miércoles, 11 de marzo de 2009

EL PERDON


¿Cuántas veces debo perdonar? ...

Esta fue una de tantas preguntas que los apóstoles le hicieron a Jesús. A ellos les interesaba conocer sobre: Como orar, sobre quien se sentaría a su derecha en el reino, pero también les interesaba saber sobre una de las cosas más difíciles de lograr para el ser humano, difícil incluso para los cristianos.
A esta pregunta Jesús respondió: “Hasta 70 veces 7”. Que en otras palabras significa "siempre". No cabe duda que es difícil perdonar una vez, no se diga dos veces, pero Jesucristo nos deja en su enseñanza que no una, ni dos, ni siquiera siete veces debemos perdonar, debemos hacerlo siempre.
Y no 70 veces siete en toda nuestra vida a todas las personas sino 70 veces 7 a cada persona. (Quien quiera seguirme, que tome su cruz y que me siga).

No podemos evitar los conflictos, nunca se ha podido, hay guerra entre los países, conflictos en las ciudades y dificultades en las familias. Dios sabe entonces que tendremos desavenencias con los que nos rodean y que por nuestra debilidad y pequeñez nos será difícil perdonarnos por eso es que nos brinda en su Palabra la oportunidad de ir avanzando en el camino del perdón.

Vamos a seguir algunos pasos que nos ayudarán a ir conociendo lo que realmente es perdonar, además de ir creciendo como cristianos para prepararnos para perdonar así, como Jesús respondió a sus discípulos, a perdonar siempre.

Los pasos del perdón

1er paso: Delimitar la zona del conflicto.

Identificar con quien es el problema.
El primer paso y que ayuda al inicio de la solución del problema y que evita que se haga más grande es: Identificar con quien es el problema.

Éxodo 23;4-5 "Cuando encuentres perdido el buey o el burro de tu enemigo, se lo llevarás. Si ves caído con la carga el burro del que te quiere mal, no pases de largo, sino ayúdalo a levantarse".

En este texto bíblico, el Señor nos quiere enseñar que si tenemos alguna dificultad, esta tiene que ver con una persona y no con los que lo rodean, que si tenemos un problema con nuestro hermano mayor (por ejemplo) no tenemos que estar haciéndoles la vida de cuadritos también a nuestros padres y al resto de nuestros hermanos. Y más aún si nuestro problema (siguiendo el ejemplo) es en nuestra casa, entonces no tienen que sufrir las consecuencias de nuestro mal humos también en nuestro trabajo o escuela.

- No podemos evitar los conflictos, nunca se ha podido, pero debemos delimitarlo, definir con quien es nuestro problema y no llevarlo más allá.
- Hasta aquí, aún no hemos perdonado a nadie, el texto bíblico no nos dice que perdonemos a nuestro enemigo, sino que no se dañe a nadie más y con esto llevamos ya un gran avance.


2do. paso: Hacer una ofensa igual.

Una vez que todos los inocentes quedan fuera del problema, es momento de enfocarnos en quien nos hizo daño. Hemos recibido una ofensa, que es el motivo de nuestro rencor, pues La Biblia nos concede el derecho de hacer un daño igual.

Levítico 24;17-22 ...El que cause alguna lesión a su prójimo, como él hizo, así se le hará: fractura por fractura, ojo por ojo, diente por diente; se le hará la misma lesión que él ha causado al otro...

Este texto nos habla de justicia, justicia muy primitiva si queremos verlo así, pero actualmente ni siquiera esto sabemos hacer. Cuando alguien nos hace un daño, ni siquiera esta ley conocida como del Talión, sabemos ejercer correctamente. Siempre superamos el daño, si alguien no nos dirige el saludo una mañana, nosotros le dejamos de hablar para siempre; si alguien nos falla una vez, entonces nosotros le fallamos diez.

En este segundo paso la Biblia nos concede el derecho de desquitarnos, con una ofensa igual, hasta aquí no se habla aún de perdonar; hasta aquí se nos indica que no debemos ir más allá de la ofensa recibida.



Para estas alturas seguramente más de un lector se encontrará inquieto por lo expresado en el punto anterior, pero recordemos que estos son pasos hacia el perdón, y que para algunos caminar lentamente es la única manera de llegar a la meta, que finalmente será: preparar nuestro corazón para perdonar.

Sabemos que La Biblia es palabra de Dios, y que todo lo que está en ella no tiene error, por tanto lo leído en el punto anterior es totalmente válido, pero, también sabemos que los católicos no somos cristianos de un solo versículo, que la Verdad de la Palabra de Dios se encuentra en toda la Biblia, por tanto sigamos descubriendo la verdad sobre el Perdón.



3er. paso: No desquitarse.

Hasta aquí hemos aprendido que en primer lugar, para evitar que el problema se haga más grande debemos dejar fuera del conflicto a todos los inocentes. En segundo lugar, sabemos que podemos hacer un daño igual al que recibimos pero no mayor.

En este tercer paso Dios nos invita a trascender, a crecer como verdaderos cristianos; puedes vengarte, pero Yo te apreciaré y bendeciré más si no lo haces.

Levítico 19;18 No seas vengativo ni rencoroso...

En pocas palabras se resumiría hasta aquí: Siente el consuelo (humano) de que puedes desquitarte, pero si realmente te dices seguidor de Cristo, entonces no lo hagas.

