HORA SANTA
PASOS PARA
ALCANZAR LA PROSPERIDAD # 8
Buenas tardes. Jesús, Nuestro Señor, ha querido reunirnos
esta tarde en su Presencia, pongamos en sus manos, a los pies del Maestro,
nuestras necesidades con la confianza de que todo lo que pidamos en oración,
creyendo, lo recibiremos.
Canto: Junto a tus
pies
Aquí estamos Señor, junto a tus pies, queremos al igual que
la mujer hemorroisa, tocar tu manto y sanar todas nuestras necesidades,
nuestras enfermedades, nuestras penas. Señor te pedimos que derrames esta tarde
tu Sangre Preciosa sobre nosotros, envía tu Espíritu Santo a invadir este
lugar.
Hoy reflexionaremos nuestro octavo paso que es
En esta época nuestra, que exalta como valores
supremos la comodidad, el éxito personal y la riqueza material, la generosidad
parece ser lo único que verdaderamente vale la pena en esta vida.
El egocentrismo nos lleva a la infelicidad, aunque la sociedad actual nos
quiera persuadir de lo contrario. Quienes realmente han hecho algo que ha
valido la pena en la historia de la humanidad han sido los seres más generosos.
Cuando la atención se vuelca hacia el "Yo", se acaba haciendo un
doble daño: a los demás mientras se les pasa encima, y a uno mismo, porque a la
postre se queda solo.
Pero ¿Qué es generosidad? ¿Es dar limosna a un niño de la calle? ¿Es invertir
mi tiempo en obras de caridad? Si. Definitivamente eso es generosidad, pero
también es generosidad escuchar al amigo en sus venturas y desventuras;
generosidad también es llevarle un vaso de agua al hermano, hermana, padre,
madre, esposo, esposa, hijo o hija. Generosidad es pensar y actuar hacia los
demás, hacia fuera. No hacia adentro.
Si yo quiero recibir lo primero que tengo que
hacer es dar. Si yo quiero cosechar un fruto primero tengo que sembrar la
semilla. El dar es uno de los más grandes privilegios que nosotros como católicos
disfrutamos pues realmente cuando nosotros somos generosos disfrutamos.
Muchas veces somos egoístas, no compartimos lo
que tenemos, incluso somos egoístas hasta con lo que nos sobra. La reflexión de
hoy es una invitación que el Señor nos hace, decíamos ser generosos es pensar y
actuar hacia los demás, eso fue exactamente lo que hizo Dios cuando envió a
aquel Ángel a María Santísima, pensó en los demás, en nosotros.
Nuestro egoísmo llega a ser tan grande que
muchas veces somos egoístas hasta con Dios, no tenemos tiempo para Dios o le
regateamos, voy a misa, pero me quito a la hora de la homilía hago mi visita al
Santísimo de 5 minutos porque “siempre ando ocupado”.
Cuando hablamos de generosidad, entrega, darse
por completo, no hay mejor ejemplo que Jesucristo en la cruz.
Este es el tipo de generosidad que el Señor nos
esta pidiendo esta tarde, dejar de pensar por completo en nosotros mismos y
pensar en los demás, sus necesidades, sus limitaciones.
Hace un tiempo hubo un grupo de muchachos que,
tras muchos sacrificios suyos y de sus padres, lograron embarcarse hacia Europa
para ir a Roma. Querían conocer
Por otra parte, otro de los instructores sentía el mismo cansancio y para él
las jornadas eran aún mas agotadoras, pues tenía veinte años más. Sin embargo,
siempre estaba sonriente, siempre hacía que a los demás el viaje les pareciera
apasionante. En medio del peor humor, soltaba un chiste y todos olvidaban las
cosas difíciles. Este instructor aprovechaba cada oportunidad para hablar con
cada uno de los chicos, les preguntaba qué hacían, se preocupaba por ellos. Y
cuando no decía algún chiste, o se enteraba de los intereses de aquellos
muchachos, los cuidaba silenciosamente, asegurándose de que el autobús no
dejara a ninguno, viendo si estaban abrigados o regalándole a alguno de ellos
un chocolate. Los dos instructores hicieron el mismo viaje. Uno lo pasó pésimo,
el otro fue increíblemente feliz. ¿Cual fue la diferencia? La generosidad.
El instructor generoso no tenía ni siquiera tiempo de pensar en que la jornada
era agotadora. Y a pesar de que sus pies le recordaban que el día había sido
una larguísima caminata, el viaje estaba siendo de utilidad a los muchachos y
para él esa era la mejor recompensa. Al preocuparse de los demás solucionaba
dos problemas: los de los muchachos que necesitaban atención, y los suyos
propios.
