HORA SANTA
PASOS PARA
ALCANZAR LA PROSPERIDAD # 7
Estamos esta tarde delante de Señor, presentémosle nuestras
necesidades, nuestras inquietudes, esas cosas o situaciones que no nos dejan
tranquilos, que no nos dejan dormir, presentemos a Jesucristo, Nuestro Señor,
todo eso que traemos esta tarde, nuestro cansancio, nuestra fatiga, nuestras
alegrías, nuestras tristezas. Ahora que el día va cayendo, pidamos al Señor que
nos llene de su amor y bondad.
Canto: Cuando el
día va cayendo
Aquí estamos esta tarde Señor, después de una jornada más
de trabajo en la oficina, en la casa, en el colegio; aquí estamos poniendo ante
tu Presencia nuestras necesidades, nuestra fatiga, renueva nuestras fuerzas,
perdona nuestras faltas y bendícenos Señor.
esta tarde vamos a reflexionar, en Presencia del Señor, en
un momento de oración, nuestro séptimo paso, el cual es DAR EL DIEZMO. Debemos comprender lo maravilloso que es darle a
Dios lo que le pertenece. La clave para la prosperidad está en aprender a darle
a Dios lo que le corresponde como buenos administradores de Dios, recordemos
que anteriormente decíamos que nosotros solamente somos administradores de los
bienes que Dios nos ha dado. Dios no necesita materialmente de nada, lo que
Dios quiere es probar nuestra fidelidad a Él.
En Malaquías 3 el Señor habla de robar cuando dice: “¿Acaso un hombre puede robar a Dios? El
mismo Señor lo afirma. Ustedes me han robado.” ¿Y todavía creemos que no le
hemos robado? La misma Palabra nos exhorta que le hemos robado en el diezmo y
las ofrendas, el mismo Señor dice en su Palabra: “Por eso voy a maldecirlos”. Cuántos hogares en lugar de estar bajo
bendición prefieren vivir desprotegidos por no dar los diezmos que le
corresponden. La promesa es que abrirá las ventanas de los cielos para vaciar sobre
sus hogares las más ricas bendiciones y preservará su casa de la ruina, el
mismo Dios promete que no dejará entrar al devorador a hacer daño alguno.
Pero, ante todo esto ¿Qué es el diezmo? Significa la décima
parte de las ganancias. “Cada año, sin
falta, deberán ustedes apartar la décima parte de todo el grano que cosechen”
Deuteronomio 14,22.
Sin embargo, en nuestra Diócesis, el Señor Arzobispo ha
decretado como diezmo dos días de haber al año, es decir, dos días de sueldo al
año, que en realidad es algo muy por debajo de lo que nos dice el diezmo
bíblico.
Todos los creyentes debemos dar el diezmo. Para romper las
maldiciones de ruina la única manera es empezando a dar el diezmo. Haz la
prueba y verás grandes resultados: “Traigan
si diezmo al tesoro del templo, y así habrá alimentos en mi casa. Pónganme a
prueba en esto, a ver si no les abro las puertas del cielo para vaciar sobre
ustedes la más rica bendición. No dejaré que las plagas destruyan sus cosechas
y sus viñedos. Malaquías 3,10-11. No presentemos excusas como éstas: “casi
no me alcanza el dinero”, “no estoy de acuerdo porque los sacerdotes son unos
ladrones”, “para mí es demasiado”, “no es obligatorio”, “no llevo la cuenta de
mis entradas”, “tengo muchos gastos”. De ti depende tu prosperidad. Recordemos
a aquel muchacho de
Canto: Aquí hay un muchacho
Por supuesto el diezmo debe ser entregado a los sacerdotes.
En el A. T. se habla del Rey Exequias, quien ordenó a la gente dar lo mejor de
sus productos como diezmo y así no pasarían necesidades, “También ordenó a la gente que vivía en Jerusalén que entregaran a los
sacerdotes y levitas la contribución que le correspondía para que pudieran
dedicarse con todo empeño a cumplir la ley del Señor. Y cuando la orden se
difundió, los israelitas dieron con gran generosidad lo mejor de su cosecha de
trigo, vino, aceite, miel y toda clase de productos del campo. También llevaron
la décima parte de todos sus productos, en gran cantidad.” 2Crónicas
31,4-5.
Y el Señor bendijo abundantemente a su pueblo: “Y el sumo sacerdote Azarías, les respondió:
desde que empezaron a traer la contribución al templo del Señor, hemos tenido
suficiente para comer y aún ha sobrado mucho; toda esta cantidad ha sobrado,
porque el Señor ha bendecido a su pueblo” 2Crónicas 31,10.
Como decíamos hace un momento, de cada uno de nosotros
depende nuestra prosperidad. Si no queremos llevar nuestro diezmo a la Iglesia,
a los sacerdotes, los únicos que perdemos somos nosotros, porque, para empezar,
ese dinero no se les queda a los sacerdotes, en segundo, si no damos nuestro
diezmo, Dios no se vuelve pobre.
Pensemos que cuando damos nuestro diezmo no es que le
estemos pagando a Dios, más bien le estamos siendo agradecidos por todo lo que
nos ha dado, y eso hace que, Dios al ver nuestro corazón agradecido y generoso,
nos llene de muchas más bendiciones.
Claro que no se trata de que: “Señor ya di mi diezmo, dame
un auto último modelo”. Las bendiciones que Dios tiene para ti, no son
precisamente monetarias. Puede ser que por entregar tu diezmo el Señor te sane
de aquel dolor que padecías desde hace muchos años, te quite aquella
enfermedad, o que aquella persona que tanto te preocupa, salga adelante; si
nosotros damos nuestro diezmo Dios nos bendice.
Mucha gente que ataca a la Iglesia piensa o dice burlándose
de los sacerdotes: ¿Entonces, si no pago mi diezmo, Dios no me bendice? No se
trata de una condición, se trata de un enamoramiento, cuando amamos a una
persona tratamos de darle todo y si esa persona nos corresponde ese amor le
damos todavía más, así es Dios, nos da un poco primero, si nosotros somos
agradecidos con Él, seguramente nos dará más y más y más.
Igual nos topamos con gente que dice: “gracias a mi trabajo”,
“gracias a mi sueldo”, “gracias a mi donativo”, “gracias a mí”. Dios no quiere
eso, lo que Dios nos pide con el diezmo es que reconozcamos que todo viene de
su Divina Providencia, que nada es nuestro mérito.
Por eso en este momento pidamos al Señor que haga de
nosotros una ofrenda de amor, que como decíamos la semana pasada, seamos
desprendidos, especialmente con Él que tanto nos ama.
Canto: Haz de mí
una ofrenda
Bendito Jesús, hoy me arrepiento de todos mis pecados que he cometido hasta hoy. Sé que soy pecador, líbrame de las deudas, de la ruina, de la escasez, del fracaso, de la miseria. Quiero romper, con el diezmo, la maldición de la ruina. Ayúdame a partir de hoy a diezmarte con amor, deseo honrarte con los diezmos, sabes que por desconocimiento de tu Palabra no había dado mis diezmos. Sé que tú mismo vas a sacar de mi casa al enemigo, trayendo la prosperidad y aplastando a todos los espíritus que impiden que tu bendición llegue sobre mis finanzas, con tu poder infinito corto todas las ataduras que oprimen mi economía. Amén
Padre Nuestro.
Ave María.
Gloria.
Para terminar es muy importante que nosotros sepamos que,
ciertamente el diezmo es un mandato del Señor y se encuentra en
Canto: Amarte solo
a ti

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