

 

Padre Nuestro.

Ave María.

Gloria.

 

HORA SANTA

PASOS PARA ALCANZAR LA PROSPERIDAD # 7

 

Estamos esta tarde delante de Señor, presentémosle nuestras necesidades, nuestras inquietudes, esas cosas o situaciones que no nos dejan tranquilos, que no nos dejan dormir, presentemos a Jesucristo, Nuestro Señor, todo eso que traemos esta tarde, nuestro cansancio, nuestra fatiga, nuestras alegrías, nuestras tristezas. Ahora que el día va cayendo, pidamos al Señor que nos llene de su amor y bondad.

 

Canto: Cuando el día va cayendo

 

Aquí estamos esta tarde Señor, después de una jornada más de trabajo en la oficina, en la casa, en el colegio; aquí estamos poniendo ante tu Presencia nuestras necesidades, nuestra fatiga, renueva nuestras fuerzas, perdona nuestras faltas y bendícenos Señor.

 

esta tarde vamos a reflexionar, en Presencia del Señor, en un momento de oración, nuestro séptimo paso, el cual es DAR EL DIEZMO. Debemos comprender lo maravilloso que es darle a Dios lo que le pertenece. La clave para la prosperidad está en aprender a darle a Dios lo que le corresponde como buenos administradores de Dios, recordemos que anteriormente decíamos que nosotros solamente somos administradores de los bienes que Dios nos ha dado. Dios no necesita materialmente de nada, lo que Dios quiere es probar nuestra fidelidad a Él. La Palabra de Dios es muy clara cuando nos dice: “La décima parte de los productos pertenecen al Señor y está consagrado a Él. Todo lo consagrado será una casa santísima dedicada al Señor.” Levítico, 27,30.

 

En Malaquías 3 el Señor habla de robar cuando dice: “¿Acaso un hombre puede robar a Dios? El mismo Señor lo afirma. Ustedes me han robado.” ¿Y todavía creemos que no le hemos robado? La misma Palabra nos exhorta que le hemos robado en el diezmo y las ofrendas, el mismo Señor dice en su Palabra: “Por eso voy a maldecirlos”. Cuántos hogares en lugar de estar bajo bendición prefieren vivir desprotegidos por no dar los diezmos que le corresponden. La promesa es que abrirá las ventanas de los cielos para vaciar sobre sus hogares las más ricas bendiciones y preservará su casa de la ruina, el mismo Dios promete que no dejará entrar al devorador a hacer daño alguno.

 

Pero, ante todo esto ¿Qué es el diezmo? Significa la décima parte de las ganancias. “Cada año, sin falta, deberán ustedes apartar la décima parte de todo el grano que cosechen” Deuteronomio 14,22.

 

Sin embargo, en nuestra Diócesis, el Señor Arzobispo ha decretado como diezmo dos días de haber al año, es decir, dos días de sueldo al año, que en realidad es algo muy por debajo de lo que nos dice el diezmo bíblico.

 

Todos los creyentes debemos dar el diezmo. Para romper las maldiciones de ruina la única manera es empezando a dar el diezmo. Haz la prueba y verás grandes resultados: “Traigan si diezmo al tesoro del templo, y así habrá alimentos en mi casa. Pónganme a prueba en esto, a ver si no les abro las puertas del cielo para vaciar sobre ustedes la más rica bendición. No dejaré que las plagas destruyan sus cosechas y sus viñedos. Malaquías 3,10-11. No presentemos excusas como éstas: “casi no me alcanza el dinero”, “no estoy de acuerdo porque los sacerdotes son unos ladrones”, “para mí es demasiado”, “no es obligatorio”, “no llevo la cuenta de mis entradas”, “tengo muchos gastos”. De ti depende tu prosperidad. Recordemos a aquel muchacho de la Escritura, solamente tenía cinco panes y dos peces, se los entregó al Señor, y éste los multiplicó.

Canto: Aquí hay un muchacho

 

Por supuesto el diezmo debe ser entregado a los sacerdotes. En el A. T. se habla del Rey Exequias, quien ordenó a la gente dar lo mejor de sus productos como diezmo y así no pasarían necesidades, “También ordenó a la gente que vivía en Jerusalén que entregaran a los sacerdotes y levitas la contribución que le correspondía para que pudieran dedicarse con todo empeño a cumplir la ley del Señor. Y cuando la orden se difundió, los israelitas dieron con gran generosidad lo mejor de su cosecha de trigo, vino, aceite, miel y toda clase de productos del campo. También llevaron la décima parte de todos sus productos, en gran cantidad.” 2Crónicas 31,4-5.

 

Y el Señor bendijo abundantemente a su pueblo: “Y el sumo sacerdote Azarías, les respondió: desde que empezaron a traer la contribución al templo del Señor, hemos tenido suficiente para comer y aún ha sobrado mucho; toda esta cantidad ha sobrado, porque el Señor ha bendecido a su pueblo” 2Crónicas 31,10.

