miércoles, 11 de marzo de 2009

EL PERDON


¿Cuántas veces debo perdonar? ...

Esta fue una de tantas preguntas que los apóstoles le hicieron a Jesús. A ellos les interesaba conocer sobre: Como orar, sobre quien se sentaría a su derecha en el reino, pero también les interesaba saber sobre una de las cosas más difíciles de lograr para el ser humano, difícil incluso para los cristianos.
A esta pregunta Jesús respondió: “Hasta 70 veces 7”. Que en otras palabras significa "siempre". No cabe duda que es difícil perdonar una vez, no se diga dos veces, pero Jesucristo nos deja en su enseñanza que no una, ni dos, ni siquiera siete veces debemos perdonar, debemos hacerlo siempre.
Y no 70 veces siete en toda nuestra vida a todas las personas sino 70 veces 7 a cada persona. (Quien quiera seguirme, que tome su cruz y que me siga).

No podemos evitar los conflictos, nunca se ha podido, hay guerra entre los países, conflictos en las ciudades y dificultades en las familias. Dios sabe entonces que tendremos desavenencias con los que nos rodean y que por nuestra debilidad y pequeñez nos será difícil perdonarnos por eso es que nos brinda en su Palabra la oportunidad de ir avanzando en el camino del perdón.

Vamos a seguir algunos pasos que nos ayudarán a ir conociendo lo que realmente es perdonar, además de ir creciendo como cristianos para prepararnos para perdonar así, como Jesús respondió a sus discípulos, a perdonar siempre.

Los pasos del perdón

1er paso: Delimitar la zona del conflicto.

Identificar con quien es el problema.
El primer paso y que ayuda al inicio de la solución del problema y que evita que se haga más grande es: Identificar con quien es el problema.

Éxodo 23;4-5 "Cuando encuentres perdido el buey o el burro de tu enemigo, se lo llevarás. Si ves caído con la carga el burro del que te quiere mal, no pases de largo, sino ayúdalo a levantarse".

En este texto bíblico, el Señor nos quiere enseñar que si tenemos alguna dificultad, esta tiene que ver con una persona y no con los que lo rodean, que si tenemos un problema con nuestro hermano mayor (por ejemplo) no tenemos que estar haciéndoles la vida de cuadritos también a nuestros padres y al resto de nuestros hermanos. Y más aún si nuestro problema (siguiendo el ejemplo) es en nuestra casa, entonces no tienen que sufrir las consecuencias de nuestro mal humos también en nuestro trabajo o escuela.

- No podemos evitar los conflictos, nunca se ha podido, pero debemos delimitarlo, definir con quien es nuestro problema y no llevarlo más allá.
- Hasta aquí, aún no hemos perdonado a nadie, el texto bíblico no nos dice que perdonemos a nuestro enemigo, sino que no se dañe a nadie más y con esto llevamos ya un gran avance.


2do. paso: Hacer una ofensa igual.

Una vez que todos los inocentes quedan fuera del problema, es momento de enfocarnos en quien nos hizo daño. Hemos recibido una ofensa, que es el motivo de nuestro rencor, pues La Biblia nos concede el derecho de hacer un daño igual.

Levítico 24;17-22 ...El que cause alguna lesión a su prójimo, como él hizo, así se le hará: fractura por fractura, ojo por ojo, diente por diente; se le hará la misma lesión que él ha causado al otro...

Este texto nos habla de justicia, justicia muy primitiva si queremos verlo así, pero actualmente ni siquiera esto sabemos hacer. Cuando alguien nos hace un daño, ni siquiera esta ley conocida como del Talión, sabemos ejercer correctamente. Siempre superamos el daño, si alguien no nos dirige el saludo una mañana, nosotros le dejamos de hablar para siempre; si alguien nos falla una vez, entonces nosotros le fallamos diez.

En este segundo paso la Biblia nos concede el derecho de desquitarnos, con una ofensa igual, hasta aquí no se habla aún de perdonar; hasta aquí se nos indica que no debemos ir más allá de la ofensa recibida.



Para estas alturas seguramente más de un lector se encontrará inquieto por lo expresado en el punto anterior, pero recordemos que estos son pasos hacia el perdón, y que para algunos caminar lentamente es la única manera de llegar a la meta, que finalmente será: preparar nuestro corazón para perdonar.

Sabemos que La Biblia es palabra de Dios, y que todo lo que está en ella no tiene error, por tanto lo leído en el punto anterior es totalmente válido, pero, también sabemos que los católicos no somos cristianos de un solo versículo, que la Verdad de la Palabra de Dios se encuentra en toda la Biblia, por tanto sigamos descubriendo la verdad sobre el Perdón.



3er. paso: No desquitarse.

Hasta aquí hemos aprendido que en primer lugar, para evitar que el problema se haga más grande debemos dejar fuera del conflicto a todos los inocentes. En segundo lugar, sabemos que podemos hacer un daño igual al que recibimos pero no mayor.

En este tercer paso Dios nos invita a trascender, a crecer como verdaderos cristianos; puedes vengarte, pero Yo te apreciaré y bendeciré más si no lo haces.

Levítico 19;18 No seas vengativo ni rencoroso...

En pocas palabras se resumiría hasta aquí: Siente el consuelo (humano) de que puedes desquitarte, pero si realmente te dices seguidor de Cristo, entonces no lo hagas.

Aún como se observa no se habla de perdón, sólo estamos hablando de no desquitarse, aunque muchos de nosotros, erróneamente, cuando llegamos a este punto decimos que estamos perdonando, cuando estamos a mitad del camino. Y es por eso que el problema persiste por años y que en la primera oportunidad el conflicto se reanuda, porque aún la ofensa no se ha perdonado, tan sólo se ha hecho un esfuerzo por olvidarla.

Hasta aquí el Antiguo Testamento.
- Si logras llegar hasta aquí serías un perfecto Israelita.
- Pero la Ley del Antiguo Testamento, no contenía la perfección de las enseñanzas de Jesús.

Saltemos a lo perfecto, a lo nuestro. Nosotros ya conocemos a Jesucristo.

4to paso: Poner la otra mejilla.

Tal como veíamos en las películas antiguas cuando el protagonista era un sacerdote pensamos que la invitación de Jesús a ofrecer nuestras dos mejillas para que sean golpeados se refiere meramente al aspecto físico.
Esta enseñanza va mucho más allá e incluso nos invita a un esfuerzo todavía mayor, por tanto más santificante.

Mateo 5;38-42 Ustedes saben que se dijo: "Ojo por ojo y diente por diente." En cambio, yo les digo: No resistan a los malvados. Preséntale la mejilla izquierda al que te abofetea la derecha...

