sábado, 24 de enero de 2026


 

HORA SANTA

PASOS PARA ALCANZAR LA PROSPERIDAD # 6

 

Muy buenas tardes, hoy como cada semana nos reunimos ante Jesús Eucaristía para adorarlo, glorificarlo, decirle que lo amamos y también para poner en sus manos toda nuestra vida, especialmente ese aspecto, esa situación que nos está perturbando.

 

Recuerdo que cuando empecé a venir a la Iglesia, lo hacía solamente por venir a buscar a una muchacha que enamoraba, pero los planes de Dios eran otros, terminé enamorándome de Él, y recuerdo que siempre que me sentía triste, me sentía mal, siempre, siempre venía a esta Capilla, no importaba la hora, yo venía y aquí, delante de Él algo pasaba, algo sucedía en mi interior, después de estar aquí por un rato, me sentía bien, sentía que podía todavía seguir luchando, comprendí que en Su Presencia hay consuelo.

 

Canto: En Su Presencia

 

Señor, qué bello es estar en tu Presencia, sentir tu Amor, tu Consuelo, eres nuestra Fortaleza, nuestro Refugio, ponemos en tus manos todas nuestras necesidades, todas nuestras penas y enfermedades. Derrama tu Sangre Preciosa sobre nosotros y bendícenos.

 

Dios creó al hombre para que se relacionara con los demás, pero desafortunadamente vivimos en un mundo donde el egoísmo gana terreno día a día. Cada uno piensa en sí mismo sin tener en cuenta al prójimo y muchas veces causamos daño a los demás con tal de alcanzar lo que queremos, esto ha llevado a detener el progreso no sólo personal, sino que esta afectando la sociedad.

 

Nos hemos vuelto insensibles al dolor ajeno hasta tal punto que se ha perdido el amor, desencadenándose la guerra de tal forma que esto ha afectado nuestra economía. Estamos viviendo estas circunstancias de tal manera que el dolor, la angustia están afectando el interior del hombre porque los corazones han perdido la paz.

 

Dice la Escritura: “Sabemos que somos de Dios y que el mundo entero está bajo el poder del maligno. Sabemos también que el Hijo de Dios ha venido y nos ha dado discernimiento para conocer al Dios verdadero” 1 Juan 5,19-20. Así es, Dios nos ha dado el discernimiento para conocerle y saber distinguir entre lo correcto y lo incorrecto, por eso debemos inquietarnos, cambiar nuestro corazón para empezar a darnos a los demás y así Dios mantendrá la bendición sobre nuestra casa y el mal se apartará de ella. Por esa razón en nuestro camino hacia la prosperidad tenemos este paso, EL DESPRENDIMIENTO, debemos limpiar nuestro corazón de toda basura que haya en él, odio, temores, angustia, tristeza y eso, solamente Jesucristo puede hacerlo. Es preciso que dejemos que el Señor limpie, renueve nuestro corazón y saque de él toda avaricia, pereza, todo eso que nos impide compartir nuestros bienes, ya sean materiales o espirituales, con los demás.

 

Cierra tus ojos, abre tu corazón y pídele al Señor Jesús que renueve tu corazón, tu interior, que te enseñe a ser generoso, a no pensar: “si apenas tengo para mí, cómo voy a compartir”.

 

Canto: Renuévame

 

Señor Jesús, hoy te pedimos que pases tu mirada sobre nuestro corazón y lo renueves; quita toda la basura que hay dentro de él, odios, resentimientos, venganza, amargura, egoísmo. Te pedimos Señor, que nos des la gracia de darnos a los demás sin prejuicios, porque dando es como se recibe y así llego a la prosperidad. Bendícenos Señor, bendito seas, gloria a tu Santo Nombre.

 

El valor del desprendimiento consiste en saber utilizar correctamente nuestros bienes y recursos evitando apegarse a ellos y, si es necesario, para ponerlos al servicio de los demás.


El desprendimiento como valor se origina al reconocer que todos tenemos necesidades y en algunos casos encontramos personas con carencias. En cualquier situación debemos superar nuestro egoísmo e indiferencia para colaborar en el bienestar de los demás, no importa si es mucho o poco lo que hacemos y aportamos, lo importante es tener la conciencia de ofrecer algo, de aportar. En la generosidad que requiere el desprendimiento no cabe el ofrecer algo que nos sobra.