 

Como decíamos hace un momento, de cada uno de nosotros depende nuestra prosperidad. Si no queremos llevar nuestro diezmo a la Iglesia, a los sacerdotes, los únicos que perdemos somos nosotros, porque, para empezar, ese dinero no se les queda a los sacerdotes, en segundo, si no damos nuestro diezmo, Dios no se vuelve pobre.

 

Pensemos que cuando damos nuestro diezmo no es que le estemos pagando a Dios, más bien le estamos siendo agradecidos por todo lo que nos ha dado, y eso hace que, Dios al ver nuestro corazón agradecido y generoso, nos llene de muchas más bendiciones.

 

Claro que no se trata de que: “Señor ya di mi diezmo, dame un auto último modelo”. Las bendiciones que Dios tiene para ti, no son precisamente monetarias. Puede ser que por entregar tu diezmo el Señor te sane de aquel dolor que padecías desde hace muchos años, te quite aquella enfermedad, o que aquella persona que tanto te preocupa, salga adelante; si nosotros damos nuestro diezmo Dios nos bendice.

 

Mucha gente que ataca a la Iglesia piensa o dice burlándose de los sacerdotes: ¿Entonces, si no pago mi diezmo, Dios no me bendice? No se trata de una condición, se trata de un enamoramiento, cuando amamos a una persona tratamos de darle todo y si esa persona nos corresponde ese amor le damos todavía más, así es Dios, nos da un poco primero, si nosotros somos agradecidos con Él, seguramente nos dará más y más y más.

 

Igual nos topamos con gente que dice: “gracias a mi trabajo”, “gracias a mi sueldo”, “gracias a mi donativo”, “gracias a mí”. Dios no quiere eso, lo que Dios nos pide con el diezmo es que reconozcamos que todo viene de su Divina Providencia, que nada es nuestro mérito.

 

Por eso en este momento pidamos al Señor que haga de nosotros una ofrenda de amor, que como decíamos la semana pasada, seamos desprendidos, especialmente con Él que tanto nos ama.

 

Canto: Haz de mí una ofrenda

Bendito Jesús, hoy me arrepiento de todos mis pecados que he cometido hasta hoy. Sé que soy pecador, líbrame de las deudas, de la ruina, de la escasez, del fracaso, de la miseria. Quiero romper, con el diezmo, la maldición de la ruina. Ayúdame a partir de hoy a diezmarte con amor, deseo honrarte con los diezmos, sabes que por desconocimiento de tu Palabra no había dado mis diezmos. Sé que tú mismo vas a sacar de mi casa al enemigo, trayendo la prosperidad y aplastando a todos los espíritus que impiden que tu bendición llegue sobre mis finanzas, con tu poder infinito corto todas las ataduras que oprimen mi economía. Amén

 

Padre Nuestro.

Ave María.

Gloria.

 

Para terminar es muy importante que nosotros sepamos que, ciertamente el diezmo es un mandato del Señor y se encuentra en la Biblia, pero también es cierto que el Señor no ha dado libertad. Por ejemplo, Caín y Abel, los dos daban su diezmo al Señor, solamente que uno daba lo que le sobraba, lo que no iba a comer, lo que ya estaba medio pasado; en cambio el otro, ofrecía lo mejor de lo mejor. De cada uno de nosotros depende el mucho o poco valor que tenga nuestro diezmo ante los ojos de Dios. 

Canto: Amarte solo a ti



 

HORA SANTA

PASOS PARA ALCANZAR LA PROSPERIDAD # 6

 

Muy buenas tardes, hoy como cada semana nos reunimos ante Jesús Eucaristía para adorarlo, glorificarlo, decirle que lo amamos y también para poner en sus manos toda nuestra vida, especialmente ese aspecto, esa situación que nos está perturbando.

 

Recuerdo que cuando empecé a venir a la Iglesia, lo hacía solamente por venir a buscar a una muchacha que enamoraba, pero los planes de Dios eran otros, terminé enamorándome de Él, y recuerdo que siempre que me sentía triste, me sentía mal, siempre, siempre venía a esta Capilla, no importaba la hora, yo venía y aquí, delante de Él algo pasaba, algo sucedía en mi interior, después de estar aquí por un rato, me sentía bien, sentía que podía todavía seguir luchando, comprendí que en Su Presencia hay consuelo.

 

Canto: En Su Presencia

 

Señor, qué bello es estar en tu Presencia, sentir tu Amor, tu Consuelo, eres nuestra Fortaleza, nuestro Refugio, ponemos en tus manos todas nuestras necesidades, todas nuestras penas y enfermedades. Derrama tu Sangre Preciosa sobre nosotros y bendícenos.

 

Dios creó al hombre para que se relacionara con los demás, pero desafortunadamente vivimos en un mundo donde el egoísmo gana terreno día a día. Cada uno piensa en sí mismo sin tener en cuenta al prójimo y muchas veces causamos daño a los demás con tal de alcanzar lo que queremos, esto ha llevado a detener el progreso no sólo personal, sino que esta afectando la sociedad.

