HORA SANTA
PASOS PARA
ALCANZAR LA PROSPERIDAD # 6
Muy buenas tardes, hoy como cada semana nos reunimos ante
Jesús Eucaristía para adorarlo, glorificarlo, decirle que lo amamos y también
para poner en sus manos toda nuestra vida, especialmente ese aspecto, esa
situación que nos está perturbando.
Recuerdo que cuando empecé a venir a la Iglesia, lo hacía
solamente por venir a buscar a una muchacha que enamoraba, pero los planes de
Dios eran otros, terminé enamorándome de Él, y recuerdo que siempre que me
sentía triste, me sentía mal, siempre, siempre venía a esta Capilla, no
importaba la hora, yo venía y aquí, delante de Él algo pasaba, algo sucedía en
mi interior, después de estar aquí por un rato, me sentía bien, sentía que
podía todavía seguir luchando, comprendí que en Su Presencia hay consuelo.
Canto: En Su
Presencia
Señor, qué bello es estar en tu Presencia, sentir tu Amor,
tu Consuelo, eres nuestra Fortaleza, nuestro Refugio, ponemos en tus manos
todas nuestras necesidades, todas nuestras penas y enfermedades. Derrama tu
Sangre Preciosa sobre nosotros y bendícenos.
Dios creó al hombre para que se relacionara con los demás,
pero desafortunadamente vivimos en un mundo donde el egoísmo gana terreno día a
día. Cada uno piensa en sí mismo sin tener en cuenta al prójimo y muchas veces
causamos daño a los demás con tal de alcanzar lo que queremos, esto ha llevado
a detener el progreso no sólo personal, sino que esta afectando la sociedad.
Nos hemos vuelto insensibles al dolor ajeno hasta tal punto
que se ha perdido el amor, desencadenándose la guerra de tal forma que esto ha
afectado nuestra economía. Estamos viviendo estas circunstancias de tal manera
que el dolor, la angustia están afectando el interior del hombre porque los
corazones han perdido la paz.
Dice
Cierra tus ojos, abre tu corazón y pídele al Señor Jesús
que renueve tu corazón, tu interior, que te enseñe a ser generoso, a no pensar:
“si apenas tengo para mí, cómo voy a compartir”.
Canto: Renuévame
Señor Jesús, hoy te pedimos que pases tu mirada sobre
nuestro corazón y lo renueves; quita toda la basura que hay dentro de él,
odios, resentimientos, venganza, amargura, egoísmo. Te pedimos Señor, que nos
des la gracia de darnos a los demás sin prejuicios, porque dando es como se
recibe y así llego a la prosperidad. Bendícenos Señor, bendito seas, gloria a
tu Santo Nombre.
El valor del desprendimiento consiste en saber
utilizar correctamente nuestros bienes y recursos evitando apegarse a ellos y,
si es necesario, para ponerlos al servicio de los demás.
El desprendimiento como valor se origina al reconocer que todos tenemos
necesidades y en algunos casos encontramos personas con carencias. En cualquier
situación debemos superar nuestro egoísmo e indiferencia para colaborar en el
bienestar de los demás, no importa si es mucho o poco lo que hacemos y
aportamos, lo importante es tener la conciencia de ofrecer algo, de aportar. En
la generosidad que requiere el desprendimiento no cabe el ofrecer algo que nos
sobra.
El valor del desprendimiento tiene que ver con varios aspectos, entre ellos: la
importancia que le damos a las cosas, el uso que hacemos de ellas y la
intención que tenemos para ponerlas al servicio de los demás.
En ocasiones vivimos y trabajamos sin descanso para poseer aquello que tanto
nos ilusiona (autos, joyas, ropa, aparatos, etc.) y nuestra vida se mueve a ese
compás, sin embargo, si no tenemos cuidado puede llegar el momento en que a
pesar de la insatisfacción que nos produce llenarnos de cosas, pretendemos que
éstas llenen un vacío interior.
A veces en broma, pero muchas veces en serio hemos escuchado decir de alguien:
“quiere más a su coche que a (...)”, “ni se te ocurra tocar sus (...) porque
tendrás problemas”, “ni se lo pidas, jamás presta lo que tiene”, “todo su
dinero lo ocupa para (...)”, etc., todas ellas reflejan a una persona con apego
inmoderado por lo que tiene. Debemos recordar que, en el orden de los afectos,
las personas y su bienestar ocupan el primer lugar antes que nuestra persona
misma o lo que poseemos.
Existen personas que ponen el corazón en las cosas materiales. A veces por los
recuerdos que evocan, pero en otras debido al valor económico que tienen o
simplemente por el trabajo que supuso adquirirlos. A esta particular forma de
afecto se le llama apego y de ninguna manera se relaciona con el hecho de
cuidar las cosas y hacer buen uso de ellas.
Cuando nuestro aprecio es mayor por las cosas
que por las personas, nos parece absurdo compartir lo que tenemos, o en su
defecto lo hacemos a regañadientes. El desprendimiento supone un esfuerzo para
superar ese sentimiento de posesión y exclusividad de lo que poseemos para
ofrecerlo gustosamente a los demás.
No debemos confundir el desprendimiento con el hecho de deshacernos de todo
aquello que no utilizamos, que es inservible o se ha convertido en un estorbo,
esta actitud manifiesta poco respeto por la persona que lo recibe,
independientemente de su condición y situación actual. Somos tan soberbios que
consideramos un insulto recibir algo de segunda mano, ¿por qué los demás deben
soportar lo que nosotros consideramos desprecio?