El valor del desprendimiento tiene que ver con varios aspectos, entre ellos: la importancia que le damos a las cosas, el uso que hacemos de ellas y la intención que tenemos para ponerlas al servicio de los demás.


En ocasiones vivimos y trabajamos sin descanso para poseer aquello que tanto nos ilusiona (autos, joyas, ropa, aparatos, etc.) y nuestra vida se mueve a ese compás, sin embargo, si no tenemos cuidado puede llegar el momento en que a pesar de la insatisfacción que nos produce llenarnos de cosas, pretendemos que éstas llenen un vacío interior.


A veces en broma, pero muchas veces en serio hemos escuchado decir de alguien: “quiere más a su coche que a (...)”, “ni se te ocurra tocar sus (...) porque tendrás problemas”, “ni se lo pidas, jamás presta lo que tiene”, “todo su dinero lo ocupa para (...)”, etc., todas ellas reflejan a una persona con apego inmoderado por lo que tiene. Debemos recordar que, en el orden de los afectos, las personas y su bienestar ocupan el primer lugar antes que nuestra persona misma o lo que poseemos.


Existen personas que ponen el corazón en las cosas materiales. A veces por los recuerdos que evocan, pero en otras debido al valor económico que tienen o simplemente por el trabajo que supuso adquirirlos. A esta particular forma de afecto se le llama apego y de ninguna manera se relaciona con el hecho de cuidar las cosas y hacer buen uso de ellas.



Cuando nuestro aprecio es mayor por las cosas que por las personas, nos parece absurdo compartir lo que tenemos, o en su defecto lo hacemos a regañadientes. El desprendimiento supone un esfuerzo para superar ese sentimiento de posesión y exclusividad de lo que poseemos para ofrecerlo gustosamente a los demás.


No debemos confundir el desprendimiento con el hecho de deshacernos de todo aquello que no utilizamos, que es inservible o se ha convertido en un estorbo, esta actitud manifiesta poco respeto por la persona que lo recibe, independientemente de su condición y situación actual. Somos tan soberbios que consideramos un insulto recibir algo de segunda mano, ¿por qué los demás deben soportar lo que nosotros consideramos desprecio?


Puede parecer que este valor se enfoca únicamente a objetos, pero nuestros recursos van más allá de lo que se puede tocar, poseemos conocimientos, cualidades y habilidades que muchas veces nos cuesta trabajo poner a disposición de las personas, porque requiere prescindir de nuestro descanso, gustos, preferencias y comodidades para llevarse a efecto.


Nos sorprendemos con el médico que atiende enfermos sin cobrar honorarios; personas que pasan los días trabajando en obras de caridad; profesores que trabajan horas extras desinteresadamente; padres de familia que se niegan gustos y diversiones personales para pensando en su familia; lo más inaudito es que muchos de ellos no viven en una condición del todo desahogada. El verdadero desprendimiento no tiene medida, sin calcular cuánto es lo indispensable para cumplir, es una entrega generosa de todo, Sí, de todo lo que tenemos.


Para vivir el desprendimiento podemos:


Hacer una lista de las cosas que tenemos y determinar cuales realmente necesitamos y cuales son caprichos, vanidades, etc.


- Ayudar a una obra de caridad haciendo una aportación significativa, de acuerdo con nuestras posibilidades.


- Enseñar a otros algo que sepamos hacer bien (sin olvidar de enseñarles los “secretos” que pudieras atesorar sobre el tema)


- Regalar o donar un bien al que sintamos que nos hemos apegado.


- Procurar decir más veces “si” cuando nos pidan algo prestado sin poner pretextos.

El valor del desprendimiento ayudará a nuestra sociedad al convertirnos en personas más altruistas y generosas, brindará un mejor ambiente en nuestras relaciones con amigos y familiares y nos convertirá en personas que tienen el corazón puesto en el lugar correcto.

 

El desprendimiento nos ayuda a recibir las bendiciones de Dios en nuestra vida. Recordemos que la Escritura, especialmente en persona de Jesús, nos invita a hacer obras de misericordia con los demás, dice el Señor: Todo lo que hiciste por los pobres, conmigo lo hiciste. Y es que cuando nosotros damos, Dios nos regresa el ciento por uno.

 

Oración Final

Señor, ayúdame a comprender que todo lo que me regalas está hecho para que lo comparta. Tú quieres llenarme de cosas bellas para que de esta manera pueda ser como un cántaro que sacie la sed de los demás.