 

Nos hemos vuelto insensibles al dolor ajeno hasta tal punto que se ha perdido el amor, desencadenándose la guerra de tal forma que esto ha afectado nuestra economía. Estamos viviendo estas circunstancias de tal manera que el dolor, la angustia están afectando el interior del hombre porque los corazones han perdido la paz.

 

Dice la Escritura: “Sabemos que somos de Dios y que el mundo entero está bajo el poder del maligno. Sabemos también que el Hijo de Dios ha venido y nos ha dado discernimiento para conocer al Dios verdadero” 1 Juan 5,19-20. Así es, Dios nos ha dado el discernimiento para conocerle y saber distinguir entre lo correcto y lo incorrecto, por eso debemos inquietarnos, cambiar nuestro corazón para empezar a darnos a los demás y así Dios mantendrá la bendición sobre nuestra casa y el mal se apartará de ella. Por esa razón en nuestro camino hacia la prosperidad tenemos este paso, EL DESPRENDIMIENTO, debemos limpiar nuestro corazón de toda basura que haya en él, odio, temores, angustia, tristeza y eso, solamente Jesucristo puede hacerlo. Es preciso que dejemos que el Señor limpie, renueve nuestro corazón y saque de él toda avaricia, pereza, todo eso que nos impide compartir nuestros bienes, ya sean materiales o espirituales, con los demás.

 

Cierra tus ojos, abre tu corazón y pídele al Señor Jesús que renueve tu corazón, tu interior, que te enseñe a ser generoso, a no pensar: “si apenas tengo para mí, cómo voy a compartir”.

 

Canto: Renuévame

 

Señor Jesús, hoy te pedimos que pases tu mirada sobre nuestro corazón y lo renueves; quita toda la basura que hay dentro de él, odios, resentimientos, venganza, amargura, egoísmo. Te pedimos Señor, que nos des la gracia de darnos a los demás sin prejuicios, porque dando es como se recibe y así llego a la prosperidad. Bendícenos Señor, bendito seas, gloria a tu Santo Nombre.

 

El valor del desprendimiento consiste en saber utilizar correctamente nuestros bienes y recursos evitando apegarse a ellos y, si es necesario, para ponerlos al servicio de los demás.


El desprendimiento como valor se origina al reconocer que todos tenemos necesidades y en algunos casos encontramos personas con carencias. En cualquier situación debemos superar nuestro egoísmo e indiferencia para colaborar en el bienestar de los demás, no importa si es mucho o poco lo que hacemos y aportamos, lo importante es tener la conciencia de ofrecer algo, de aportar. En la generosidad que requiere el desprendimiento no cabe el ofrecer algo que nos sobra.


El valor del desprendimiento tiene que ver con varios aspectos, entre ellos: la importancia que le damos a las cosas, el uso que hacemos de ellas y la intención que tenemos para ponerlas al servicio de los demás.


En ocasiones vivimos y trabajamos sin descanso para poseer aquello que tanto nos ilusiona (autos, joyas, ropa, aparatos, etc.) y nuestra vida se mueve a ese compás, sin embargo, si no tenemos cuidado puede llegar el momento en que a pesar de la insatisfacción que nos produce llenarnos de cosas, pretendemos que éstas llenen un vacío interior.


A veces en broma, pero muchas veces en serio hemos escuchado decir de alguien: “quiere más a su coche que a (...)”, “ni se te ocurra tocar sus (...) porque tendrás problemas”, “ni se lo pidas, jamás presta lo que tiene”, “todo su dinero lo ocupa para (...)”, etc., todas ellas reflejan a una persona con apego inmoderado por lo que tiene. Debemos recordar que, en el orden de los afectos, las personas y su bienestar ocupan el primer lugar antes que nuestra persona misma o lo que poseemos.


Existen personas que ponen el corazón en las cosas materiales. A veces por los recuerdos que evocan, pero en otras debido al valor económico que tienen o simplemente por el trabajo que supuso adquirirlos. A esta particular forma de afecto se le llama apego y de ninguna manera se relaciona con el hecho de cuidar las cosas y hacer buen uso de ellas.



Cuando nuestro aprecio es mayor por las cosas que por las personas, nos parece absurdo compartir lo que tenemos, o en su defecto lo hacemos a regañadientes. El desprendimiento supone un esfuerzo para superar ese sentimiento de posesión y exclusividad de lo que poseemos para ofrecerlo gustosamente a los demás.


No debemos confundir el desprendimiento con el hecho de deshacernos de todo aquello que no utilizamos, que es inservible o se ha convertido en un estorbo, esta actitud manifiesta poco respeto por la persona que lo recibe, independientemente de su condición y situación actual. Somos tan soberbios que consideramos un insulto recibir algo de segunda mano, ¿por qué los demás deben soportar lo que nosotros consideramos desprecio?


