sábado, 24 de enero de 2026


 

HORA SANTA

PASOS PARA ALCANZAR LA PROSPERIDAD # 5

 

Muy buenas tardes, una vez más el Señor nos concede la gracia de reunirnos para vivir un momento de oración, recuerden hermanos, que la oración debe ser perseverante. Disfrutemos pues este privilegio, este regalo que el Señor nos hace y dispongamos nuestro ser entero para experimentar, para vibrar con el amor del Señor.

 

Señor, no podemos ni queremos estar sin tu amor; te damos gracias porque has fijado tu mirada en nosotros, en nuestra vida, en nuestra familia y amigos, bendito seas Señor por las maravillas que has hecho y sigues haciendo en nosotros y también gracias por las maravillas que seguramente harás en nosotros.

 

Esta tarde reflexionaremos nuestro quinto paso para alcanzar la prosperidad: DESATA BENDICIONES CON LA PALABRA. Muchas veces de nuestra boca lo único que sale son quejas, insultos, ofensas, incluso hasta maldiciones, la Sagrada Escritura nos dice en Santiago 3: “No os hagáis maestros muchos de vosotros, hermanos míos, sabiendo que nosotros tendremos un juicio más severo, pues todos caemos muchas veces. Si alguno no cae hablando, es un hombre perfecto, capaz de poner freno a todo su cuerpo. Si ponemos a los caballos frenos en la boca para que nos obedezcan, dirigimos así todo su cuerpo. Mirad también las naves: aunque sean grandes y vientos impetuosos las empujen, son dirigidas por un pequeño timón adonde la voluntad del piloto quiere. Así también la lengua es un miembro pequeño y puede gloriarse de grandes cosas. Mirad qué pequeño fuego abrasa un bosque tan grande. Y la lengua es fuego, es un mundo de iniquidad; la lengua, que es uno de nuestros miembros, contamina todo el cuerpo y, encendida por el infierno, prende fuego a la rueda de la vida desde sus comienzos. Toda clase de fieras, aves, reptiles y animales marinos pueden ser domados y de hecho han sido domados por el hombre; en cambio ningún hombre ha podido domar la lengua; es un mal turbulento; está llena de veneno mortífero. Con ella bendecimos al Señor y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, hechos a imagen de Dios; de una misma boca proceden la bendición y la maldición. Esto, hermanos míos, no debe ser así. ¿Acaso la fuente mana por el mismo caño agua dulce y amarga? ¿Acaso, hermanos míos, puede la higuera producir aceitunas y la vid higos? Tampoco el agua salada puede producir agua dulce. ¿Hay entre vosotros quien tenga sabiduría o experiencia? Que muestre por su buena conducta las obras hechas con la dulzura de la sabiduría. Pero si tenéis en vuestro corazón amarga envidia y espíritu de contienda, no os jactéis ni mintáis contra la verdad. Tal sabiduría no desciende de lo alto, sino que es terrena, natural, demoníaca. Pues donde existen envidias y espíritu de contienda, allí hay desconcierto y toda clase de maldad. En cambio, la sabiduría que viene de lo alto es, en primer lugar, pura, además pacífica, complaciente, dócil, llena de compasión y buenos frutos, imparcial, sin hipocresía. Frutos de justicia se siembran en la paz para los que procuran la paz.”

 

El apóstol Santiago usa imágenes muy vivas para resaltar el tremendo poder que tienen las palabras para cambiar las situaciones y la vida de las personas tanto para bien como para mal. Es importante saber que el uso de las palabras negativas como: renegar, crítica, juicio hacen tanto daño no sólo en las personas sino en las cosas y situaciones. Hablar negativamente es traer hacia uno mismo maldiciones, recayendo muchas veces sobre la familia y hasta llegar a afectar los bienes: “Cuidar las palabras es cuidarse uno mismo; el que habla mucho se arruina sólo” Prov. 13, 3. O como decimos por aquí: “El pez por la boca muere”

 

Por eso clamemos al Señor pidiéndole que nuestra única aspiración sea pensar, sentir, obrar, decir lo que Él quiere que pensemos, sintamos, obremos y digamos, es decir, rindamos nuestra vida al Señor para poder decir con San Pablo: “Ya no soy yo quien vive, sino Cristo quien vive en mí”.