Pensamos que dejar que nos golpeen ambas mejillas resulta difícil, ya no sólo de aceptar sino también de permitir, pero este paso tiene mayor trascendencia, se trata sí, de poner nuestra cara, pero poner nuestra otra mejilla, significa responder con lo contrario al daño o agresión que recibimos.

- Tú eres ofensa, yo pongo la otra cara. Tú eres negro, yo soy blanco. Tu vienes a mí lleno de ira, mi respuesta es la calma. Tu vienes a mí con gritos, estos se estrellarán con mi serenidad. Tu me haces el mal, yo te responderé con un bien.

Esto realmente es para cristianos, para lograr esto necesitamos realmente hacernos violencia en nuestro corazón, no desquitarse es una cosa, pero devolver el mal recibido con un bien, esto si requiere de una voluntad férrea.
Llegar a este punto del perdón interior hace que la posibilidad de poner nuestra otra mejilla físicamente para que sea golpeada, resulte un juego de niños.

5to. paso: Restituir a la persona en su lugar.

Este punto es el máximo del perdón, que las relaciones vuelvan a ser como antes de la ofensa, siempre y cuando sea posible. (Ejemplo: físicamente no podrá darse si la parte ofensora a fallecido)

A la pregunta inicial: ¿Cuántas veces debemos perdonar? Jesús responde con hechos.

Jesús ama y confía en Pedro.
Mateo 16;18-19 Tú eres pedro y sobre esta piedra...
Vas a tener las llaves del reino, Serás la piedra de mi iglesia.

Sin embargo Pedro niega a Jesús.
Lucas 22 Pedro niega a Jesús 3 veces.

Aún así, Jesús perdona a Pedro y le confirma las promesas que le había hecho.
Juan 21;15-17 Pedro ¿Me amas...? "Sí, Señor, tú sabes que te quiero." Entonces Jesús le dijo: "Apacienta mis ovejas".

Esto es realmente perdonar.
Jesús no le dijo a Pedro: Te perdono, pero...
- No te saco de los doce pero te pongo al último, ya no será es primero.
- Recuerdas que serías la piedra sobre la que edificaría mi Iglesia, pues ya no será así.
- Te acuerdas de las llaves del reino, pues no te las voy a dar.

Jesús confirmó tres veces el cariño de Pedro y lo restituyó en su lugar y le confirmo las promesas, Jesús se olvidó de todo y lo perdonó.


Concluimos el Tema con una anécdota que nos ilustrará:
Cierto hombre caído en desgracia se encontraba sentado a la orilla de aquel camino pidiendo limosna a quien pasaba por ahí. Pasó entonces un hombre rico y el pobre le solicito una ayuda, pero el rico en vez de eso sólo respondió con burlas y azotando a su caballo dejó lleno de polvo a aquel hombre. Este se levantó tomó una roca de buen tamaño y se alistó para arrojarla sobre el hombre que se había mofado de él, pero, al levantarse se dio cuenta que este ya se encontraba demasiado lejos y que no lograría descargar su furia.
Pero no logró serenarse y decidió guardar en su gastado morral aquella piedra en espera de la oportunidad para desquitarse.
Y pasaron varios años y cierto día aquel pobre hombre pudo ver como la policía llevaba casi a rastras a un hombre, y pudo observar que era aquel que tiempo atrás le había causado tan enorme disgustó. Aquel hombre rico ahora había caído en desgracia y lo llevaban para ponerlo preso.
Nuestro hombre presuroso buscó en su raído morral aquella roca que había cargado ahí precisamente para esa ocasión, la encontró sin dificultad debido a su gran tamaño y empuñándola con fuerza la levantó para arrojarla sobre quien lo había ofendido.
Levantó su mano, esperó el momento en que aquella comitiva estuviera cerca de él, pero aquel tumulto pasó y este hombre no arrojó su piedra. Cuando todos pasaron, nuestro hombre bajo su brazo y dejando caer aquella pesada piedra dijo: "No, para que".


Aquel hombre había cargado su rencor por años, para darse cuenta finalmente que todo aquel tiempo había sufrido cargando un peso inútil.

Basado en el Tema: "Los pasos del Perdón"
Por: Salvador Gómez.

La cruz estéril del mal ladrón Por Pbro. Dr. Enrique Cases


¿Es conveniente la pena de muerte? En el siglo XX es un tema controvertido, se dan altos y bajos en la discusión, existen partidarios y detractores, zonas en que se aplica y zonas donde se prohíbe. En tiempos de Jesús era aceptada por todos, y aplicada con frecuencia. El derecho romano pretendía evitar las arbitrariedades de los tiranos o de autoridades venales; fijaba los procesos y los delitos. Pero, aún así el sistema penal romano era objetivamente duro.

La crucifixión era el modo escogido para aplicar la pena de muerte por ser especialmente cruento y lento. El objetivo era escarmentar a los delincuentes en cabeza ajena. El crucificado, además de sufrir mucho, sufría a la vista de todos de una manera infamante. En el Imperio romano este tipo de muerte se reservaba para los esclavos y para los criminales insignes. Cicerón lo llamaba "crudelísimo suplicio"[784].

Los clavos atravesaban las muñecas adhiriendo el cuerpo a la cruz. Al levantar la cruz todo el cuerpo quedaba pendiente de los clavos con una forzada inmovilidad. La respiración era muy difícil y se nublaba la mente al no poder tener aire puro en los pulmones. Para respirar debían erguirse sobre los clavos. Los músculos de las piernas y del estómago se contraían con calambres. La fiebre aparecía pronto, así como convulsiones y espasmos, y también las moscas, que las llagas y la sangre atraían a centenares. Y con todo, como ningún órgano vital estaba herido, aunque todos los miembros estaban en tensión, el condenado podía permanecer un día, dos, y aún más en el cruel árbol antes de que llegase la muerte.

Tal proceso era bien conocido por todos y especialmente por los condenados a la crucifixión. ¿Cuales eran sus pensamientos? Miedo y terror; existía la posibilidad de salvarse por el indulto que se solía conceder en la Pascua; pero ya había sido dado a Barrabás. El ser humano es muy complejo y sus reacciones ante las mismas situaciones no son uniformes. Saber con certeza cuanto tiempo queda de vida, sin el sedante de la enfermedad, es un suplicio no pequeño. Arrepentimiento o desesperación son los extremos en que se puede mover el condenado. Caben otras reacciones como morir con valentía sólo por motivos humanos. Pero la disyuntiva central es: o rectificar ante Dios una vida desastrosa, o morir blasfemando con lo que la muerte se convertía en puerta dolorosa para otro suplicio peor en el infierno. Los dos ladrones crucificados junto a Jesús esperarían este momento con verdadera angustia.