Puede parecer que este valor se enfoca únicamente a objetos, pero nuestros recursos van más allá de lo que se puede tocar, poseemos conocimientos, cualidades y habilidades que muchas veces nos cuesta trabajo poner a disposición de las personas, porque requiere prescindir de nuestro descanso, gustos, preferencias y comodidades para llevarse a efecto.


Nos sorprendemos con el médico que atiende enfermos sin cobrar honorarios; personas que pasan los días trabajando en obras de caridad; profesores que trabajan horas extras desinteresadamente; padres de familia que se niegan gustos y diversiones personales para pensando en su familia; lo más inaudito es que muchos de ellos no viven en una condición del todo desahogada. El verdadero desprendimiento no tiene medida, sin calcular cuánto es lo indispensable para cumplir, es una entrega generosa de todo, Sí, de todo lo que tenemos.


Para vivir el desprendimiento podemos:


Hacer una lista de las cosas que tenemos y determinar cuales realmente necesitamos y cuales son caprichos, vanidades, etc.


- Ayudar a una obra de caridad haciendo una aportación significativa, de acuerdo con nuestras posibilidades.


- Enseñar a otros algo que sepamos hacer bien (sin olvidar de enseñarles los “secretos” que pudieras atesorar sobre el tema)


- Regalar o donar un bien al que sintamos que nos hemos apegado.


- Procurar decir más veces “si” cuando nos pidan algo prestado sin poner pretextos.

El valor del desprendimiento ayudará a nuestra sociedad al convertirnos en personas más altruistas y generosas, brindará un mejor ambiente en nuestras relaciones con amigos y familiares y nos convertirá en personas que tienen el corazón puesto en el lugar correcto.

 

El desprendimiento nos ayuda a recibir las bendiciones de Dios en nuestra vida. Recordemos que la Escritura, especialmente en persona de Jesús, nos invita a hacer obras de misericordia con los demás, dice el Señor: Todo lo que hiciste por los pobres, conmigo lo hiciste. Y es que cuando nosotros damos, Dios nos regresa el ciento por uno.

 

Oración Final

Señor, ayúdame a comprender que todo lo que me regalas está hecho para que lo comparta. Tú quieres llenarme de cosas bellas para que de esta manera pueda ser como un cántaro que sacie la sed de los demás.

 

Me has elegido para que comunique un poco de felicidad a mis hermanos. Pero muchas veces me cuesta compartir mis cosas y brindar mi tiempo a los demás. Te pido humildemente que puedas abrir mi corazón egoísta cuando veas que me está faltando el amor, Te pido Espíritu Santo que pueda encontrar el Gozo en mi vida dándome a los demás.

 

Ayúdame también a lograr un corazón generoso, no permitas que me prive de esa alegría. No permitas que me quede encerrado sólo en mis propias preocupaciones y problemas, ayúdame a descubrir a Jesús en cada hermano que esté a mi alrededor. Ven Espíritu Santo. Amén.

 

Padre Nuestro.

Ave María.

Gloria.

 

 

El corazón en el Señor

La Iglesia nos hace muchas llamadas para que nos soltemos de las cosas de esta tierra, y llenar así de Dios nuestro corazón. En una lectura de la Misa nos dice el profeta Jeremías: Bendito quien confía en el Señor, y pone en Él su confianza: Será un árbol plantado junto al agua, que junto a la corriente echa raíces; cuando llegue el estío no lo sentirá, su hoja estará verde, en el año de sequía no se inquieta, no deja de dar fruto. El Señor cuida del alma que tiene puesto en Él su corazón.

Quien pone su confianza en las cosas de la tierra, apartando su corazón del Señor, está condenado a la esterilidad y a la ineficacia para aquello que realmente importa: será como un cardo en la estepa, no verá llegar el bien; habitará en la aridez del desierto, tierra salobre e inhóspita.

Los bienes materiales son medios buenos               

El Señor desea que nos ocupemos de las cosas de la tierra, y las amemos correctamente: Poseed y dominad la tierra. Pero una persona que ame «desordenadamente» las cosas de la tierra no dejan lugar en su alma para el amor a Dios. Son incompatibles el «apegamiento» a los bienes y querer al Señor: no podéis servir a Dios y a las riquezas. Las cosas pueden convertirse en una atadura que impida alcanzar a Cristo. Y si no llegamos hasta Él, ¿para qué sirve nuestra vida? «Para llegar a Dios, Cristo es el camino; pero Cristo está en la Cruz, y para subir a la Cruz hay que tener el corazón libre, desasido de las cosas de la tierra» [Beato Josemaría Escrivá].

 El nos dio ejemplo: pasó por los bienes de esta tierra con perfecto señorío y con la más plena libertad. Siendo rico, por nosotros se hizo pobre. Para seguirle, nos dejó a todos una condición indispensable: cualquiera de vosotros que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo. Esta condición es también imprescindible para quienes le quieran seguir en medio del mundo. Este no renunciar a los bienes llenó de tristeza al joven rico, que tenía muchas posesiones y estaba muy apegado a ellas. ¡Cuánto perdió aquel día este hombre joven que tenía «cuatro cosas», que pronto se le escaparían de las manos!

