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viernes, 22 de enero de 2010

LA CARTA DE DIOS


Tú que eres un ser humano, eres mi milagro. Y eres fuerte, capaz, inteligente y lleno de dones y talentos.
Cuenta tus dones y talentos. Entusiásmate con ellos. Reconócete. Encuéntrate. Acéptate. Anímate. Y piensa que desde este momento puedes cambiar tu vida para bien. Si te lo propones y té llenas de
entusiasmo.
Y sobre todo, si te das cuenta de toda la felicidad que puedes conseguir con sólo desearlo.

Eres mi creación más grande. Eres mi milagro. No temas comenzar una nueva vida. No te lamentes
nunca. No te quejes, No te atormentes. No te deprimas.- ¿Cómo puedes temer si eres mi milagro? -. Estás dotado de poderes desconocidos para todas las criaturas del Universo.

Eres ÚNICO. NADIE ES IGUAL A TI.

Sólo en ti está aceptar el camino de la felicidad y enfrentarlo, y seguir siempre adelante. Hasta el fin.
Simplemente porque eres libre.

En ti está el poder de no atarte a las cosas. Las cosas no hacen la felicidad. Te hice perfecto para que
aprovecharas tu capacidad y no para que te destruyas.

Te di el poder de pensar.
Te di el poder de imaginar.
Te di el poder de amar.
Te di el poder de crear.
Te di el poder de determinar.
Te di el poder de planear.
Te di el poder de elección.
Te di el poder de rezar.
Te di el dominio de elegir tu propio destino usando tu voluntad.

Qué has hecho de éstas tremendas fuerzas qué te di?. No importa. De hoy en más, olvida tu pasado, usando sabiamente este poder de elección.

Elige amar, en lugar de no amar.
Elige reír, en lugar de llorar.
Elige crear, en lugar de destruir.
Elige perseverar, en lugar de renunciar.
Elige alabar, en lugar de criticar.
Elige dar, en lugar de no hacerlo.
Elige actuar, en lugar de aplazar.
Elige crecer, en lugar de estancarte.
Elige, elige bendecir, en lugar de blasfemar.
Elige, Elige VIVIR...

- Y aprende a sentir mi presencia en cada acto de tu vida.
- Crece cada día un poco más en el optimismo y en la derrota.
- Yo estoy a tu lado siempre. Llámame. Acuérdate de mí.
- Vivo en ti desde siempre.

Trata de volverte niño, simple inocente, generoso, dador, con capacidad de asombro y capacidad de
conmoverte ante la maravilla de sentirte humano. para que puedas conocer mi amor, puedas sentir una
lágrima, puedas comprender el dolor. No te olvides que eres mi milagro. Que te quiero feliz, con
misericordia, con piedad, para que este mundo que transitas pueda acostumbrarse a reír, siempre que
tú. aprendas a reír. y si eres mi milagro, entonces usa tus dones y cambia tu medio ambiente,

contagiando esperanza y optimismo sin temor, porque yo estoy a tú lado.!!!

Anónimo

miércoles, 20 de enero de 2010

El árbol frutal y la rama respondona


Había una vez un árbol frutal con un enorme tronco y dos grandes ramas que brotaban de él. Con sus fuertes raíces, se hundía en el suelo y se agarraba fuertemente a las entrañas de la tierra.
Cuando soplaba el viento, el árbol se inclinaba y las ramas se torcían.

El viento chocaba con sus sacudidas contra el árbol y parecía que iba a arrancar las ramas y que éstas iban a volar tras él….. Hasta se podían oír, si se escuchaba bien, los gemidos y suspiros de las hojas, al ser abofeteadas por el viento.
Pasado el temporal, todo volvía a la calma. El árbol se levantaba otra vez como si nada hubiera sucedido y se mostraba feliz y contento, orgulloso de sus ramas, del follaje y de sus frutos grandes y maduros.

Todo iba muy bien hasta que un día… una de las ramas, muy presumida y harta de ser sacudida continuamente por el viento gritó:
¡No hay derecho! A mí siempre me toca recibir todas las bofetadas del viento. Siempre me toca perder las hojas de mi vestido cuando sopla fuerte.
Además, siempre es el tronco quien recibe las alabanzas y los saludos cariñosos de las personas. ¡Claro!, el se agarra fuertemente al suelo con sus raíces y, como si nada…. En cambio, yo… Hace frío… yo le abrigo con mis hojas y ramitas, hace calor y yo cubro su cuerpo con mis hojas, hace viento…., Yo tengo que inclinarme y casi muero constipada. Además a mí siempre me cortan mis ramas cada otoño, me podan y me dejan medio desnuda….¡Que vergüenza paso en el invierno! ¡ Y que frío cuando cae la nieve! … Luego llegan la primavera y el verano… Y, cuando tengo los frutos, vienen los hombres y me arrancan mis hijos. Me los quitan y me los arrancan sin cuidado alguno.
¡Si al menos pidieran permiso! Pero, ¡Ya! Siempre hablan del tronco y con el tronco "Que si es un tronco muy alto, muy grande, muy resistente…" Hasta los enamorados escriben sus nombres dentro de un corazón en su corteza… ¡Ah!, Esto se acabó. Me divorcio de éste árbol ¡Se acabó!.

Y, un día de fuerte ventolera, aprovechó un bullido del viento para darse un estironcito y ¡Zas!, se desgajó del árbol. ¡Ay, que feliz se sentía!. Al fin era libre.
Era ella, sólo ella. ¡Cómo reía, al notar triste al árbol y verle llorar!.
Porque el árbol lloraba. De la herida producida al desgajarse la rama, caían unas lágrimas silenciosas… ¡Y como se reía la rama…! Hasta que, de repente, se dio cuenta de que la faltaba la respiración. Quería respirar y no podía… Se dio cuenta que las hojas se volvían amarillas, se arrugaban y caían muertas y podridas. También sus frutos se estaban secando y pudriendo… Y notó cómo, sin estar unida al tronco, no valía para nada, no tenía vida.

Entonces, quiso llorar, pero no pudo, no le quedaba ninguna lágrima. Se había secado y ya no era ni una rama.

EXPERIENCIA HUMANA:

Si aplicamos el relato a cada uno de nosotros mediante una lectura (ver que sentimientos nos sugiere y adónde nos lleva, que nos hace pensar, etc.) descubriremos muchas de nuestras actitudes personales que a la vez son colectivas, a todos nos paso un poco lo mismo.

A veces quisiéramos ser como el árbol, estar en la vida seguros, contentos felices… saber resistir a las dificultades y volver a vivir serenos. Pero somos como la rama, queremos ser nosotros mismos por encima de todo, creemos que siempre nos toca la peor parte, nos quejamos de lo que nos ha tocado en suerte, nos gustaría vivir sin contrapisas, prescindimos de los demás, rompemos con aquello que nos da sustento.

Lo malo es que lo hacemos sin darnos cuenta de las consecuencias y no notamos que nos hemos desgajado hasta que sin saber por qué, pero ya no es posible el injerto ni el trasplante y perdemos la identidad.
Hay una clave, no podemos dar fruto sin entroncarnos en el núcleo común que nos hace humanos. De otra forma, no podemos ser nosotros mismos -ni podemos ser cristianos-, si no contamos con los demás.

Amame como eres

  POR QUÉ CONFESARNOS “Por qué confesarnos”, nos ayuda a recuperar la libertad perdida por el pecado, la dignidad de hijos. El am...