Jesús fue condenado a muerte con apresuramiento. Unas horas, escasamente, pasaron entre su llegada al pretorio y su salida con la Cruz a cuestas hacia el Calvario. La hora de su condena coincidió, de una manera no casual, con la del sacrificio oficial del cordero pascual que se celebraba en el Templo. Jesús era inocente y fue condenado al suplicio más infamante y humillante que existía entonces. Además no estaba solo pues con Él crucificaron a dos ladrones: uno a su derecha y otro a su izquierda. Así se cumplió la Escritura que dice: Y fue contado entre los malhechores [785]. Juan precisa que fue crucificado en medio[786] , como indicando que su delito era el mayor de los tres.

Era una humillación más entre las muchas que recibió El Señor. La compañía aumenta la ignominia. Esa humillación a Jesús será, sin embargo, una oportunidad preciosa para los ladrones, sólo aprovechada por uno de ellos, pero es un descrédito más de Jesús ante el pueblo. Los comienzos de la crucifixión no pudieron ser peores, pues los ladrones también le injuriaban[787]. Lucas precisa que sólo era uno el que le insultaba y el otro le recriminaba[788].

Los hechos debieron ser complejos a lo largo de aquellas horas de extraña compañía. Es de suponer que en un comienzo los dos ladrones injuriasen a todos y a todo. Después se fijarían en los insultos que los sanedritas, los sacerdotes y los escribas dirigían a Jesús y se unirían a ellos. Oyen que dicen: Tú, que destruyes el Templo y en tres días lo reedificas, sálvate a tí mismo si eres Hijo de Dios y baja de la cruz[789]. Esta expresión es la que recoge uno de los ladrones ¿No eres tú el Cristo? Sálvate a ti y a nosotros[790].



Era como un coro de endemoniados. Aquellos insultos eran una auténtica blasfemia que condensaba todas las tentaciones que superó Jesús: cambiar la salvación del pecado por una salvación terrena. ¿Qué hubiera sucedido si Jesús accede a su petición? salvarse de aquellos dolores, retrasar la muerte, pero no se habría realizado la redención, y la Humanidad permanecería alejada de Dios. También será tema de otra meditación el contenido de esta tentación radical. Centrémonos de nuevo en el ladrón blasfemo.

Es comprensible la desesperación del condenado a muerte, pero no lo es tanto su resistencia al arrepentimiento teniendo la muerte tan cerca. Quizá sus pecados anteriores le ciegan de tal modo que le impiden recurrir a Dios en el último trance. Su cruz es una cruz estéril. Muere rebelde. Muere impenitente, desesperado, blasfemando. Está lleno de odio a todos, incluido a Dios. No sabemos si al final rectificó como su compañero, pero es muy posible que los evangelistas lo hubieran transmitido con gozo. Aquel hombre no supo morir, no quiso pedir perdón a quien podía concedérselo. Murió rebelde.

La cruz del mal ladrón es una cruz inútil. Su dolor es un dolor estéril. Su rebeldía es absurda. Vio morir a Jesús. ¡Qué diferencia!. Escuchó el arrepentimiento de su compañero de pena y de insultos, así como la extraña respuesta de Jesús que le promete el Paraíso. ¿Por qué no reflexionó entonces?. No lo sabemos. Después pudo contemplar las tinieblas que llenaron la tierra y oscurecieron totalmente la luz del sol; escucharía con sobresalto el gran grito de Cristo cuando entregó su vida y expiró. Sentiría bambolearse la cruz con el temblor de tierra que se produjo. Quizá también escuchó al centurión que se convierte al ver morir a Jesús, así como el pánico de los que le enseñaron a insultar a Cristo. Pero nada de esto le hizo reaccionar.

¿Por qué? Meditar en su muerte nos debe ayudar a evitar todo lo que pueda producir similares reacciones. Aquel hombre estaba demasiado cegado, y ya no quedaban resquicios para que entrase luz en su alma y poder así arrepentirse. La lluvia de la gracia resbaló en la dureza de su conciencia. La proximidad del divino Paciente no le ablandó sino que le irritó. Y se dejó caer en el pozo de la desesperación. No podemos olvidar que la esperanza se pierde cuando no queda ni pizca de amor en el corazón. Era un pecador obstinado. Sólo se condenan los pecadores obstinados, no los que se arrepienten con esperanza, por grandes que sean sus miserias.

Jesús refiriéndose a Judas Iscariote había dicho: Más le valiera no haber nacido[791]. Esta expresión es válida para expresar la desgracia de todo pecado cometido. También sirve para lamentar la horrible pena en que incurre el pecador obstinado, en este caso Judas el traidor. No cabe pena mayor que la pena del infierno, eterna y mucho más dolorosa y desesperante que todos los dolores de la cruz. Podía Dios quitar la posibilidad de pecar pero sólo al precio de desposeer al hombre de la libertad, y Dios lo estima como un mal mucho mayor.

Todo condenado cae en la blasfemia, como los demonios. Sabe que Dios existe y ama. Cree, pero odiando. Cuesta llegar a captar esa rebeldía consciente, pero ahí está. En el condenado se expresa el orgullo humanamente pleno y absurdo en su impotencia. Ciertamente, "más les valiera no haber nacido".

Jesús en la Ultima Cena dijo palabras consoladoras: Cuando estaba con ellos, yo los guardaba por el nombre que tú me has dado. He velado, y ninguno de ellos se ha perdido, excepto el hijo de la perdición[792]. Consuelan porque nos cuida a cada uno de los hombres en nuestras particularidades con una proximidad mayor aún que la de los Apóstoles. Sólo debemos no separarnos de esa divina protección. No ser hijos de la perdición. Dejarnos querer y saber temer las consecuencias de separarnos del Salvador del dolor, de la muerte y del pecado. Y convertir las cruces y el dolor en medios de arrepentimiento, no en ocasiones para cavar más honda la sepultura del alma.

La cruz del mal ladrón es una cruz horrible no aceptada ni aprovechada ni robada al corazón de Cristo tan sólo crucificada por su furibundo junto a Cristo sin Cristo esa oscura madera sin cara ni gloria esa cruz sin paraíso hoy mismo ni mañana ni tal vez nunca la cruz del mal ladrón maldita cruz [793].



El contraste con la bendita Cruz de Cristo, o con la cruz del arrepentimiento del buen ladrón, es tan grande, que nos llevan a considerar como posible para todo ser humano un triste final semejante al del ladrón rebelde si no somos capaces de llevar la propia cruz con amor a arrepentimiento.