La idolatría de las cosas           

Los bienes materiales son buenos, porque son de Dios. Son medios que Dios ha puesto a disposición del hombre desde su creación, para su desarrollo en la sociedad con los demás. Somos administradores de esos bienes durante un tiempo, por un plazo corto. Todo nos debe servir para amar a Dios –Creador y Padre– y a los demás. Si nos apegamos a las cosas que tenemos y no hacemos actos de desprendimiento efectivo, si los bienes no sirven para hacer el bien, si nos separan del Señor, entonces no son bienes, se convierten en males. Se excluye del reino de los cielos quien pone las riquezas como centro de su vida; idolatría llama San Pablo a la avaricia. Un ídolo ocupa entonces el lugar que sólo Dios debe ocupar.

        Se excluye de una verdadera vida interior, de un trato de amor con el Señor, aquel que no rompe las amarras, aunque sean finas, que atan de modo desordenado a las cosas, a las personas, a uno mismo. «Porque poco se me da –dice San Juan de la Cruz– que un ave esté asida a un hilo delgado en vez de a uno grueso, porque, aunque sea delgado, tan asida estará a él como al grueso, en tanto que no le quebrare para volar. Verdad es que el delgado es más fácil de quebrar; pero, por fácil que es, si no lo rompe, no volará».

        El desprendimiento aumenta nuestra capacidad de amar a Dios, a las personas y a todas las cosas nobles de este mundo.

Canto: Voy a prosperar


 

HORA SANTA

PASOS PARA ALCANZAR LA PROSPERIDAD # 5

 

Muy buenas tardes, una vez más el Señor nos concede la gracia de reunirnos para vivir un momento de oración, recuerden hermanos, que la oración debe ser perseverante. Disfrutemos pues este privilegio, este regalo que el Señor nos hace y dispongamos nuestro ser entero para experimentar, para vibrar con el amor del Señor.

 

Señor, no podemos ni queremos estar sin tu amor; te damos gracias porque has fijado tu mirada en nosotros, en nuestra vida, en nuestra familia y amigos, bendito seas Señor por las maravillas que has hecho y sigues haciendo en nosotros y también gracias por las maravillas que seguramente harás en nosotros.

 

Esta tarde reflexionaremos nuestro quinto paso para alcanzar la prosperidad: DESATA BENDICIONES CON LA PALABRA. Muchas veces de nuestra boca lo único que sale son quejas, insultos, ofensas, incluso hasta maldiciones, la Sagrada Escritura nos dice en Santiago 3: “No os hagáis maestros muchos de vosotros, hermanos míos, sabiendo que nosotros tendremos un juicio más severo, pues todos caemos muchas veces. Si alguno no cae hablando, es un hombre perfecto, capaz de poner freno a todo su cuerpo. Si ponemos a los caballos frenos en la boca para que nos obedezcan, dirigimos así todo su cuerpo. Mirad también las naves: aunque sean grandes y vientos impetuosos las empujen, son dirigidas por un pequeño timón adonde la voluntad del piloto quiere. Así también la lengua es un miembro pequeño y puede gloriarse de grandes cosas. Mirad qué pequeño fuego abrasa un bosque tan grande. Y la lengua es fuego, es un mundo de iniquidad; la lengua, que es uno de nuestros miembros, contamina todo el cuerpo y, encendida por el infierno, prende fuego a la rueda de la vida desde sus comienzos. Toda clase de fieras, aves, reptiles y animales marinos pueden ser domados y de hecho han sido domados por el hombre; en cambio ningún hombre ha podido domar la lengua; es un mal turbulento; está llena de veneno mortífero. Con ella bendecimos al Señor y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, hechos a imagen de Dios; de una misma boca proceden la bendición y la maldición. Esto, hermanos míos, no debe ser así. ¿Acaso la fuente mana por el mismo caño agua dulce y amarga? ¿Acaso, hermanos míos, puede la higuera producir aceitunas y la vid higos? Tampoco el agua salada puede producir agua dulce. ¿Hay entre vosotros quien tenga sabiduría o experiencia? Que muestre por su buena conducta las obras hechas con la dulzura de la sabiduría. Pero si tenéis en vuestro corazón amarga envidia y espíritu de contienda, no os jactéis ni mintáis contra la verdad. Tal sabiduría no desciende de lo alto, sino que es terrena, natural, demoníaca. Pues donde existen envidias y espíritu de contienda, allí hay desconcierto y toda clase de maldad. En cambio, la sabiduría que viene de lo alto es, en primer lugar, pura, además pacífica, complaciente, dócil, llena de compasión y buenos frutos, imparcial, sin hipocresía. Frutos de justicia se siembran en la paz para los que procuran la paz.”

