HORA SANTA
PASOS PARA
ALCANZAR LA PROSPERIDAD # 3
Bendito sea el Señor que nos convoca una vez más para estar
en su Presencia, en este momento de oración. Dispongamos nuestro ser entero
para este momento, olvida esas tensiones que te agobian, esos problemas que no
dejan de rondar tu mente, ponlo todo en las manos de Jesús, con la certeza, la
seguridad de que Él va a actuar en tu vida.
Aquí estamos Señor esta tarde, te pedimos que perdones
nuestros pecados, nuestra falta de amor, nuestra maldad y que nos bendigas para
poder salir adelante en las adversidades, hoy Señor Jesús, te pedimos que
derrames bendiciones sobre nosotros y nuestra familia.
Esta tarde reflexionaremos nuestro tercer paso en este
caminar hacia la prosperidad: TENER
Entonces, nos dice
Es muy fácil decir que tenemos fe mientras no estemos
atravesando por una dificultad. Una las cosas más difíciles de nuestra vida es
aplicar la fe en los momentos de adversidad.
Muchos se desaniman o se revelan contra Dios en el momento
de la crisis debido a que los invade el temor y terminan dudando. La duda es un
sentimiento negativo que nos quita el ánimo produciendo angustia,
desesperación, causando mucho daño en el interior del hombre, robándole la paz.
La duda impide en las personas la capacidad de seguir
luchando y a la vez impide su progreso espiritual y material. Tenemos que estar
firmes en que la misericordia de Dios es más grande que cualquier problema que
podamos tener, que su poder es infinito, capaz de darnos la victoria sobre
cualquier necesidad, “Acerquémonos, pues,
con confianza al trono de nuestro Dios amoroso, para que Él tenga misericordia
de nosotros y en su bondad nos ayude en la hora de necesidad.” Hebreos 4,16
En ocasiones ese dardo del enemigo, esa duda nos lleva a
pensar “Dios no me escucha; porque si lo hiciera me respondería”. Presta
atención a la siguiente historia.
Escuchando en
silencio
Según una antigua leyenda, había un hombre llamado Haakon que cuidaba una
ermita. A ella acudía la gente a orar con mucha devoción. En esta ermita había
una cruz muy antigua. Muchos acudían ahí para pedirle a Cristo algún milagro.
Un día el ermitaño Haakon quiso pedirle un favor. Lo impulsaba un sentimiento
generoso. Se arrodilló ante la cruz y dijo:
"Señor, quiero padecer por ti. Déjame ocupar tu puesto. Quiero
reemplazarte en
El Señor abrió sus labios y habló. Sus palabras cayeron de lo alto, susurrantes
y amonestadoras: "Siervo mío, accedo a tu deseo, pero ha de ser con una
condición."
¿Cuál Señor? preguntó con acento suplicante Haakon. ¿Es una condición difícil?
¡Estoy dispuesto a cumplirla con tu ayuda Señor! respondió el viejo ermitaño.
"Escucha: Suceda lo que suceda y veas lo que veas, has de guardarte en
silencio siempre".
Haakon contestó: "¡Os lo prometo, Señor!"
Y se efectuó el cambio. Nadie advirtió el trueque. Nadie reconoció al ermitaño,
colgado con los clavos en
Y éste por largo tiempo cumplió el compromiso.
A nadie dijo nada, pero un día, llegó un
rico, después de haber orado, dejó allí olvidada su cartera. Haakon lo vio y
calló. Tampoco dijo nada cuando un pobre, que vino dos horas después y se
apropió de la cartera del rico. Ni tampoco dijo nada cuando un muchacho se
postró ante él poco después para pedirle su gracia antes de emprender un largo
viaje. Pero en ese momento volvió a entrar el rico en busca de la bolsa. Al no
hallarla, pensó que el muchacho se la había apropiado. El rico se volvió al
joven y le dijo iracundo:
- "¡Dame la bolsa que me has robado!"
El joven sorprendido replicó:
- "¡No he robado ninguna bolsa!"
- "¡No mientas, devuélvemela
enseguida!"
- "Le repito que no he cogido ninguna
bolsa!"
El rico arremetió furioso contra él. Sonó entonces una voz fuerte:
- "¡Detente!"
El rico miró hacia arriba y vio que la imagen le hablaba. Haakon, que no pudo
permanecer en silencio, gritó, defendió al joven, increpó al rico por la falsa
acusación. Este quedó anonadado y salió de
-
"Baja de
-
"Señor, ¿cómo iba a permitir esa injusticia?"
Se cambiaron los oficios. Jesús ocupó
El Señor, siguió hablando: "Tú no sabías
que al rico le convenía perder la bolsa, pues llevaba en ella el precio de la
virginidad de una joven mujer. El pobre, por el contrario, tenía necesidad de
ese dinero e hizo bien en llevárselo; en cuanto al muchacho que iba a ser
golpeado, sus heridas le hubiesen impedido realizar el viaje que para él
resultaría fatal. Ahora, hace unos minutos acaba de zozobrar el barco y él ha
perdido la vida. Tú no sabías nada. Yo sí sé. Por eso callo".
Y el señor nuevamente guardó silencio.
Muchas veces nos preguntamos por qué razón
Dios no nos contesta. ¿Por qué razón se queda callado Dios? Muchos de nosotros
quisiéramos que Él nos respondiera lo que deseamos oír, pero, Dios no es así.
Dios nos responde aún con el silencio. Debemos aprender a escucharlo. Su divino
silencio son palabras destinadas a convencernos de que, Él sabe lo que está
haciendo. En su silencio nos dice con amor: confía en Mí, que sé bien lo que
debo hacer.
Por eso hermano, hermana quiero decirte está
noche, donde quiera que te encuentres Él contigo va, nunca te deja, ya no
dudes, ten confianza en que el Señor ha escuchado tu oración y recuerda su
Palabra: “Todo lo que pidan en oración,
con fe, lo recibirán”.
Oración Final
Bendito Jesús, hoy queremos lanzarnos al
inmenso mar de tu misericordia para que invadas nuestro interior de paz y
obtengamos la gracia que más estamos necesitando. Arranca de nosotros el
desasosiego, el desánimo que no nos deja dormir; queremos tener paz y confianza
en ti, Señor ayúdanos a tener la certeza de que escuchas nuestra oración.
Arranca de nuestro interior todas esas dudas que nos impiden confiar plenamente
en Ti, en tus promesas. Bendícenos, Señor Jesús. Te lo pedimos, por los méritos
de tu Santa Infancia y por la intercesión de María Santísima. Amén.
Padre Nuestro.
Ave María.
Gloria.

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