Hombre, amigo, que tienes que llevar tu cruz, a pesar tuyo. Tu cruz será la misma. Vendrá sobre ti aunque no quieras. Pero tu cruz, tu vida, tendrá un sentido y un valor distinto, según el espíritu con que la lleves.

Estás condenado a muerte y no hay quien te libre de esta condena. Lo mismo acontece con los golpes que caen sobre ti a pesar tuyo.

Por mucho que hagas, no puedes ni cambiar la sentencia, ni retrasar tu ejecución. Tu deseo de vivir tiene el poder de hacerte creer que es largo el tiempo corto, y que es incierta tu muerte segura.

Vivir no es tan necesario como amar.

Te tienes por prudente y no niego que lo seas, ¿pero cómo es posible que seas tan ciego y vivas tan de espaldas a la realidad de tu muerte? ¡Qué empeño de apegarte a la tierra y engañarte, engañando a otros, de que ésta es la vida! Y sólo consigues ser un hombre más, de los que han pasado inútilmente por la tierra, gastando su tiempo en el deseo imposible de quedarse.

¡Abrázate a la cruz!

Que solamente una vez se vive.

Decídete por la cruz. Y llévala como Cristo la llevó

martes, 10 de marzo de 2009

Viviendo la Cuaresma


Durante este tiempo especial de purificación, contamos con una serie de medios concretos que la Iglesia nos propone y que nos ayudan a vivir la dinámica cuaresmal.
Ante todo, la vida de oración, condición indispensable para el encuentro con Dios. En la oración, si el creyente ingresa en el diálogo íntimo con el Señor, deja que la gracia divina penetre su corazón y, a semejanza de Santa María, se abre la oración del Espíritu cooperando a ella con su respuesta libre y generosa (ver Lc 1,38).

Asimismo, también debemos intensificar la escucha y la meditación atenta a la Palabra de Dios, la asistencia frecuente al Sacramento de la Reconciliación y la Eucaristía, lo mismo la práctica del ayuno, según las posibilidades de cada uno.
La mortificación y la renuncia en las circunstancias ordinarias de nuestra vida, también constituyen un medio concreto para vivir el espíritu de Cuaresma. No se trata tanto de crear ocasiones extraordinarias, sino más bien, de saber ofrecer aquellas circunstancias cotidianas que nos son molestas, de aceptar con humildad, gozo y alegría, los distintos contratiempos que se nos presentan a diario. De la misma manera, el saber renunciar a ciertas cosas legítimas nos ayuda a vivir el desapego y desprendimiento.

De entre las distintas prácticas cuaresmales que nos propone la Iglesia, Ia vivencia de Ia caridad ocupa un lugar especial. Así nos lo recuerda San León Magno: "Estos días cuaresmales nos invitan de manera apremiante al ejercicio de Ia caridad; si deseamos Ilegar a la Pascua santificados en nuestro ser, debemos poner un interés especialisimo en la adquisición de esta virtud, que contiene en si a las demás y cubre multitud de pecados".

Esta vivencia de la caridad debemos vivirla de manera especial con aquél a quien tenemos más cerca, en el ambiente concreto en el que nos movemos. Así, vamos construyendo en el otro "el bien más precioso y efectivo, que es el de Ia coherencia con la propia vocación cristiana" (Juan Pablo II).

Cómo vivir la Cuaresma

1. Arrepintiéndome de mis pecados y confesándome.

Pensar en qué he ofendido a Dios, Nuestro Señor, si me duele haberlo ofendido, si realmente estoy arrepentido. Éste es un muy buen momento del año para llevar a cabo una confesión preparada y de corazón. Revisa los mandamientos de Dios y de la Iglesia para poder hacer una buena confesión. Ayúdate de un libro para estructurar tu confesión. Busca el tiempo para llevarla a cabo.

2. Luchando por cambiar.

Analiza tu conducta para conocer en qué estás fallando. Hazte propósitos para cumplir día con día y revisa en la noche si lo lograste. Recuerda no ponerte demasiados porque te va a ser muy difícil cumplirlos todos. Hay que subir las escaleras de un escalón en un escalón, no se puede subir toda de un brinco. Conoce cuál es tu defecto dominante y haz un plan para luchar contra éste. Tu plan debe ser realista, práctico y concreto para poderlo cumplir.

3. Haciendo sacrificios.

La palabra sacrificio viene del latín sacrum-facere, que significa "hacer sagrado". Entonces, hacer un sacrificio es hacer una cosa sagrada, es decir, ofrecerla a Dios por amor. Hacer sacrificio es ofrecer a Dios, porque lo amas, cosas que te cuestan trabajo. Por ejemplo, ser amable con el vecino que no te simpatiza o ayudar a otro en su trabajo. A cada uno de nosotros hay algo que nos cuesta trabajo hacer en la vida de todos los días. Si esto se lo ofrecemos a Dios por amor, estamos haciendo sacrificio.

4. Haciendo oración.

Aprovecha estos días para orar, para platicar con Dios, para decirle que lo quieres y que quieres estar con Él. Te puedes ayudar de un buen libro de meditación para Cuaresma. Puedes leer en la Biblia pasajes relacionados con la Cuaresma.

Y ahora, como en otro rollo, voy a dar unos puntos importantes para vivir la cuaresma, nada más que los míos son 19:

1. Procura ser amable con las personas con quienes convives.

2. Haz un esfuerzo por dialogar en familia sobre aquellos asuntos que convienen al espíritu familiar.

3. Sé atento con tus semejantes. y si conduces, hazlo cristianamente.

4. Recorta las horas de T. V. y amplia las de reflexión y oración.

5. Haz alguna lectura que te ayude a profundizar tu fe.

6. Controla tus apetitos: dulces, refrescos, tabaco, y sé más libre.

7. Dedica algún tiempo diario a la lectura de la Palabra de Dios.

8. Lucha contra el malhumor y la tristeza. Saborea lo bello de la vida.

9. Presta mayor atención a las personas que a las cosas. En especial quienes más lo necesitan: ancianos, necesitados. Trátalos con cariño.