 

El apóstol Santiago usa imágenes muy vivas para resaltar el tremendo poder que tienen las palabras para cambiar las situaciones y la vida de las personas tanto para bien como para mal. Es importante saber que el uso de las palabras negativas como: renegar, crítica, juicio hacen tanto daño no sólo en las personas sino en las cosas y situaciones. Hablar negativamente es traer hacia uno mismo maldiciones, recayendo muchas veces sobre la familia y hasta llegar a afectar los bienes: “Cuidar las palabras es cuidarse uno mismo; el que habla mucho se arruina sólo” Prov. 13, 3. O como decimos por aquí: “El pez por la boca muere”

 

Por eso clamemos al Señor pidiéndole que nuestra única aspiración sea pensar, sentir, obrar, decir lo que Él quiere que pensemos, sintamos, obremos y digamos, es decir, rindamos nuestra vida al Señor para poder decir con San Pablo: “Ya no soy yo quien vive, sino Cristo quien vive en mí”.

 

Cuando una persona maldice o ha quedado atrapada por maldiciones causadas por sí misma, con sus propias palabras, esto impide que reciba las bendiciones del Señor: “De todo esfuerzo se saca provecho; del mucho hablar, solo miseria” Prov. 14,23. Es por eso que debemos cuidar nuestras conversaciones. Se cuenta que había un hombre que tenía mucho dinero, comodidades, tenía propiedades, pero por su propia lengua se arruinó, sus conversaciones eran sólo groserías, renegaba por todo, todo lo criticaba, juzgaba y condenaba las actitudes de todos los que cometían errores, todas estas palabras le ataron a la miseria pues dice la Escritura en Prov. 6,2: “Tú solo te pones la trampa, quedas atrapado en tus propias palabras.”  Pidamos pues con fe al Señor Jesús, a nuestro Dios, Padre Todopoderoso, que nuestra lengua solamente lo alabe y de palabras de aliento, de amor a las personas que nos rodean.

 

El apóstol Santiago describe la lengua de las personas que no la utilizan para bendecir como: “mundo de maldad”, “está encendida por el infierno mismo”, “está llena de veneno mortal”. Es necesario que reflexionemos acerca del daño que nos hacemos con nuestras propias palabras: “Cada uno comerá hasta el cansancio del fruto de sus palabras” Prov. 18,20.

 

La mayoría de los creyentes desconocemos la realidad bíblica y por eso sufrimos las consecuencias de nuestras propias palabras mal utilizadas: “Mi pueblo no tiene conocimiento, por eso ha sido destruido. Y a ti, sacerdote, que rechazaste el conocimiento, yo te rechazo de mi sacerdocio.” Oseas 4,6.

 

Por eso es muy importante que antes de hablar pensemos lo que vamos a decir, es asombrosa la frecuencia con que la gente maldice, especialmente hoy en día, de repente escuchamos a aquellos estudiantes maldiciendo al profesor, al amigo, al novio, la novia, incluso entre hermanos.

 

La invitación de esta tarde es que de nuestra boca solamente salgan bendiciones para todas esas personas que nos rodean; nuestras palabras tienen mucho poder, y debemos usar ese poder para el bien. No permitamos que nuestras propias palabras nos arruinen, si tenemos mal genio, pidámosle al Señor que nos ayude a controlarlo; si tenemos resentimiento hacia alguien, en vez de criticar, callemos; si nos han hecho daño bendigamos y es así como lograremos prosperar. Nos dice la Escritura en 1 Pe 3,9: “No devolváis mal por mal, ni insulto por insulto; por el contrario, bendecid, pues habéis sido llamados a heredar la bendición.” Vivamos tranquilos y controlemos nuestras palabras, no sea que nuestras palabras nos metan en problemas.

 

Por eso pidamos a Dios que nos llene de su amor, de su bondad, para que podamos controlar nuestra boca, digámosle lléname de ti.

 

Oración Final

Padre eterno, en nombre de Cristo Jesús, te pedimos que pongas un ángel vigilante en nuestra boca para no murmurar, para no ofender a nadie, que sólo se mueva nuestra boca para elogiar, para bendecir. Te pedimos Señor que cada vez que nuestros labios quieran moverse para el mal Tú los selles con la fuerza del Espíritu Santo y con la Sangre de Jesucristo y así no hacerme ni hacer daño a nadie. Destruye Señor, con la Sangre de Jesucristo cualquier palabra que no venga de ti. Sana nuestra lengua de la murmuración, mentira, de las ironías, de las groserías, de maldecir, Señor, llénanos de ti.

 

Padre Nuestro.

Ave María.

Gloria.

 

 

Ya para finalizar esta noche es muy importante que nosotros estemos siempre en busca de Dios. Algo realmente importante en la vida de todo ser humano es buscar a Dios, porque dice la Escritura que los buscan a Dios encontrarán recompensa. Es por eso hermanos, hermanas que esta noche en que hemos reflexionado el poder de nuestras palabras, yo te digo, busca a Dios en todo momento, en todo lugar y entonces hallarás la prosperidad.