Puede parecer que este valor se enfoca únicamente a objetos, pero nuestros
recursos van más allá de lo que se puede tocar, poseemos conocimientos,
cualidades y habilidades que muchas veces nos cuesta trabajo poner a
disposición de las personas, porque requiere prescindir de nuestro descanso,
gustos, preferencias y comodidades para llevarse a efecto.
Nos sorprendemos con el médico que atiende enfermos sin cobrar honorarios;
personas que pasan los días trabajando en obras de caridad; profesores que
trabajan horas extras desinteresadamente; padres de familia que se niegan
gustos y diversiones personales para pensando en su familia; lo más inaudito es
que muchos de ellos no viven en una condición del todo desahogada. El verdadero
desprendimiento no tiene medida, sin calcular cuánto es lo indispensable para
cumplir, es una entrega generosa de todo, Sí, de todo lo que tenemos.
Para vivir el desprendimiento podemos:
Hacer una lista de las cosas que tenemos y determinar cuales realmente
necesitamos y cuales son caprichos, vanidades, etc.
- Ayudar a una obra de caridad haciendo una aportación significativa, de
acuerdo con nuestras posibilidades.
- Enseñar a otros algo que sepamos hacer bien (sin olvidar de enseñarles los
“secretos” que pudieras atesorar sobre el tema)
- Regalar o donar un bien al que sintamos que nos hemos apegado.
- Procurar decir más veces “si” cuando nos pidan algo prestado sin poner
pretextos.
El valor del desprendimiento ayudará a nuestra sociedad al convertirnos en
personas más altruistas y generosas, brindará un mejor ambiente en nuestras
relaciones con amigos y familiares y nos convertirá en personas que tienen el
corazón puesto en el lugar correcto.
El desprendimiento nos ayuda a recibir las
bendiciones de Dios en nuestra vida. Recordemos que
Oración Final
Señor, ayúdame a comprender que todo lo que me
regalas está hecho para que lo comparta. Tú quieres llenarme de cosas bellas para
que de esta manera pueda ser como un cántaro que sacie la sed de los demás.
Me has elegido para que comunique un poco de
felicidad a mis hermanos. Pero muchas veces me cuesta compartir mis cosas y brindar
mi tiempo a los demás. Te pido humildemente que puedas abrir mi corazón egoísta
cuando veas que me está faltando el amor, Te pido Espíritu Santo que pueda
encontrar el Gozo en mi vida dándome a los demás.
Ayúdame también a lograr un corazón generoso,
no permitas que me prive de esa alegría. No permitas que me quede encerrado
sólo en mis propias preocupaciones y problemas, ayúdame a descubrir a Jesús en
cada hermano que esté a mi alrededor. Ven Espíritu Santo. Amén.
Padre Nuestro.
Ave María.
Gloria.
El
corazón en el Señor
La Iglesia nos hace
muchas llamadas para que nos soltemos de las cosas de esta tierra, y llenar así
de Dios nuestro corazón. En una lectura de
Quien
pone su confianza en las cosas de la tierra, apartando su corazón del Señor,
está condenado a la esterilidad y a la ineficacia para aquello que realmente
importa: será como un cardo en la estepa, no verá llegar el bien; habitará
en la aridez del desierto, tierra salobre e inhóspita.
Los
bienes materiales son medios buenos
El Señor desea que nos
ocupemos de las cosas de la tierra, y las amemos correctamente: Poseed y
dominad la tierra. Pero una persona que ame «desordenadamente» las cosas de
la tierra no dejan lugar en su alma para el amor a Dios. Son incompatibles el
«apegamiento» a los bienes y querer al Señor: no podéis servir a Dios y a
las riquezas. Las cosas pueden convertirse en una atadura que impida
alcanzar a Cristo. Y si no llegamos hasta Él, ¿para qué sirve nuestra vida? «Para
llegar a Dios, Cristo es el camino; pero Cristo está en
El
nos dio ejemplo: pasó por los bienes de esta tierra con perfecto señorío y con
la más plena libertad. Siendo rico, por nosotros se hizo pobre. Para
seguirle, nos dejó a todos una condición indispensable: cualquiera de
vosotros que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.
Esta condición es también imprescindible para quienes le quieran seguir en
medio del mundo. Este no renunciar a los bienes llenó de tristeza al joven
rico, que tenía muchas posesiones y estaba muy apegado a ellas. ¡Cuánto
perdió aquel día este hombre joven que tenía «cuatro cosas», que pronto se le
escaparían de las manos!
La
idolatría de las cosas
Los bienes materiales
son buenos, porque son de Dios. Son medios que Dios ha puesto a disposición del
hombre desde su creación, para su desarrollo en la sociedad con los demás.
Somos administradores de esos bienes durante un tiempo, por un plazo corto. Todo
nos debe servir para amar a Dios –Creador y Padre– y a los demás. Si nos
apegamos a las cosas que tenemos y no hacemos actos de desprendimiento
efectivo, si los bienes no sirven para hacer el bien, si nos separan del Señor,
entonces no son bienes, se convierten en males. Se excluye del reino de los
cielos quien pone las riquezas como centro de su vida; idolatría llama San
Pablo a la avaricia. Un ídolo ocupa entonces el lugar que sólo Dios debe
ocupar.
Se
excluye de una verdadera vida interior, de un trato de amor con el Señor, aquel
que no rompe las amarras, aunque sean finas, que atan de modo desordenado a las
cosas, a las personas, a uno mismo. «Porque poco se me da –dice San Juan
de
El
desprendimiento aumenta nuestra capacidad de amar a Dios, a las personas y a
todas las cosas nobles de este mundo.
Canto: Voy a prosperar
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