10. Comparte tu dinero un poco más con otros que tienen menos, a costa de caprichos, chucherías, aperitivos, etc, etc.

11. Mejora en el trabajo, consciente de tu ideal cristiano.

12. Cuida la naturaleza como don de Dios, evitando todo desorden.

13. Evita la crítica negativa, viendo y hablando de lo positivo que puedes descubrir en cada semejante.

14. Disminuye el consumo de alcohol y si alguien cercano se excede, ayúdale a planteárselo e intentar superar el vicio.

15. Fomenta la paz a tu alrededor. Prescinde de enfados, violencias, malos modales, groserías, insultos, etc.

16.
Participa más en los actos y celebraciones de la Comunidad y de los Sacramentos.

17. Di la verdad. Habla claro, sin hipocresías ni mentiras.

18. Intenta hacer felices a los tuyos, con tus de talles y cariños.

19. Haz un propósito concreto, signo principal de tu ejercicio cuaresmal, de tu primera atención; y participa en todas las celebraciones de Cuaresma y Pascua.

lunes, 9 de febrero de 2009

VIVIR INTENSAMENTE LA CUARESMA PARA SER MEJORES DISCIPULOS Y MISIONEROS


Lectura del Evangelio según San Juan 4,3-30.39

Hemos leído sobre el poderoso encuentro entre Jesús y la samaritana. Es un encuentro poderoso porque las mujeres samaritanas estaban consideradas por los judíos impuras, y por tanto, a los judíos se les prohibía tomar de alguna vasija que haya sido tocada por alguna de ellas.

Es Jesús quien inicia la conversación pidiendo agua, para después revelarle a la mujer que Él es el Cristo, el que ha de venir. Esta petición de Jesús no es otra cosa que el llamado, es decir, Jesús está llamando a la samaritana, tiene una misión para ella. La mujer se convirtió en misionera inmediatamente: “Vengan a ver un hombre que me ha dicho todo cuanto hice… y muchos samaritanos de aquella ciudad creyeron en Él por el testimonio de aquella mujer.

Unos puntos muy importantes de este pasaje son:

Primeramente, Jesús es quien inicia la conversación, sale al encuentro; Jesús sabía muy bien que aquella mujer no le hablaría por dos razones: ser mujer y más aún, ser samaritana. Jesús toma la iniciativa: “Dame de beber”. Así lo hizo contigo, salió a tu encuentro, no tú lo encontraste sino Él.

En segundo lugar, Jesús se presenta: “Ese soy yo, el que habla contigo”. Soy yo que podemos traducir al “Yo soy” del Antiguo Testamento que designa a Yahvé; Jesús deja así al descubierto su personalidad divina.

Otro punto es el agua. Recordemos que los antepasados de los judíos eran pastores que andaban errantes de una fuente a otra. Los más famosos, como Jacob construyeron pozos; Jesús le pide a la mujer agua y a cambio le ofrece el agua viva, el agua de vida que puede saciar cualquier sed, el agua que es fuente de toda vida y de felicidad verdadera y que sólo Jesús puede dar y que es el Espíritu Santo, dador de vida, decimos en el Credo.

Y el cuarto punto que Jesús nos quiere enfatizar es que su Reino no se encierra entre las paredes del Templo, de la construcción de bloques y cemento, sino que su Reino es de puentes. Le dio una misión a una extranjera, a una marginada que estaba fuera del círculo religioso de su tiempo pues la mujer no tenía ni ocupaba ningún lugar en la sociedad de entonces.

Ahora bien, nosotros catequistas ¿tenemos estás mismas actitudes de Jesús en nuestra comunidad? ¿Nuestro corazón está abierto y dispuesto a dar amor a todos? ¿Nos parecemos a la mujer samaritana que no le importó nada, sino que al contrario tuvo un corazón abierto a la purificación y a la gracia de la conversión o nos cerramos ante la mano poderosa de Dios? Cuando llega alguien nuevo al sector, a la capilla, al catecismo ¿Lo recibimos con amor y felicidad o los rechazamos? Cuando algún hermano se encuentra necesitado ¿lo a poyamos o lo negamos como Alicia Ferreira a Tomás Mora?

Durante este tiempo especial de purificación contamos con una serie de medios concretos que la Iglesia nos propone y que nos ayudan a vivir la cuaresma como camino de conversión.

Ante todo, la vida de oración, condición indispensable para el encuentro de Dios. En la oración, si nos abandonamos y entramos en un diálogo íntimo con Dios, la gracia del Señor penetra en nuestro corazón, y a semejanza de María y de la samaritana se abre y da una respuesta generosa al llamado de Jesús.

Asimismo debemos intensificar la escucha y meditación atenta a la Palabra de Dios, la asistencia frecuente al Sacramento de la Reconciliación y la Eucaristía, lo mismo la práctica del ayuno, según nuestras posibilidades.

La mortificación y la renuncia en las circunstancias ordinarias de nuestra vida, también constituyen un medio concreto para vivir la cuaresma. No se trata tanto de crear ocasiones extraordinarias, sino más bien, de saber ofrecer aquellas situaciones cotidianas que nos son molestas, de aceptar con humildad, gozo y alegría, los distintos contratiempos que se nos presentan a diario. De la misma manera el saber renunciar a ciertas cosas legítimas nos ayuda a vivir el desapego y desprendimiento.

También debemos vivir la caridad. Nos dice San León Magno: “Estos días cuaresmales nos invitan de manera apremiante al ejercicio de la caridad; si deseamos llegar a la Pascua santificados en nuestro ser, debemos poner un interés especialísimo en la adquisición de esta virtud, que contiene en sí a las demás y cubre multitud de pecados”. Esta vivencia de la caridad debemos vivirla especialmente con aquél a quien tenemos más cerca, en el ambiente concreto en que nos movemos y con aquellos que nos hacen daño.

Cómo vivir la Cuaresma

1.- Dando el paso de la conversión, que es la actitud que se nos pide en este tiempo. La conversión es una transformación total en nuestra manera de vivir y que se da de manera gradual. La conversión es gracia de Dios, no nuestra.

2.- Arrepintiéndonos de nuestros pecados y confesarnos.

3.- Luchar por cambiar. Analicemos nuestra conducta para descubrir en que estamos fallando y hacernos el propósito de cambiar.

4.- Hacer sacrificios. La palabra sacrificio viene del latín sacrum-facere, que significa “hacer sagrado”, por eso hacer un sacrificio es hacer una cosa sagrada, es decir, ofrecerla a Dios por amor.

5.- Hacer oración. Toda nuestra vida debe ser de oración.

Son tres las prácticas que hacen que nuestra fe se mantenga firme y que debemos vivir más especialmente en la cuaresma: la oración, el ayuno y la misericordia, que es el amor hacia los más necesitados.

Ahora nos reuniremos por sectores y vamos a reflexionar sobre los temas de hoy y nos vamos a proponer dos compromisos, uno como sector, como capilla y otro personal, pueden ser varios compromisos, pero yo preferiría que fuera uno y uno para poder cumplirlos. Se les va a repartir un papelito para que escriban su compromiso personal.