 

Hora santa

PASO PAR ALCANZAR LA PROSPERIDAD # 4

 

Aquí estamos esta tarde, Señor, para tener un momento de intimidad contigo, hemos dejado varias cosas para que tu actúes en nosotros y en nuestra vida. Te pedimos perdón por todas las cosas que hemos dejado de hacer a favor de los demás esta semana y te pedimos Señor Jesús que derrames tu amor y bendiciones sobre.

 

Esta tarde reflexionáremos en nuestro cuarto paso en este caminar hacia la prosperidad.  Este paso es SABER ADMINISTRAR NUESTRAS VIDAS.

 

Los cristianos debemos aprender a administrar bien. En la Biblia hay muchos ejemplos de hombres bendecidos por Dios por ser buenos administradores. Algunos ejemplos son: Daniel, José, etc... Desafortunadamente la mayoría desconocemos el principio de la buena administración y por eso hemos fracasado muchas veces en lo que emprendemos. Algunos no calculan bien y se ilusionan en grandes negocios por que otros lo convencen de grandes ganancias. Otros han fracasado porque gastan más de lo que ganan, otros han sido victimas de engaño y no cuidan bien su dinero. Otros no cuidan bien su dinero por que confían demasiado en las personas. 

 

Algunos no piensan en el futuro y gastan el dinero en placeres, vicios, amigos, paseos etc.… el dinero si no es bien administrado le ocasiona el fracaso a la persona. Dice en Proverbios 16, 20 “al que bien administra, bien le va; ¡dichoso aquel que confía en el Señor¡”

 

Cuenta José que se dejo ilusionar por un préstamo que le iban a dar, confiado en esto sacó en renta un local para colocar su negocio con dinero prestado a interés, contrató un maestro para que le hiciera algunos arreglos a su casa para remodelarla y casi pierde su vivienda porque no le salio el préstamo que había solicitado, por lo tanto, quedó muy adeudado.

 

Un buen administrador lo calcula todo, va a lo seguro sin dejarse engañar ni ilusionarse hasta no ver la verdad, Lucas 14, 28-29 nos dice: “si alguno de ustedes quiere construir una torre, ¿acaso no se sienta primero a calcular los gastos, para ver si tiene con que terminarla? De otra manera, si pone los cimientos y después no puede terminarla, todos los que lo vean comenzaran a burlarse de él”. Antes de cualquier negocio lo primero que hay que hacer es planear para alcanzar el objetivo para así evitar el fracaso.

 

 Así que pongamos en manos de Dios todos nuestros proyectos, nuestros planes y negocios.

 

Un buen administrador elije un buen director que conozca que es lo que va hacer, para que el proyecto no se vaya al fracaso. El buen administrador nunca desfallece porque la inconstancia no le permite el progreso. 2 Corintios 8,11 dice: “ahora pues, dentro de sus posibilidades terminen lo que han comenzado con la misma buena disposición que mostraron al principio cuando decidieron hacerlo”. El buen administrador planea, organiza, controla, evalúa y tiene buena disposición para resolver los obstáculos. El buen administrador también se administra a si mismo porque de lo contrario nunca podrá progresar, será siempre un fracasado.

El éxito se debe a cuánta gente te sonríe, a cuánta gente amas y cuántos admiran tu sinceridad y la sencillez de tu espíritu. Se trata de si te recuerdan cuando te vas. Se refiere a cuánta gente ayudas, a cuánta evitas dañar y si guardas o no rencor en tu corazón. Se trata de que en tus triunfos estén incluidos tus sueños; de si tus logros no hieren a tus semejantes. Es acerca de tu inclusión con otros, no de tu control sobre los demás.

Es sobre si usaste tu cabeza tanto como tu corazón, si fuiste egoísta o generoso, si amaste a la naturaleza y a los niños y te preocupaste de los ancianos. Es acerca de tu bondad, tu deseo de servir, tu capacidad de escuchar y tu valor sobre la conducta. No es acerca de cuántos te siguen si no de cuántos realmente te aman. No es acerca de transmitir, si no cuántos te creen si eres feliz o finges estarlo. Se trata del equilibrio de la justicia que conduce al bien tener y al bien estar. Se trata de tu conciencia tranquila, tu dignidad invicta y tu deseo de ser más, no de tener más.

 

Oración

Señor Jesús, vengo a ponerme en tu presencia en este momento y a ofrecerte mi vida con todo lo que traigo en mi corazón. Mis angustias, mis tristezas, mi soledad y, sobre todo, Jesús, la preocupación que tengo por mi vida financiera.

Quiero pedir desde ya que derrames Tu Sangre sobre mí y sobre toda la realidad que envuelve mi vida financiera, y de la forma que afecta a mi familia, a mi trabajo y a las personas con las que me relaciono.

 

He vivido momentos de mucha aflicción, porque mi vida financiera está completamente desorganizada, hoy tengo muchas deudas y realmente ya no sé qué hacer. Tengo cuentas que pagar, alquiler atrasado, debo a otras personas, y esto está comprometiendo a mi familia y toda nuestra armonía familiar. Por esto hoy, en este momento, te suplico: ¡Derrama sobre todo eso, Jesús, Tu Sangre, para que, si hubiera algún tipo de problema espiritual ligado directamente a mi vida financiera, ¡sea cortado en el poder de Tu Sangre!

