sábado, 24 de enero de 2026


 

HORA SANTA

PASOS PARA ALCANZAR LA PROSPERIDAD # 3

 

Bendito sea el Señor que nos convoca una vez más para estar en su Presencia, en este momento de oración. Dispongamos nuestro ser entero para este momento, olvida esas tensiones que te agobian, esos problemas que no dejan de rondar tu mente, ponlo todo en las manos de Jesús, con la certeza, la seguridad de que Él va a actuar en tu vida.

 

Aquí estamos Señor esta tarde, te pedimos que perdones nuestros pecados, nuestra falta de amor, nuestra maldad y que nos bendigas para poder salir adelante en las adversidades, hoy Señor Jesús, te pedimos que derrames bendiciones sobre nosotros y nuestra familia.

 

Esta tarde reflexionaremos nuestro tercer paso en este caminar hacia la prosperidad: TENER LA CERTEZA, LA SEGURIDAD DE QUE DIOS NOS ESCUCHA. La duda es lo contrario a la Fe, queremos muchas veces obtener las respuestas a nuestras necesidades pero no alcanzamos esas bendiciones debido a que existe una barrera que impide que nuestras oraciones sean escuchadas, esa barrera se llama DUDA, es el dardo más fuerte que Satanás coloca en el corazón de la persona para impedir que obtengamos la prosperidad, “Pero no es posible agradar a Dios sin tener Fe, porque para acercarse a Dios, uno tiene que creer que existe y que recompensa a los que le buscan.” Hebreos 11,6.

 

Entonces, nos dice la Escritura que una de las cosas para agradar a Dios es tener Fe, y ya decíamos que lo contrario a la Fe es la duda, y la duda es el dardo más peligroso que el enemigo pone en nuestro corazón para no prosperar, para no recibir las bendiciones de Dios, por eso en este momento visualiza a Jesús en el Sagrario y pídele que saque todas esas dudas que hay en tu corazón, pídele a Jesús que esta tarde transforme tu corazón, dile cambia mi corazón.

 

Es muy fácil decir que tenemos fe mientras no estemos atravesando por una dificultad. Una las cosas más difíciles de nuestra vida es aplicar la fe en los momentos de adversidad.

 

Muchos se desaniman o se revelan contra Dios en el momento de la crisis debido a que los invade el temor y terminan dudando. La duda es un sentimiento negativo que nos quita el ánimo produciendo angustia, desesperación, causando mucho daño en el interior del hombre, robándole la paz.

 

La duda impide en las personas la capacidad de seguir luchando y a la vez impide su progreso espiritual y material. Tenemos que estar firmes en que la misericordia de Dios es más grande que cualquier problema que podamos tener, que su poder es infinito, capaz de darnos la victoria sobre cualquier necesidad, “Acerquémonos, pues, con confianza al trono de nuestro Dios amoroso, para que Él tenga misericordia de nosotros y en su bondad nos ayude en la hora de necesidad.” Hebreos 4,16

 

En ocasiones ese dardo del enemigo, esa duda nos lleva a pensar “Dios no me escucha; porque si lo hiciera me respondería”. Presta atención a la siguiente historia.

Escuchando en silencio


Según una antigua leyenda, había un hombre llamado Haakon que cuidaba una ermita. A ella acudía la gente a orar con mucha devoción. En esta ermita había una cruz muy antigua. Muchos acudían ahí para pedirle a Cristo algún milagro. Un día el ermitaño Haakon quiso pedirle un favor. Lo impulsaba un sentimiento generoso. Se arrodilló ante la cruz y dijo:


"Señor, quiero padecer por ti. Déjame ocupar tu puesto. Quiero reemplazarte en la Cruz". Y se quedó fijo con la mirada puesta en la escultura, como esperando la respuesta.


El Señor abrió sus labios y habló. Sus palabras cayeron de lo alto, susurrantes y amonestadoras: "Siervo mío, accedo a tu deseo, pero ha de ser con una condición."

¿Cuál Señor? preguntó con acento suplicante Haakon. ¿Es una condición difícil? ¡Estoy dispuesto a cumplirla con tu ayuda Señor! respondió el viejo ermitaño.