 

Cuando una persona maldice o ha quedado atrapada por maldiciones causadas por sí misma, con sus propias palabras, esto impide que reciba las bendiciones del Señor: “De todo esfuerzo se saca provecho; del mucho hablar, solo miseria” Prov. 14,23. Es por eso que debemos cuidar nuestras conversaciones. Se cuenta que había un hombre que tenía mucho dinero, comodidades, tenía propiedades, pero por su propia lengua se arruinó, sus conversaciones eran sólo groserías, renegaba por todo, todo lo criticaba, juzgaba y condenaba las actitudes de todos los que cometían errores, todas estas palabras le ataron a la miseria pues dice la Escritura en Prov. 6,2: “Tú solo te pones la trampa, quedas atrapado en tus propias palabras.”  Pidamos pues con fe al Señor Jesús, a nuestro Dios, Padre Todopoderoso, que nuestra lengua solamente lo alabe y de palabras de aliento, de amor a las personas que nos rodean.

 

El apóstol Santiago describe la lengua de las personas que no la utilizan para bendecir como: “mundo de maldad”, “está encendida por el infierno mismo”, “está llena de veneno mortal”. Es necesario que reflexionemos acerca del daño que nos hacemos con nuestras propias palabras: “Cada uno comerá hasta el cansancio del fruto de sus palabras” Prov. 18,20.

 

La mayoría de los creyentes desconocemos la realidad bíblica y por eso sufrimos las consecuencias de nuestras propias palabras mal utilizadas: “Mi pueblo no tiene conocimiento, por eso ha sido destruido. Y a ti, sacerdote, que rechazaste el conocimiento, yo te rechazo de mi sacerdocio.” Oseas 4,6.

 

Por eso es muy importante que antes de hablar pensemos lo que vamos a decir, es asombrosa la frecuencia con que la gente maldice, especialmente hoy en día, de repente escuchamos a aquellos estudiantes maldiciendo al profesor, al amigo, al novio, la novia, incluso entre hermanos.

 

La invitación de esta tarde es que de nuestra boca solamente salgan bendiciones para todas esas personas que nos rodean; nuestras palabras tienen mucho poder, y debemos usar ese poder para el bien. No permitamos que nuestras propias palabras nos arruinen, si tenemos mal genio, pidámosle al Señor que nos ayude a controlarlo; si tenemos resentimiento hacia alguien, en vez de criticar, callemos; si nos han hecho daño bendigamos y es así como lograremos prosperar. Nos dice la Escritura en 1 Pe 3,9: “No devolváis mal por mal, ni insulto por insulto; por el contrario, bendecid, pues habéis sido llamados a heredar la bendición.” Vivamos tranquilos y controlemos nuestras palabras, no sea que nuestras palabras nos metan en problemas.

 

Por eso pidamos a Dios que nos llene de su amor, de su bondad, para que podamos controlar nuestra boca, digámosle lléname de ti.

 

Oración Final

Padre eterno, en nombre de Cristo Jesús, te pedimos que pongas un ángel vigilante en nuestra boca para no murmurar, para no ofender a nadie, que sólo se mueva nuestra boca para elogiar, para bendecir. Te pedimos Señor que cada vez que nuestros labios quieran moverse para el mal Tú los selles con la fuerza del Espíritu Santo y con la Sangre de Jesucristo y así no hacerme ni hacer daño a nadie. Destruye Señor, con la Sangre de Jesucristo cualquier palabra que no venga de ti. Sana nuestra lengua de la murmuración, mentira, de las ironías, de las groserías, de maldecir, Señor, llénanos de ti.

 

Padre Nuestro.

Ave María.

Gloria.

 

 

Ya para finalizar esta noche es muy importante que nosotros estemos siempre en busca de Dios. Algo realmente importante en la vida de todo ser humano es buscar a Dios, porque dice la Escritura que los buscan a Dios encontrarán recompensa. Es por eso hermanos, hermanas que esta noche en que hemos reflexionado el poder de nuestras palabras, yo te digo, busca a Dios en todo momento, en todo lugar y entonces hallarás la prosperidad.

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