Aún como se observa no se habla de perdón, sólo estamos hablando de no desquitarse, aunque muchos de nosotros, erróneamente, cuando llegamos a este punto decimos que estamos perdonando, cuando estamos a mitad del camino. Y es por eso que el problema persiste por años y que en la primera oportunidad el conflicto se reanuda, porque aún la ofensa no se ha perdonado, tan sólo se ha hecho un esfuerzo por olvidarla.

Hasta aquí el Antiguo Testamento.
- Si logras llegar hasta aquí serías un perfecto Israelita.
- Pero la Ley del Antiguo Testamento, no contenía la perfección de las enseñanzas de Jesús.

Saltemos a lo perfecto, a lo nuestro. Nosotros ya conocemos a Jesucristo.

4to paso: Poner la otra mejilla.

Tal como veíamos en las películas antiguas cuando el protagonista era un sacerdote pensamos que la invitación de Jesús a ofrecer nuestras dos mejillas para que sean golpeados se refiere meramente al aspecto físico.
Esta enseñanza va mucho más allá e incluso nos invita a un esfuerzo todavía mayor, por tanto más santificante.

Mateo 5;38-42 Ustedes saben que se dijo: "Ojo por ojo y diente por diente." En cambio, yo les digo: No resistan a los malvados. Preséntale la mejilla izquierda al que te abofetea la derecha...

Pensamos que dejar que nos golpeen ambas mejillas resulta difícil, ya no sólo de aceptar sino también de permitir, pero este paso tiene mayor trascendencia, se trata sí, de poner nuestra cara, pero poner nuestra otra mejilla, significa responder con lo contrario al daño o agresión que recibimos.

- Tú eres ofensa, yo pongo la otra cara. Tú eres negro, yo soy blanco. Tu vienes a mí lleno de ira, mi respuesta es la calma. Tu vienes a mí con gritos, estos se estrellarán con mi serenidad. Tu me haces el mal, yo te responderé con un bien.

Esto realmente es para cristianos, para lograr esto necesitamos realmente hacernos violencia en nuestro corazón, no desquitarse es una cosa, pero devolver el mal recibido con un bien, esto si requiere de una voluntad férrea.
Llegar a este punto del perdón interior hace que la posibilidad de poner nuestra otra mejilla físicamente para que sea golpeada, resulte un juego de niños.

5to. paso: Restituir a la persona en su lugar.

Este punto es el máximo del perdón, que las relaciones vuelvan a ser como antes de la ofensa, siempre y cuando sea posible. (Ejemplo: físicamente no podrá darse si la parte ofensora a fallecido)

A la pregunta inicial: ¿Cuántas veces debemos perdonar? Jesús responde con hechos.

Jesús ama y confía en Pedro.
Mateo 16;18-19 Tú eres pedro y sobre esta piedra...
Vas a tener las llaves del reino, Serás la piedra de mi iglesia.

Sin embargo Pedro niega a Jesús.
Lucas 22 Pedro niega a Jesús 3 veces.

Aún así, Jesús perdona a Pedro y le confirma las promesas que le había hecho.
Juan 21;15-17 Pedro ¿Me amas...? "Sí, Señor, tú sabes que te quiero." Entonces Jesús le dijo: "Apacienta mis ovejas".

Esto es realmente perdonar.
Jesús no le dijo a Pedro: Te perdono, pero...
- No te saco de los doce pero te pongo al último, ya no será es primero.
- Recuerdas que serías la piedra sobre la que edificaría mi Iglesia, pues ya no será así.
- Te acuerdas de las llaves del reino, pues no te las voy a dar.

Jesús confirmó tres veces el cariño de Pedro y lo restituyó en su lugar y le confirmo las promesas, Jesús se olvidó de todo y lo perdonó.


Concluimos el Tema con una anécdota que nos ilustrará:
Cierto hombre caído en desgracia se encontraba sentado a la orilla de aquel camino pidiendo limosna a quien pasaba por ahí. Pasó entonces un hombre rico y el pobre le solicito una ayuda, pero el rico en vez de eso sólo respondió con burlas y azotando a su caballo dejó lleno de polvo a aquel hombre. Este se levantó tomó una roca de buen tamaño y se alistó para arrojarla sobre el hombre que se había mofado de él, pero, al levantarse se dio cuenta que este ya se encontraba demasiado lejos y que no lograría descargar su furia.
Pero no logró serenarse y decidió guardar en su gastado morral aquella piedra en espera de la oportunidad para desquitarse.
Y pasaron varios años y cierto día aquel pobre hombre pudo ver como la policía llevaba casi a rastras a un hombre, y pudo observar que era aquel que tiempo atrás le había causado tan enorme disgustó. Aquel hombre rico ahora había caído en desgracia y lo llevaban para ponerlo preso.
Nuestro hombre presuroso buscó en su raído morral aquella roca que había cargado ahí precisamente para esa ocasión, la encontró sin dificultad debido a su gran tamaño y empuñándola con fuerza la levantó para arrojarla sobre quien lo había ofendido.
Levantó su mano, esperó el momento en que aquella comitiva estuviera cerca de él, pero aquel tumulto pasó y este hombre no arrojó su piedra. Cuando todos pasaron, nuestro hombre bajo su brazo y dejando caer aquella pesada piedra dijo: "No, para que".


Aquel hombre había cargado su rencor por años, para darse cuenta finalmente que todo aquel tiempo había sufrido cargando un peso inútil.

Basado en el Tema: "Los pasos del Perdón"
Por: Salvador Gómez.