"Escucha: Suceda lo que suceda y veas lo que veas, has de guardarte en silencio siempre".


Haakon contestó: "¡Os lo prometo, Señor!"


Y se efectuó el cambio. Nadie advirtió el trueque. Nadie reconoció al ermitaño, colgado con los clavos en la Cruz. El Señor ocupaba el puesto de Haakon.


Y éste por largo tiempo cumplió el compromiso.

A nadie dijo nada, pero un día, llegó un rico, después de haber orado, dejó allí olvidada su cartera. Haakon lo vio y calló. Tampoco dijo nada cuando un pobre, que vino dos horas después y se apropió de la cartera del rico. Ni tampoco dijo nada cuando un muchacho se postró ante él poco después para pedirle su gracia antes de emprender un largo viaje. Pero en ese momento volvió a entrar el rico en busca de la bolsa. Al no hallarla, pensó que el muchacho se la había apropiado. El rico se volvió al joven y le dijo iracundo:


- "¡Dame la bolsa que me has robado!"

El joven sorprendido replicó:

- "¡No he robado ninguna bolsa!"

- "¡No mientas, devuélvemela enseguida!"

- "Le repito que no he cogido ninguna bolsa!"


El rico arremetió furioso contra él. Sonó entonces una voz fuerte:

 

- "¡Detente!"


El rico miró hacia arriba y vio que la imagen le hablaba. Haakon, que no pudo permanecer en silencio, gritó, defendió al joven, increpó al rico por la falsa acusación. Este quedó anonadado y salió de la Ermita. El joven salió también porque tenía prisa para emprender su viaje. Cuando la ermita quedó a solas, Cristo se dirigió a él y le dijo:

 

-         "Baja de la Cruz. No sirves para ocupar mi puesto. No has sabido guardar silencio".

-         "Señor, ¿cómo iba a permitir esa injusticia?"


Se cambiaron los oficios. Jesús ocupó la Cruz de nuevo y el ermitaño se quedó ante la cruz.

 

El Señor, siguió hablando: "Tú no sabías que al rico le convenía perder la bolsa, pues llevaba en ella el precio de la virginidad de una joven mujer. El pobre, por el contrario, tenía necesidad de ese dinero e hizo bien en llevárselo; en cuanto al muchacho que iba a ser golpeado, sus heridas le hubiesen impedido realizar el viaje que para él resultaría fatal. Ahora, hace unos minutos acaba de zozobrar el barco y él ha perdido la vida. Tú no sabías nada. Yo sí sé. Por eso callo".


Y el señor nuevamente guardó silencio.

Muchas veces nos preguntamos por qué razón Dios no nos contesta. ¿Por qué razón se queda callado Dios? Muchos de nosotros quisiéramos que Él nos respondiera lo que deseamos oír, pero, Dios no es así. Dios nos responde aún con el silencio. Debemos aprender a escucharlo. Su divino silencio son palabras destinadas a convencernos de que, Él sabe lo que está haciendo. En su silencio nos dice con amor: confía en Mí, que sé bien lo que debo hacer.

 

Por eso hermano, hermana quiero decirte está noche, donde quiera que te encuentres Él contigo va, nunca te deja, ya no dudes, ten confianza en que el Señor ha escuchado tu oración y recuerda su Palabra: “Todo lo que pidan en oración, con fe, lo recibirán”.

 

Oración Final

Bendito Jesús, hoy queremos lanzarnos al inmenso mar de tu misericordia para que invadas nuestro interior de paz y obtengamos la gracia que más estamos necesitando. Arranca de nosotros el desasosiego, el desánimo que no nos deja dormir; queremos tener paz y confianza en ti, Señor ayúdanos a tener la certeza de que escuchas nuestra oración. Arranca de nuestro interior todas esas dudas que nos impiden confiar plenamente en Ti, en tus promesas. Bendícenos, Señor Jesús. Te lo pedimos, por los méritos de tu Santa Infancia y por la intercesión de María Santísima. Amén.

 

Padre Nuestro.

Ave María.

Gloria.

No hay comentarios:

  POR QUÉ CONFESARNOS “Por qué confesarnos”, nos ayuda a recuperar la libertad perdida por el pecado, la dignidad de hijos. El am...