 

Me has elegido para que comunique un poco de felicidad a mis hermanos. Pero muchas veces me cuesta compartir mis cosas y brindar mi tiempo a los demás. Te pido humildemente que puedas abrir mi corazón egoísta cuando veas que me está faltando el amor, Te pido Espíritu Santo que pueda encontrar el Gozo en mi vida dándome a los demás.

 

Ayúdame también a lograr un corazón generoso, no permitas que me prive de esa alegría. No permitas que me quede encerrado sólo en mis propias preocupaciones y problemas, ayúdame a descubrir a Jesús en cada hermano que esté a mi alrededor. Ven Espíritu Santo. Amén.

 

Padre Nuestro.

Ave María.

Gloria.

 

 

El corazón en el Señor

La Iglesia nos hace muchas llamadas para que nos soltemos de las cosas de esta tierra, y llenar así de Dios nuestro corazón. En una lectura de la Misa nos dice el profeta Jeremías: Bendito quien confía en el Señor, y pone en Él su confianza: Será un árbol plantado junto al agua, que junto a la corriente echa raíces; cuando llegue el estío no lo sentirá, su hoja estará verde, en el año de sequía no se inquieta, no deja de dar fruto. El Señor cuida del alma que tiene puesto en Él su corazón.

Quien pone su confianza en las cosas de la tierra, apartando su corazón del Señor, está condenado a la esterilidad y a la ineficacia para aquello que realmente importa: será como un cardo en la estepa, no verá llegar el bien; habitará en la aridez del desierto, tierra salobre e inhóspita.

Los bienes materiales son medios buenos               

El Señor desea que nos ocupemos de las cosas de la tierra, y las amemos correctamente: Poseed y dominad la tierra. Pero una persona que ame «desordenadamente» las cosas de la tierra no dejan lugar en su alma para el amor a Dios. Son incompatibles el «apegamiento» a los bienes y querer al Señor: no podéis servir a Dios y a las riquezas. Las cosas pueden convertirse en una atadura que impida alcanzar a Cristo. Y si no llegamos hasta Él, ¿para qué sirve nuestra vida? «Para llegar a Dios, Cristo es el camino; pero Cristo está en la Cruz, y para subir a la Cruz hay que tener el corazón libre, desasido de las cosas de la tierra» [Beato Josemaría Escrivá].

 El nos dio ejemplo: pasó por los bienes de esta tierra con perfecto señorío y con la más plena libertad. Siendo rico, por nosotros se hizo pobre. Para seguirle, nos dejó a todos una condición indispensable: cualquiera de vosotros que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo. Esta condición es también imprescindible para quienes le quieran seguir en medio del mundo. Este no renunciar a los bienes llenó de tristeza al joven rico, que tenía muchas posesiones y estaba muy apegado a ellas. ¡Cuánto perdió aquel día este hombre joven que tenía «cuatro cosas», que pronto se le escaparían de las manos!

La idolatría de las cosas           

Los bienes materiales son buenos, porque son de Dios. Son medios que Dios ha puesto a disposición del hombre desde su creación, para su desarrollo en la sociedad con los demás. Somos administradores de esos bienes durante un tiempo, por un plazo corto. Todo nos debe servir para amar a Dios –Creador y Padre– y a los demás. Si nos apegamos a las cosas que tenemos y no hacemos actos de desprendimiento efectivo, si los bienes no sirven para hacer el bien, si nos separan del Señor, entonces no son bienes, se convierten en males. Se excluye del reino de los cielos quien pone las riquezas como centro de su vida; idolatría llama San Pablo a la avaricia. Un ídolo ocupa entonces el lugar que sólo Dios debe ocupar.

        Se excluye de una verdadera vida interior, de un trato de amor con el Señor, aquel que no rompe las amarras, aunque sean finas, que atan de modo desordenado a las cosas, a las personas, a uno mismo. «Porque poco se me da –dice San Juan de la Cruzque un ave esté asida a un hilo delgado en vez de a uno grueso, porque, aunque sea delgado, tan asida estará a él como al grueso, en tanto que no le quebrare para volar. Verdad es que el delgado es más fácil de quebrar; pero, por fácil que es, si no lo rompe, no volará».

        El desprendimiento aumenta nuestra capacidad de amar a Dios, a las personas y a todas las cosas nobles de este mundo.

Canto: Voy a prosperar

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