La generosidad es un concepto que poco a poco
se ha ido perdiendo, porque en esta sociedad a veces creemos que cuando alguien
nos da algo por nada, es que hay una intención detrás, pero todo lo bueno que
hay en la vida de los humanos es fruto de la entrega generosa de alguien, y eso
bueno se ha obtenido no a base de acumular bienes materiales ni mucho menos de
arrebatarlos, sino a base de cariño a los demás y de olvido propio, a base de
sacrificio. A pesar de todo, existen todavía hombres y mujeres dispuestos a ser
generosos. Cuando se entrega lo que sólo uno puede dar y que no puede comprarse
en ningún centro comercial, es cuando la verdad se ilumina y, sobre todo,
entendemos y vivimos la generosidad en su más profundo sentido: la entrega de
sí mismo.
Por eso pongamos nuestra vida en las manos del
Señor para que Él disponga de ella según lo requiera.
Canto:
Toma mi vida
A pesar de la gran desvalorización de la sociedad, hay que decir que muchos
hombres y mujeres son ejemplos silenciosos de generosidad: la madre que hace de
comer, se arregla, limpia la casa y además se da tiempo para ir a trabajar; el
padre que duerme solo cinco o seis horas diarias para dar el sustento a sus
hijos; la trabajadora doméstica que todos los días hace las mismas cosas pero
que ya se siente de la familia; el estudiante que hace lo que debe obteniendo
las mejores notas que puede; la chica generosa que ayuda a sus amigas cuando
tienen problemas. Todos ellos son ejemplos que sin duda deberíamos seguir. Y
estos actos de generosidad son de verdad heroicos. Siempre es más fácil hacer
un acto grandioso por el cual nos admiren, que simplemente darnos a los demás
sin obtener ningún crédito. Y es que todos tendemos a buscar el propio brillo,
la propia satisfacción, el prevalecer sobre los demás y solemos evitar el dar
nuestra luz a los demás. Es obligado pues, que, en nuestro primer encuentro con
la generosidad, nos resulte este valor poco atractivo y quizá hasta
incomprensible. Pero verdaderamente, la generosidad resuelve muchos problemas.
Dar sin esperar nada a cambio, entregar la vida, volcarse a los demás, ayudar a
los que nos necesitan, dar consuelo a los que sufren, eso es generosidad. Y no
es un valor pasado de moda. La generosidad es la puerta de la amistad, el
cimiento del amor, la estrella de la sociedad. Y lo mejor de todo es que
nosotros podemos ser generosos muy fácilmente. ¿Cómo?
- Sonriendo a los demás siempre.
- Ofreciendo nuestra ayuda.
- Poniéndonos en los zapatos del otro.
- Y por supuesto, ofrendándonos al Señor.
Teniendo un pequeño detalle con nuestra familia, tan simple como dejar que los
demás elijan algo qué hacer: ir al cine, a una comida, o dejar que los demás
escojan la película que se va a ver este fin de semana.
Pero no hay que ser tacaños con la generosidad ni comodones. Hay mucha gente
que podría consolarse con nuestra ayuda si hacemos un esfuerzo superior. ¿Cada
cuánto tiempo vamos a visitar enfermos a un hospital? ¿Por qué no visitar a
enfermos terminales? Sí, es duro, sí a veces es deprimente, y por supuesto que
es más divertido salir a pasear que ir a un hospital público a ver gente que
muy pronto se va a morir. ¡Pues precisamente como nadie lo hace, es el momento
de que alguien lo haga! Nadie nos va a dar un aplauso, o una medalla por
hacerlo, pero vamos a volcarnos hacia los demás, el brillo no importa, lo que
importa es que, a pesar de nuestros defectos y miserias, podemos hacer una
diferencia en la vida de alguien.
Ser generosos, aunque hoy en día es inusual, no es difícil, también es parte de
nuestra naturaleza. Entendamos que el Yo debe dejar un poco de lugar a los
demás y entregar lo que uno tiene. En silencio, sin reflectores. Ahí, donde
está la paz.
Por eso en este momento, antes de irnos a casa,
pidamos al Señor que nos enseñe a ser generosos, que estemos siempre dispuestos
a darnos a los demás.
Canto:
Enséñame
Oración Final
Padre celestial, en tus manos está todo lo que
tengo, enséñame a ser generoso, a dar con alegría al que necesita. Permíteme
dar mi ofrenda y diezmo con amor y desprendimiento, pero, sobre todo, enséñame
a darme sin reservas a mis hermanos. Sé que tu recompensa es grande, bendice mi
vida. Amén.
Padre Nuestro.
Ave María.
Gloria.

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