HORA SANTA 12 Pasos para una Hora Santa


1. Alabanzas festivas al Señor.

Se exalta a nuestro Dios y Popurrí

2. Cantos varios al Señor.

Llena este lugar

3. Batalla espiritual. Leer Efesios 6.

“Hijos, obedezcan a sus padres pues esto es un deber: honra a tu padre y a tu madre. Es, además, el primer mandamiento que va acompañado de una promesa, para que seas feliz y goces de larga vida en la tierra. Y ustedes, padres, no sean pesados con sus hijos, sino más bien edúquenlos usando las correcciones y advertencias que pueda inspirar el Señor.
Siervos, obedezcan a sus patrones de este mundo con respeto y responsabilidad, con corazón sincero, como quien obedece a Cristo. No se fijen en si son vigilados o si ganarán consideración, pues ustedes son siervos de Cristo que hacen con gusto la voluntad de Dios. hagan su trabajo con empeño, por el Señor y no por los hombres, sabiendo que el Señor retribuirá a cada uno según el bien que haya hecho, sea siervo o sea libre.
Y ustedes, patrones, actúen con sus siervos de la misma manera y dejen a un lado las amenazas; tengan presente que ellos y ustedes tienen en el cielo un mismo Señor, y que ese no hace distinción de personas.
Por lo demás, fortalézcanse en el Señor con su energía y su fuerza. Llevan con ustedes todas las armas de Dios para que puedan resistir las maniobras del diablo. Pues no nos estamos enfrentando a fuerzas humanas, sino a los poderes y autoridades que dirigen este mundo y sus fuerzas oscuras, los espíritus y fuerzas malas del mundo de arriba.
Por eso pónganse la armadura de Dios, para que el día malo puedan resistir y mantenerse en la fila valiéndose de todas sus armas.
Tomen la verdad como cinturón y la justicia como coraza; estén bien calzados, listos para propagar el evangelio de la paz. Tengan siempre en la mano el escudo de la fe y así podrán atajar las flechas incendiarias del demonio. Por último, usen el casco de la salvación y la espada del espíritu, o sea, la palabra de Dios.
Vivan orando y suplicando. Oren en todo tiempo según les inspire el espíritu. Velen en común y perseveren en sus oraciones sin desanimarse nunca, intercediendo a favor de todos los santos, sus hermanos.”


4. Momento de entrega. Abandono en el Amor del Señor. Leer Apocalipsis 3, 20.

“Mira que estoy a la puerta y llamo: si uno escucha mi voz y me abre, entraré en su casa y comeré con él y él conmigo.”

5. Invocación al Espíritu Santo.

Fluye en mí

6. Arrepentimiento. Disponer nuestro corazón.

Piensa en las veces que has ofendido a Dios, a tus hermanos, a tus semejantes, aún a ti mismo.

7. Perdón. Hacer un examen de conciencia. Leer Marcos 11, 25.

“Y cuando se pongan de pie para orar, si tienen algo contra alguien, perdónenlo...”

8. Reflexión sobre alguna cita bíblica. Mt. 11, 28.

“Vengan a mí los que van cansados llevando pesadas cargas, y yo los aliviaré. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, que soy paciente y humilde de corazón, y sus almas encontrarán descanso. Pues mi yugo es suave y mi carga liviana.”

Llévame a ti

9. Oración en silencio. Escuchar a Dios.

Sanctus

10. Intercesión. Orar por la humanidad. Leer 1 Timoteo 2, 1.

“Ante todo recomiendo que se hagan peticiones, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos, sin distinción de personas; ...”

11. Peticiones. Orar por nuestras necesidades. Leer Hebreos 4, 16.

“Por lo tanto, acerquémonos con plena confianza al trono de la gracia, a fin de obtener misericordia y hallar la gracia del auxilio oportuno.”

Trono de gracia (Delante de ti)

12. Acción de Gracias. Es Dios quien nos da la vida, démosle gracias.

Te doy las gracias Señor

HORA SANTA Para pedir por los jóvenes y estudiantes

Oración Inicial.

Señor mío Jesucristo, que por el amor que tienes a los hombres estás de noche y de día en este Sacramento, lleno de piedad y de amor. Esperando... llamando... y recibiendo a cuantos vienen a visitarte. Creo realmente que estás presente en el Santísimo Sacramento del Altar.
Te adoro desde el abismo de mi nada y te doy gracias por todos los dones que me has hecho, especialmente por haberme dado en este Sacramento tu cuerpo, sangre, alma, y divinidad; por haberme dado como abogada a tu Santísima Madre, la siempre Virgen, María, y por haberme llamado a visitarte en este santo lugar. Por eso te consagró esta hora de adoración. Amén.

Canto: Si conocieras como te amo.

Reflexión. El niño que no sabía usar sus ojos.

Había un vez un niño que no usaba sus ojos, a pesar de que sus mamá siempre le decía: Niño, los ojos son para ver.
Pero él no ponía atención y seguía sin usarlos, tropezando con todo, con las puertas, con las sillas, son los escalones, con las piedras, con los árboles y con las personas, con todo... por eso siempre andaba con la ropa rota, las manos y los pies lastimados, los ojos morados, descalabrado, en fin con muy mal aspecto, como es natural.
Además no conocía nada, nunca había visto las mariposas, los pájaros, las flores, las nubes, mucho menos la luna y las estrellas... ni siquiera conocía las lagartijas.
Una mañana salió de su casa y al atravesar el llano, que estaba en frente de ella, como de costumbre no uso los ojos y no vio acercarse a una señora que venía en sentido contrario cargando un bote de leche y una canasta llena de huevos, el niño fue a estrellarse contra ella, metió la cabeza dentro de la canasta, rompió los huevos con ella, llenándose el pelo, los ojos, la nariz, la boca de clara y yema y de pedazos de cascarón, la camisa, los pantalones y aún los zapatos...
La señora muy enojada, le sacó la cabeza de la canasta, al mismo tiempo que le propinaba una fuerte nalgada, él asustado echó a correr y como no usó los ojos, fue a dar dentro de un charco, del que salió lleno de lodo.
Se limpió con las manos los ojos y buscó el camino para regresar a su casa, conforme iba caminando, el sol y el viento le iban secando el lodo, el huevo y la leche, la cara se le entiesó y parecía una máscara, en la que solo brillaban los ojos; la ropa se le endureció dándole el aspecto de un gran muñeco de cartón.
Así llegó hasta la puerta de su casa, pero el perro que tenía lo desconoció; empezó a ladrar, gruñéndole y enseñándole los dientes, como dispuesto a morderle.
Su mamá extrañada, se asomó para ver que sucedía y quedó espantada al ver al niño, ¡casi no lo conocía!
Alejó al perro y al lo llevó al baño. ¡Qué trabajo para dejarlo limpio! Hubo que cortarle los mechones de pelo, pues los pedazos de cascarón se le habían adherido fuertemente en ellos; frotarlo muchas veces, para desprenderle el lodo, y lavarlo y lavarlo con agua caliente y con jabón.
Cuando salió el niño del baño, el perro movió la cola y el por primera vez se dio cuenta que su perro tenía una oreja blanca y otra negra. Desde ese día el niño usa sus ojos; conoció y admiró todas las cosas que había a sus alrededor... hasta las lagartijas y nunca más volvió a tropezar con las sillas, las puertas, las piedras, los árboles y mucho menos a estrellarse contra las personas.