 

Tu palabra dice: “No se inquieten entonces, diciendo: “¿Qué comeremos, ¿qué beberemos, o con qué nos vestiremos?”. Busquen primero el Reino y su justicia, y todo lo demás se les dará por añadidura. No se inquieten por el día de mañana; el mañana se inquietará por sí mismo. A cada día le basta su aflicción” (Mt 6, 31-34)

 

Por eso, Jesús, si hasta hoy no viví de acuerdo con Tu voluntad, hoy quiero comprometerme a vivir de acuerdo con ella. Si hasta hoy te busqué sólo por lo que Tu podías darme, hoy Te busco porque entendí que necesito en todo de Tu presencia.

 

Señor Jesús, líbrame de todos los problemas que tengo en mi vida financiera. Pues creo en Tu Palabra, y creo que Tú me miras y también te preocupas por la realidad financiera que hoy vivo. Clamo el poder de Tu nombre, Jesús, sobre todo mi árbol genealógico, sobre todos mis antepasados. Si en mis antepasados hubo peleas por cuestiones financieras, robos o traiciones entre nuestra familia, y se lanzaron palabras de maldiciones, palabras dichas con odio, rabia, envidia, ¡corta todo eso en el poder de Tu nombre, Jesús! Que nada de eso tenga ya poder sobre mí o sobre mi vida financiera.

 

Si en mis antepasados hubo situaciones de personas apegadas al dinero, situaciones de asesinatos por causa del dinero, ambición, dinero de la familia gastado en cosas ilícitas, drogas, prostitución, sexo, adulterio, mentira… que en todo eso ahora, Jesús, te hagas presente y que Tu nombre lo cure y lo libere.

 

Si mis antepasados o yo mismo gastamos dinero en cosas equivocadas o para alimentar situaciones de pecado, hoy pido perdón, porque sé que el dinero malgastado se puede convertir en maldición para nosotros, por eso, líbranos.

 

Que Tu Sangre redentora también pueda ser derramada sobre mí y sobre mis antepasados si buscamos soluciones en las que Tú no estabas: si buscamos ayuda en hechizos, en el ocultismo, en la quiromancia, en la nigromancia; en todo eso, proclamo Tu poder y Tu liberación, Señor Jesús.

 

Si busqué ayuda financiera por medio de la brujería, si busqué magos, si hice trabajos contra otras personas, si mi casa fue usada para estos fines, mi trabajo, mi escritorio, ¡RENUNCIO a todo eso ahora, Jesús, por el poder de Tu Nombre! ¡Renuncio a todo eso!

 

¡Te pido perdón si yo o mis antepasados buscamos todas estas cosas, que no son de tu agrado!

¡Te pido perdón, Jesús, si dudé de que Tú cuidas de mí y de mi familia! ¡Perdóname si Te ofendí con malas palabras, si te culpé por esta dificultad financiera, perdón, Señor!

¡Perdóname si maldije mi vida financiera, diciendo que lo que gano es una miseria, que paso hambre, que mi salario es una “porquería”, que no da para nada!

¡Perdóname si maldije mi empleo, a mis jefes, si hablé mal de ellos deseándoles la miseria y el dolor!

 

Quiero también perdonar a aquellos que algún día fueron injustos conmigo, cuando atrasaron el pago de mi sueldo o cuando no me pagaron lo que me correspondía, los perdono ahora en tu Nombre, Jesús. ¡Doy mi perdón a cada uno de ellos! Y que, a partir de hoy, Señor Jesús, pueda coger los frutos de la liberación de todos los problemas y deudas en mi vida financiera.

 

Derrama tu Espíritu Santo sobre mí y ayuda a mis capacidades naturales, para que encuentre una forma de saldar mis deudas, porque sé que el dinero no cae del cielo. Capacita mis conocimientos, dame sabiduría, organización y capacidad de administrar estas deudas.

 

Te pido que abras las puertas de nuevas oportunidades de empleo, que las situaciones laborales y financieras vayan adelante por la fuerza de tu Nombre, Jesús. Que el Espíritu Santo me dé la tranquilidad y la calma necesarias en mi casa, con mis familiares, ¡y que el Espíritu Santo no permita la desesperación y la impaciencia!

 

¡Quiero proclamar que a partir de hoy soy una nueva persona, y que mi vida financiera se resolverá pronto, y que te buscaré con fidelidad de corazón!

Todo lo entrego en Tus manos, y por eso proclamo: ¡Confío y espero en Ti, Señor!

¡Amén!

 

Padre Nuestro.

Ave María.

Gloria.

  POR QUÉ CONFESARNOS “Por qué confesarnos”, nos ayuda a recuperar la libertad perdida por el pecado, la dignidad de hijos. El am...