Canto: Toma mi vida.
Mensaje del Papa. Si es tu voluntad.

“Queridos jóvenes: el mundo necesita ser tocado y curado por la belleza y la riqueza del amor de Dios. Jóvenes, el mundo les necesita, no tengáis miedo, necesita que vosotros seáis la sal de la tierra y la luz del mundo. No tengáis miedo de seguir a Cristo por el camino de la cruz. No tengáis miedo de ser santos, la santidad es siempre joven como es eterna la juventud de Dios. queridos jóvenes dejaos conquistar por la luz de Cristo y difundidla en el ambiente en que vivís. Ningún miedo es tan grande para ahogar completamente la esperanza que brota eterna en el corazón de los jóvenes.”
¡Padre, que se haga tu voluntad y no la mía! Lc. 22, 42.
¿Cuántas veces hemos dicho la oración de Jesús? La repetimos un y otra vez, sea tu voluntad y no la mía... Sin embargo, muchas veces lo decimos de labios para afuera, por dentro se siente la rebeldía de quien no se conforma con los hechos y acontecimientos. No somos coherentes, no nos gusta cargar con nuestra cruz, ni escuchar un “no” como respuesta, aunque ese “no” venga de Jesús.
La voluntad de Dios trae momentos de intensa alegría, pero también tiene el gran peso de la cruz. Aún no aprendemos a sonreír en los momentos de dolor y a mantener la serenidad a la ara de la presión. No logramos admitir que el dolor forme parte del gran proyecto de Dios, entonces comenzamos a luchar en contra y terminamos pidiendo lo que es nuestra voluntad y no la de Dios.
Pedimos que Jesús haga lo que nosotros queremos, de la manera que lo queremos y en el plazo determinado por nosotros. Para disfrazar nuestras exigencias añadimos un tímido “si es tu voluntad”, pero allá en nuestro interior es nuestra voluntad la que prevalece, condicionamos a Dios. Necesitamos aprender de Jesús y María, cuando ellos dijeron sí lo hicieron con su vida.
Esa es la razón por la que muchas veces nos va mal, no le encontramos solución a nuestros problemas, porque no nos atrevemos a decirle sí a Jesús. Nos hemos reunido hoy ante la presencia de Jesús Sacramentado para pedirle eso precisamente, que nos ayude a decir “que se haga tu voluntad y no la mía”.

Canto: Enséñame.

Oración del estudiante.

El Señor te conoce y sabe tus necesidades, sin embargo El quiere que en este momento le pidas por tus estudios, por esa asignatura que sientes que no puedes con ella, por ese maestro que te cae mal, que no soportas. Quiere escucharte pedir que te ayude a no escaparte de clases, aprovecha tus dones no seas como el niño que no usaba sus ojos. Repite después de mi:
Señor, recuérdame con frecuencia, la obligación que tengo de estudiar.
Hazme responsable: que santifique mi trabajo de estudiante.
Que prepare bien mi misión en la vida. Que sepa agradecer el privilegio de poder estudiar.
Que me capacite a conciencia. Que haga rendir mi juventud.
Que haga una buena sementera en mi inteligencia.
Dame humildad para echarme en cara la negligencia con que cumplo a veces mis tareas.
Dame valentía y constancia para aprovechar todos los instantes en el estudio.
Enséñame a estudiar con método, a leer con reflexión, a consultar a los que saben más para, el día de mañana, ser útil a mis hermanos y un verdadero dirigente de la humanidad.
Padre providente que eres llamado fuente de luz y de sabiduría, ilumina mi entendimiento y disipa las tinieblas que me envuelven, en la que he nacido y la de mi ignorancia.
Concédeme la facultad de aprender, la facilidad para entender, la capacidad para retener, la sutileza para interpretar y el don de saber hablar, así sea.

Canto: El Espíritu de Dios.

sábado, 31 de enero de 2009

HORA SANTA Para pedir por la vocación del catequista.

1. Oración Inicial.

Señor mío Jesucristo, que por el amor que tienes a los hombres estás de noche y de día en este Sacramento, lleno de piedad y de amor. Esperando... llamando... y recibiendo a cuantos vienen a visitarte. Creo realmente que estás presente en el Santísimo Sacramento del Altar.
Te adoro desde el abismo de mi nada y te doy gracias por todos los dones que me has hecho, especialmente por haberme dado en este Sacramento tu cuerpo, sangre, alma, y divinidad; por haberme dado como abogada a tu Santísima Madre, la siempre Virgen, María, y por haberme llamado a visitarte en este santo lugar.

Canto: Entra en la presencia.

2. Amame como eres.

Conozco tu miseria, las luchas y las tribulaciones de tu alma, las deficiencias y las enfermedades de tu cuerpo; sé de tu pequeñez, de tus pecados, y aún así te pido: Dame tu corazón, ámame como eres.
Si esperas ser un ángel para abandonarte al amor, no amarás nunca. Aún si eres mezquino en la práctica del deber y de la virtud, si vuelves a caer a menudo en aquellas culpas que quisieras no cometer más, no te permito que no me ames. Al contrario, ámame como eres.
En cada instante y en cualquier situación que te encuentres, en el fervor o en la aridez, en la fidelidad o en la infidelidad, ámame como eres. Quiero el amor de tu pobre corazón; si esperas ser perfecto, no me amarás nunca. ¿Acaso no podría Yo hacer de cada granito de arena un serafín radiante de pureza, nobleza y amor? ¿Acaso no soy Yo el Omnipotente? Y si me gusta dejar en la nada a aquellos seres maravillosos y preferir el pobre amor de tu corazón, ¿No soy dueño de mi amor?
Hijo mío, deja que te ame, quiero tu corazón. Ciertamente que deseo con el tiempo transformarte, pero por ahora te amo tal y como eres. Y deseo que tú hagas lo mismo; Yo quiero ver surgir el amor desde lo más bajo de tu miseria. Amo en ti incluso tu debilidad; amo el amor de los pobres y de los miserables; quiero que desde los harapos se eleve continuamente un gran grito: “Jesús, te amo”.
Quiero únicamente el canto de tu corazón, no necesito tu ciencia, ni tu talento. Una sola cosa me importa, verte trabajar con amor. No son las virtudes lo que Yo deseo; si te las diera, eres tan débil, que alimentaría tu amor propio; no te preocupes por eso. Habría podido destinarte a grandes cosas; pero no, serías el siervo inútil. Te quitaré hasta lo poco que tienes porque te he creado sólo para el amor. Hoy estoy ante la puerta de tu corazón como un mendigo, ¡Yo, rey de reyes, llamo y espero, apresúrate a abrirme! No alegues tu miseria; si conocieras totalmente tu indigencia, morirías de dolor. Lo que heriría mi corazón sería verte dudar de mí y que no me tuvieras confianza.
Quiero que pienses en mi cada hora del día y de la noche; quiero que hagas la acción más insignificante sólo por amor. Cuento contigo para darme alegría.
No te preocupes por no poseer virtudes; te daré las mías. Cuando tengas que sufrir, te daré fortaleza. Me has dado tu amor, te daré el saber amar más allá de cuanto puedas soñar; pero recuerda... ámame como eres. Te he dado a mi Madre, haz pasar todo por su corazón purísimo, cualquier cosa que suceda. No esperes a ser santo para abandonarte al amor o no me amarías nunca.

Canto: Abandónate a mí.

3. Jesús es el Señor.

La vida del hombre sobre la tierra es dolorosa. Nadie es plenamente feliz. Nadie obtiene lo que desea. Nadie es perfecto. Nuestras limitaciones nos hacen sufrir. Nuestras enfermedades nos hacen sufrir. Nuestros semejantes, incluso nuestros seres queridos, nos hacen sufrir.
Vivimos en un mundo de miedo, en el que la violencia esta a la orden del día. Vivimos en un mundo de pecado, en el que ya no se distingue entre el bien y el mal. Sentimos un vacío en nuestras vidas por la falta de amor y comprensión.
La soledad, la tristeza, la angustia e incluso la desesperación nos agobian. Con frecuencia la vida nos parece absurda y sin sentido y nos justificamos fácilmente, echando la culpa a nuestra mala suerte o a la maldad de los demás. Y, a veces, incluso llegamos al extremo de querer solucionar nuestras enfermedades y problemas con el suicidio. Todo nos parece oscuridad y maldad a nuestro alrededor, como si no hubiera salida para nosotros.
Pero, he ahí, que en la oscuridad de este abismo sin salida aparece una luz: Jesucristo, la luz del mundo. El viene a darnos la esperanza, El nos enseña el camino de la verdad y de la felicidad, El nos habla del amor de un Dios bueno y poderoso. El nos trae la liberación y la salvación. El nos habla de paz, de luz y de vida. Por eso digamos con confianza:
Yo te adoro, OH Dios mío, con la sumisión que me inspira la presencia de tu soberana grandeza. Creo en ti porque eres la verdad misma, espero en ti porque eres infinitamente bueno, te amo con todo mi corazón, porque eres soberanamente amable, y amo a mi prójimo como a mí mismo, por tu amor, no por mérito propio.
Dios mío venimos con toda confianza a dirigirte nuestras oraciones en común, los unos por los otros, porque todos formamos juntos una sola familia, ante tus ojos. Concédenos la gracia de amarnos como hermanos, esparce tus más abundantes beneficios sobre aquellos a quienes amamos, ya estén aquí o lejos de nosotros. Haz que los padres y las madres sean bendecidos de sus hijos y les den en todo buen ejemplo; Que los hijos sean sumisos y reconocidos con sus padres; que los amos velen con bondad de sus criados, y que éstos sean fieles a sus amos.
Que toda división, toda envidia, todo rencor, sean desterrados de nosotros. Que nuestra casa sea hospitalaria, que nuestras manos estén siempre abiertas para dar y que nuestro corazón esté siempre dispuesto a compadecer y a perdonar.
Haz que cesen todos los escándalos sociales, y que vuelva a reinar la modestia, el pudor y la pureza de costumbres, en los hogares cristianos.
No olvides, OH Dios mío, a aquellos de entre tus hijos a quienes oprime la miseria y el dolor, a aquellos que viajan lejos del hogar y de su familia; a aquellos que languidecen sobre el lecho del sufrimiento; y a quienes toca ya su última hora y cuya alma debe comparecer muy pronto ante ti.
Esparce tu divina luz sobre todo aquél que no te conoce, sobre tanto hereje que esta fuera de tu Iglesia, sobre todo pecador que vive alejado de tu gracia.
Una súplica especialísima, Señor, por el clero, a fin de que encendidos todos los sacerdotes en el fuego de tu amor, abunden en castidad y en celo para ganarte muchas almas.
Compadécete, Señor, de nuestra patria; haz que reconozca sus errores y sus vicios, que vuelva a ti, que busque en ti el alivio de sus males; que en ti hallé su consuelo, su esperanza y su salvación. Olvídate, Señor, de sus pecados y acuérdate únicamente de tu gran misericordia.
Dios de bondad, ten compasión de las almas que sufren en el purgatorio, libra la de nuestros padres, de nuestros hermanos, de nuestros amigos; de todos aquellos cuya memoria será siempre querida, así como de la de aquellos de quien nadie se acuerda aquí en la tierra y por la de los que no se te dirigen oraciones. Amén.

Canto: Tal como soy.

4. Sal y luz del mundo. Mt. 5, 13-16.

“Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal deja de ser sal, ¿Cómo podrá ser salada de nuevo? Ya no sirve para nada, por lo que se tira afuera y es pisoteada por la gente.
Ustedes son la luz del mundo: ¿Cómo se puede esconder una ciudad asentada sobre un monte?
Nadie enciende una lámpara para taparla con un cajón; la ponen más bien sobre un candelero, y alumbrará a todos los que estén en la casa.
Hagan, pues, que brille su luz ante los hombres; que vean sus buenas obras, y por ello den gloria al padre de ustedes que está en los cielos.”

Es preciso que la luz de Cristo brille en nosotros, que seamos luz para los demás. Ese es el llamado y la exigencia principal de nuestro ministerio. Pidamos pues al Señor que nunca nos apaguemos ni permitamos que nuestras debilidades humanas nos hagan apartar del camino a nuestros hermanos. Que Dios derrame el fuego de su Espíritu Santo en nosotros y nos encienda con una luz inextinguible.

(Nota: en este momento se reparten las velas.)

Canto: Enciende una luz.

  POR QUÉ CONFESARNOS “Por qué confesarnos”, nos ayuda a recuperar la libertad perdida por el pecado, la dignidad de hijos. El am...